Artículos / Opinión
Nicolás Albertoni

Nos estamos quedando solos

(El Observador) Es lógico que nos enojemos desde Uruguay y resaltemos en más de una oportunidad que es preferible solucionar los acuerdos comerciales en bloque. Pero ¿qué hacemos cuando eso no pasa?¿Qué hacemos, incluso, cuando nos damos cuenta que el bloque del que tanto seguimos esperando –Mercosur– le cuesta tomar posturas comunes porque los socios tienen posturas comerciales muy diferentes al momento de mirar hacia el mundo?

Por Nicolás Albertoni
Twitter: @N_Albertoni
18 de agosto de 2015
 

(El Observador) Cuando en el "campito" el dueño de la pelota decidía no jugar más y llevársela para su casa, la primera reacción de muchos era la indignación. A los pocos minutos surgían dos tipos de personas. Por un lado, aquellos que preferían irse para su casa indignados y no seguir jugando. Y por el otro, aquellos que no dándose por vencidos juntaban trapos, papel y alguna media para armar una nueva pelota y así adaptarse a la nueva realidad. De esta manera, evitaban convertirse en espectadores indignados que, desde las ventanas de sus casas miraban cómo los demás se divertían.

La "sociología del campito", por básica que pueda resultar, sirve de analogía para comprender la tipología de países que existe hoy en la economía mundial. Sucede que los cambios son cada vez más profundos y –como en el campito– los países que surgen son dos: los espectadores indignados y los que se adaptan a una nueva realidad. Bien valdría preguntarnos entonces, ¿dónde nos ubicamos nosotros como país y como región en el contexto internacional actual?

El 28 de julio en Maui, Hawái, si bien no pudo llegar a su conclusión como se pretendía, el Trans-Pacific Partnership (TPP), conformado por 12 países (entre los que figuran Estados Unidos, Canadá y Japón, pero también pequeñas economías como Chile y Perú), ha mostrado que existe consenso en un 90% de los temas en los que el acuerdo busca avanzar. Este grupo de países representa aproximadamente el 40% de la economía mundial. Será un acuerdo que, de concretarse, calará hondo en el comercio debido a la características de sus socios y los temas tratados: propiedad intelectual (en particular productos farmacéuticos y biológicos); inversiones (incluyendo mecanismos de solución de controversias entre inversionistas y Estado); y compromisos en materia laboral y medioambiental.

En paralelo al TPP, avanza a paso firme el TransatlanticTrade and Investment Partnership (TTIP), que apunta a crear una zona de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. Ambas economías abarcan más del 50% de la economía mundial. Como los aranceles al comercio de ambas partes son bajos (aproximadamente el 3% para la mayoría de los bienes) el objetivo central del TTIP estará en armonizar o reducir las barreras no arancelarias al comercio bilateral entre los dos mercados. Dicho en otras palabras, en los resultados del TTIP se basará gran parte del nuevo marco regulatorio del comercio internacional.

Por todas estas características, no quedan dudas de por qué ambos acuerdos ya son vistos como los más importantes de la historia comercial moderna tras la Ronda Uruguay, que comenzó en nuestro país en el año 1986 y concluyó en Ginebra en Enero de 1995. En aquella Ronda –en la que se crea la Organización Mundial del Comercio (OMC)– se abarcó la casi totalidad del comercio: desde los cepillos de dientes hasta los tratamientos contra el SIDA. Hoy, tanto el TPP como el TTIP buscan actualizar gran parte del marco normativo vigente para adaptarlo a los problemas y las exigencias actuales.

Entre estos dos macroacuerdos y la Ronda Uruguay –además de los temas y los tiempos– hay una diferencia aún más profunda: mientras la Ronda Uruguay la concluyeron 123 países, hoy, de estos nuevos acuerdos en formación participan solamente unos 40 países aproximadamente (12 en el TPP y 30 en el TTIP).

Los temas que se terminarán resolviendo entre algunos pocos, desde hace años se quieren resolver de manera multilateral sin resultados positivos. Fue con ese objetivo que se creó, en 2001, la Ronda de Doha de la OMC: saldar y actualizar temas pendientes en comercio de servicios, agricultura y propiedad intelectual.Sucede que para que estas rondas lleguen a su fin, deben ser aprobadas por consenso. Un consenso que, en este caso, se viene buscando hace 15 años. Al no encontrar acuerdos para que la pelota siga andando, muchos han decidido irse para su casa. Otros, decidieron armar una nueva pelota y comenzaron negociaciones con un menor grupo de países capaces de llegar a lograr avances concretos. Es así que toman forma el TPP y el TTIP, así como también otro grupo de micro-acuerdos que buscan alcanzar pactosen temas prioritarios para muchos países. Como ejemplo de esto, se puede mencionar el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA) o el Acuerdo sobre Tecnología de la Información (ATI).

El nuevo mapa y nosotros

Veamos algunos ejemplos: el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TISA) reúne al 70% del comercio mundial del sector. El Acuerdo sobre Tecnología de la Información (ATI) reúne al 97% del comercio mundial de TI y debido a los avances en el sector, busca ampliar la cobertura de estos productos del acuerdo original de 1996. Otro de los acuerdos es el de Bienes Ambientales que abarca más de 40 países (86% del comercio relativo a este sector). En este nuevo mapa mundial también aparece el Acuerdo sobre Contratación Pública (en vigor desde abril de 2014), que abarca 43 países y actualizó las reglas del acuerdo original de 1994 para aumentar la cobertura de entidades sujetas a sus compromisos de apertura.

¿Es buena esta tendencia de acuerdos entre unos pocos? Claro que no. Siempre sería un mejor camino negociar entre todos bajo el marco jurídico que nos brinda la OMC. De esta manera, los beneficios alcanzados podrían ser debatidos entre todos los actores del comercio y los países pequeños podrían presentarse en bloque para contar con un mayor poder negociador. Pero eso no sucede y parece que la tendencia es ir hacia otro tipo de acuerdos para el que nuestra política exterior debe estar preparada.

Llevando este nuevo escenario mundial a la realidad de América Latina, surge un dato relevante que refuerza el título de estas reflexiones: mientras en el TPP participan los países latinoamericanos con costas en el Pacífico (Chile, México, Perú y Colombia que se sumará próximamente); en el TTIP (que sería la "liga" que nos toca jugar a los países que tenemos costas en el Atlántico) no participa ninguno de los latinoamericanos que podría hacerlo.

De no movernos pronto, en pocos años el comercio mundial hablará un idioma que a muchos países –indignados y encerrados en sus casa mirando por la ventana– les costará mucho comprender. Debemos darnos cuenta que el debate por estos temas no se trata de ideologías buenas o malas, de izquierda o derecha, sino de una realidad que se impone y que se está transformando en un problema para el futuro comercial de nuestro país. Basta con mirar a nuestros principales competidores y los acuerdos con los que ellos ya cuentan.

Es lógico que nos enojemos desde Uruguay y resaltemos en más de una oportunidad que es preferible solucionar estas cosas en bloque. Pero ¿qué hacemos cuando eso no pasa?¿Qué hacemos, incluso, cuando nos damos cuenta que el bloque del que tanto seguimos esperando –Mercosur– le cuesta tomar posturas comunes porque los socios tienen posturas comerciales muy diferentes al momento de mirar hacia el mundo? La respuestas a estas preguntas son dos: o nos indignamos y miramos lo que pasará en el mundo desde nuestra ventana,o pedimos para ser parte del nuevo escenario para al menos entender las reglas del partido se jugará. Luego –soberanamente– podremos elegir si seguir o no jugándolo. Nada será peor que quedarnos solos en nuestra casa.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)