Artículos / Opinión
Clara Riveros

Los Servicios Públicos de Empleo en América Latina

Organizado por el Ministerio del Trabajo y con apoyo del PNUD, se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá el Encuentro Internacional de Servicios Públicos de Empleo. El encuentro tuvo como objetivo conocer los diferentes casos nacionales y así tomar las mejores experiencias que puedan servir a la consolidación del naciente Servicio Público de Empleo en Colombia.

Por Clara Riveros
Twitter: @CLARARIVEROS
21 de septiembre de 2013
 

Organizado por el Ministerio del Trabajo y con apoyo del PNUD, se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá el Encuentro Internacional de Servicios Públicos de Empleo. Entre los invitados y participantes estuvieron Mauricio Olivera, actual Presidente de Colpensiones, quien hasta hace unos días se desempeñó como Viceministro de Empleo y Pensiones del Ministerio del Trabajo; Fabrizio Hochschild, coordinador residente y humanitario de Naciones Unidas; Donna Koeltz, especialista en servicios de empleo y representante de la Organización Internacional del Trabajo OIT; y por el Banco Interamericano de Desarrollo BID asistió David Rosas, economista senior en la Unidad de Mercados Laborales y Seguridad Social. El encuentro también contó con la presencia de funcionarios de diferentes gobiernos de la región, que se ocupan de este tema en particular.

El encuentro tuvo como objetivo conocer los diferentes casos nacionales y así tomar las mejores experiencias que puedan servir a la consolidación del naciente Servicio Público de Empleo en Colombia. En la jornada de la mañana se realizó una aproximación conceptual sobre lo que puede entenderse por SPE, además de la contextualización histórica respecto a la emergencia de los SPE, su desarrollo y consolidación en el tiempo, tanto en Europa como en América Latina y en otras áreas geográficas. En la tarde, fue posible conocer en detalle los casos particulares de los países participantes, a saber: Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Brasil, México e Italia.

Respecto a las intervenciones, cabe destacar la apertura del seminario a cargo de Mauricio Olivera, quien reconoció los problemas estructurales y la precariedad en las condiciones de empleo en Colombia, siendo este uno de los países con mayor índice de desempleo en la región y que aún mantiene cifras de dos dígitos. No obstante, afirmó que en lo que va de la gestión del presidente Juan Manuel Santos, se ha logrado reducir este índice mes a mes, generando una mayor ocupación. Sin  embargo, no es suficiente, haciéndose necesaria la implementación de un Servicio Público de Empleo, en especial, porque la tasa de informalidad alcanza un 70%. Las cifras son preocupantes, hay 20 millones de personas que ostentan ocupación de las cuales, 14 millones no ahorran para su vejez. El desempleo alcanza 10%, según cifras oficiales, en tanto que, la informalidad se ha reducido entre 2 y 3 puntos.

Otros aspectos relevantes que demandan soluciones de fondo y no sólo de forma, hacen referencia al bajo valor del salario mínimo, la difícil accesibilidad a empleos de calidad y las fricciones del mercado laboral, es decir, la notable importancia que se concede al ‘voz a voz’ y a los ‘contactos’ como recursos y métodos para hallar empleo. Como es de esperarse, en Colombia dominan los contactos y esto se debe a que no hay una institucionalización del servicio de empleo. Debido a esto se creó el SPE como  una gran plataforma institucional a través de la cual se busca resolver el problema estructural de desempleo friccional y atacar otras problemáticas inherentes como la desigualdad y la pobreza. Es claro que los “subsidios condicionados” son medidas coyunturales y que al no brindar incentivos adecuados los receptores podrían llegar a conformarse con algunos paliativos, quedándose en el programa y sin buscar mecanismos que les permitan ascender en la escala social y económica, en pocas palabras, salir de la pobreza.

La forma apropiada de hacer frente a esta problemática es generar empleo digno o condiciones efectivas y eficientes de emprendimiento, pero cualquiera que sea el mecanismo debe darse en un marco de legalidad y de formalidad. Fabrizio Hochschild fue enfático al señalar que: “un trabajo digno no es sólo un derecho sino un camino a la superación efectiva de la pobreza”, en un país que muestra dos Colombias: una moderna y sofisticada en las capitales, y otra, que pareciera situada en otros continentes, con condiciones  de alta precariedad.

Por otra parte, el estudio de casos permitió analizar varios factores que inciden de forma directa en la ocupación, desocupación, calidad del empleo y elementos condicionantes. Sin embargo, se hace necesario medir el impacto desde escenarios diferentes a los oficiales, es decir, contrastar indicadores y cifras oficiales a partir de la constante observación y evaluación por parte de la academia, tanques de pensamiento y grupos de investigación, en la medida que quedarse con las versiones gubernamentales puede suponer un gran sesgo y dejar de lado variables inconvenientes en aras de mostrar resultados positivos que pueden llevar a la omisión de temas críticos. Se percibe lo anterior, con mayor intensidad, en sociedades altamente polarizadas. Por citar un ejemplo, en la presentación correspondiente a Argentina no se hizo mención de la elevada inflación que llega actualmente casi al 26% según cifras de consultoras privadas y que desde el INDEC, organismo estatal encargado de la medición llegaba a 10,6% en el mes de julio, por lo que existen contradicciones entre la percepción oficial y la de otros sectores. Adicional a esto y más allá de las cifras, quienes se ven directamente afectados son los ciudadanos que padecen día a día estas variaciones y se enfrentan a la degradación en términos de la calidad de vida al ver mermado su poder adquisitivo, evidenciable en el elevado costo de vida, con lo cual es comprobable que otros factores inciden y que hay muchas tareas pendientes más allá de enunciar decálogos de buenas intenciones.

La mayor dificultad es que se piensa desde el ámbito coyuntural, limitado al periodo y plan del gobierno de turno y, contrariamente, tendría que estructurarse efectivamente como política de Estado en el largo plazo. La excesiva polarización de nuestras sociedades complejiza y representa un desafío en ese sentido. Despersonalizar y profesionalizar los SPE al máximo nivel es una necesidad para que suponga casos realmente exitosos en el tiempo.

Otro tema complejo y que merece especial atención, así como tratamiento cuidadoso es el relacionado con la descentralización, si bien se entiende que debe darse un accionar mancomunado entre las esferas locales, nacionales y privadas, la tradición y cultura política latinoamericana y colombiana suponen una alerta máxima y la necesidad de fiscalización y veeduría constante, dados los antecedentes de elevado clientelismo y falta de profesionalización de los funcionarios y de las entidades locales y municipales, donde la asignación de cargos se hace al mejor estilo feudal, a partir de prebendas, pago de favores y personalismos. Así, es casi ilusorio hablar de meritocracia e igualdad de oportunidades, pues los cargos públicos son asignados a dedo, no se imponen las competencias y la formación académica y profesional, sino que son premios a quienes agitan banderas de un candidato o grupo político.

Lo deseable: que el gobierno nacional, el Ministerio de Trabajo y el naciente SPE no se agote en propósitos encomiables en el papel y en el discurso, sino que éstos redunden y sean verificables en la realidad local y nacional, pensando y trabajando para ello en el mediano y largo plazo.  Es cierto, se necesita empleo de calidad, mejores salarios, mayor accesibilidad y meritocracia, más y mejores oportunidades, mayor cualificación, todo lo que pueda posibilitar la vida digna, la vida con calidad, garantizar el sustento diario pero también pensar en el futuro. Se trata de que la población también pueda ahorrar y asegurar la vejez en condiciones favorables, para lo cual debe haber continuidad en el tiempo y buenas prácticas políticas. No es una tarea fácil, implica la transformación cultural de las sociedades y de las comunidades, así como del hacer político. Sin duda, un gran desafío para Colombia y para América Latina en general.

 
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Asistente editorial de Análisis Latino.
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