Artículos / Opinión
Carlos Malamud

El 12 de octubre, una jornada de reflexión histórica

(Infolatam) La idea de que todos los males de América comenzaron a partir de 1492 es una mera construcción intelectual que no condice con la verdad histórica. El hombre tiene una única raíz universal y de ese mismo tronco emanan todas las virtudes e iniquidades que nos caracterizan. Antes de Colón unos pueblos saqueaban a otros, explotaban a otros, esclavizaban a otros y los desposeían de sus tradiciones, cultura y lenguas. Colón y sus seguidores supusieron una ruptura importante para los sociedades americanas por el hecho de la conquista pero también por hacerlas visibles al resto del mundo.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
16 de octubre de 2013
 

(Infolatam) El 12 de octubre de 1492 la expedición al mando de Cristóbal Colón tocó tierra en una isla caribeña. Desde entonces dicha fecha recuerda el “descubrimiento” de América, posteriormente celebrado como “Día de la Raza” o de la “Hispanidad” en sus diversas variantes, muchas impulsadas por gobiernos y pueblos latinoamericanos.

Para bien o para mal la llegada de la expedición colombina a lo que hoy se conoce como “continente americano” cambió la vida de mucha gente a ambas orillas del Atlántico y en el resto del planeta. La expansión occidental terminó de diseñar la totalidad de nuestro mundo, no sólo para Europa sino también para Asia y África, un mundo incompleto al que hasta entonces le había faltado un componente esencial: América.

Guste o no el 12 de octubre también sirvió para vincular América al resto del planeta. El dorado aislamiento era imposible de mantener mucho más y si no hubieran sido unos los recién llegados habrían sido otros, probablemente con resultados más o menos similares, como habría ocurrido si el contacto se hubiera producido por el este a través de un imperio poderoso como el chino. A esto se suma una cuestión vital que cuestiona las posturas más recalcitrantes de quienes reivindican a los “pueblos originarios”: ¿tiene sentido, ya no en la era de internet, pero sí en la de la expansión marítima del siglo XVI, que grandes contingentes de población vivan al margen de sus congéneres?

Para los naturales de aquellas tierras la conquista europea implicó la desaparición de pueblos enteros, estados y culturas, el saqueo y, en muchos casos, la pérdida de sus raíces. La conquista impuso la ley del más fuerte y dio lugar a la construcción de nuevas relaciones políticas, económicas y sociales, en un proceso que no difería demasiado de otras conquistas protagonizadas por imperios y pueblos de distinto origen geográfico, pero siempre con la misma dinámica.

La conquista y todos los fenómenos predatorios asociados a la misma no son patrimonio europeo. Desde la aparición del hombre sobre la faz de la Tierra unos pueblos han desplazado a otros, unos imperios sojuzgado y explotado sociedades vecinas y anexado nuevos territorios. Necesidades materiales, las más de las veces, o imaginarias, unas cuantas, eran los motores de la expansión. Y estos fenómenos también ocurrían en América, territorio que algunos pomposamente llaman Abya Yala, un concepto más nuevo que viejo, más artificial que histórico.

La idea de que todos los males de América comenzaron a partir de 1492 es una mera construcción intelectual que no condice con la verdad histórica. El hombre tiene una única raíz universal y de ese mismo tronco emanan todas las virtudes e iniquidades que nos caracterizan. Antes de Colón unos pueblos saqueaban a otros, explotaban a otros, esclavizaban a otros y los desposeían de sus tradiciones, cultura y lenguas. Colón y sus seguidores supusieron una ruptura importante para los sociedades americanas por el hecho de la conquista pero también por hacerlas visibles al resto del mundo.

La Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (REDLAD) (http://www.redlad.org/node/195) sostiene que “para las naciones y pueblos originarios” de América Latina y el Caribe el 12 de octubre no es una jornada “de celebración sino de reflexión histórica. Es un día de auto reconocimiento como pueblos y naciones, pero sobre todo de denuncia, exigencia de la justiciabilidad de derechos de la defensa de nuestro territorio, recursos naturales, culturales, sociales y jurídicos como sujetos de derecho”. La REDLAD se presenta como una red “conformada y respaldada por más de 520 Organizaciones de la Sociedad Civil de todos los países de la región, como miembros oficiales del Foro de Sociedad Civil de la Organización de Estados Americanos (OEA)”.

Me parece sumamente oportuno que el 12 de octubre sea una jornada de reflexión histórica, más que de celebración. Pero si se quiere reflexionar se debe hacer seriamente, sin hacer valer oportunismos políticos ni conceptos trasplantados en el tiempo. En 1492 el continente estaba más fragmentado que ahora. Las diferencias entre los pueblos eran enormes y la incomunicación entre ellos la norma. Incas y aztecas expandieron las fronteras de sus imperios a costa de buena parte de lo que se achaca a los europeos: la explotación de unos pueblos por otros.

Proyectar hacia fines del siglo XV la primera persona del plural que hoy utilizan las organizaciones indígenas que luchan por mejorar las condiciones de vida de sus sociedades es un anacronismo histórico. También lo es hablar de “naciones y pueblos originarios” del Caribe, ya que la práctica totalidad de sus habitantes fueron trasplantados a partir de la hecatombe demográfica que provocó la conquista. Si hoy es posible que las reivindicaciones indígenas y las posiciones de quienes las sostienen confluyan en un “nosotros” se debe a los cambios ocurridos en el mundo y también a que los regímenes democráticos fueron los principales impulsores de su reconocimiento.

El mencionado documento añade que los gobiernos latinoamericanos “Insisten en imponer sistemas, formas de gobierno ajenas a nuestros usos y costumbres, que muchas de ellas violan sus propias leyes, justifican sus propias violaciones a los derechos humanos y a su vez niegan el sistema de leyes indígena. Entendemos que las sociedades y culturas están siempre en constante movimiento, y por ende de cambio. Los pueblos y naciones indígenas no estamos ajenas a cambios y a fortalecer la democracia, pero no de cambiar los principios del buen vivir- vivir bien con identidad”.

Se observa aquí claramente la tensión que se vive en estos movimientos. Por un lado se reconoce el valor de la democracia pero a la vez se insiste en el mantenimiento de normas e instituciones predemocráticas, incompatibles con la idea de ciudadanía. Son los cambios que se mencionan y se admiten los que han transformado y mestizado las llamadas leyes indígenas, que poco tienen que ver con las existentes antes de la conquista europea para devenir en híbridos que reescriben lo previamente existente con añadidos del período colonial e incluso del republicano. La denuncia de la explotación a la que se somete a muchos indígenas en América Latina y la defensa de sus intereses es importante, pero ello no se consigue falseando la verdad histórica.

Fuente: Infolatam (Madrid, España)

 
Acerca del autor
Carlos Malamud
Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud