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Carlos Gervasoni

Los presidenciables que vienen del interior

(Clarín) Se han potenciado o por lo menos confirmado varios “presidenciables”. A los más obvios -Binner, Cobos, De la Sota, Macri, Massa- hay que sumarle los gobernadores que, habiéndose mantenido dentro del kirchnerismo, obtuvieron un triunfo claro en sus distritos. Es imposible predecir cómo se coordinarán y agruparán la decena de dirigentes con ambición y chances de suceder a Cristina, pero sí es claro que la acción del ejecutivo nacional será clave

Por Carlos Gervasoni
27 de agosto de 2013
 

(Clarín) Las recientes PASO reflejan la creciente complejidad de nuestro sistema político partidario. En los años posteriores a 1983 los actores eran pocos y bien definidos (básicamente el PJ y la UCR). El kirchnerismo, en cambio, es más difuso. Es más y es menos que el Frente para la Victoria, dependiendo de la provincia. Y la oposición está extremadamente fragmentada: en las elecciones del domingo 11 de agosto el oficialismo nacional perdió en catorce provincias contra unas 8 fuerzas diferentes.

Hubo hasta 2011, sin embargo, una continuidad importante: el kirchnerismo era “peronista” en su geografía electoral. Cristina obtuvo en las elecciones de 2007 bastante más apoyo en las provincias pequeñas y lejanas de la Capital que en los 5 o 6 grandes distritos de la región central. Su reelección en 2011 acentuó ese patrón: en la CABA, Córdoba y Santa Fe promedió un 38%, pero superó el 60% en varias provincias pequeñas (llegando al 75% en Santa Cruz, el 79% en Formosa y el 82% en Santiago del Estero).

La principal novedad de estas PASO es el colapso de este patrón: el kirchnerismo tuvo sus derrotas más visibles en Buenos Aires, la CABA, Córdoba, Mendoza y Santa Fe, pero las más extrañas en Catamarca, Chubut, San Juan, La Rioja, Salta y Santa Cruz.

En este interior “periférico” en general tan propicio, el FPV obtuvo sólo un tercio de los votos.

Varias de las explicaciones propuestas para el fracaso electoral del oficialismo nacional son plausibles: crecimiento débil con inflación, escándalos de corrupción, tragedias ferroviarias, crecientes impuestos sobre el salario, producciones regionales afectadas por el atraso cambiario, soberbia presidencial.

Pero hay en este resultado también un trasfondo político vinculado a la tensión entre nuestra organización federal y el proyecto hegemónico y centralista del kirchnerismo.

Si hasta 2003 cada gobernador era el “dueño” de su distrito y el autor principal de las listas de legisladores nacionales, Néstor y Cristina Kirchner exigieron subordinación so pena de represalias políticas y fiscales. En muchos casos la obtuvieron, pero al precio de contrariar las naturales ambiciones políticas de los líderes provinciales.

Muchos gobernadores aceptaron el nuevo escenario, sobreactuaron su adhesión al “proyecto” y se beneficiaron de la protección nacional. No sólo peronistas como Alperovich, Gioja o Insfrán, sino también la mayoría de los gobernadores de la UCR. Uno de estos “radicales K”, Julio Cobos, incluso se sumó como vicepresidente de Cristina.

Otros gobernadores aceptaron el centralismo kirchnerista con menos entusiasmo -Scioli, Urtubey- o directamente lo resistieron. Estos últimos son responsables de varias de las derrotas del gobierno nacional en las PASO: De la Sota y Schiaretti en Córdoba, Das Neves en Chubut, Rodríguez Saá en San Luis y Peralta en Santa Cruz. Tal resistencia también se expresó en listas “peronistas disidentes” que debilitaron e incluso doblegaron al oficialismo en varias provincias (como ocurrió en Buenos Aires, Salta y San Juan).

Una construcción política menos personalista y hegemónica, más respetuosa de las autonomías provinciales y más inclusiva de las ambiciones de otros líderes hubiera quizás implicado menos poder para los Kirchner, pero una mayor solidez para su fuerza política.

El culto de la personalidad -ese elemento tan esencialmente constitutivo del populismo kirchnerista- ha contribuido por otra vía al descalabro provincial del FPV: mediante la decisión de Néstor y Cristina de no impulsar potenciales sucesores con la estatura política necesaria para llevar adelante el “proyecto” en ausencia de ellos. Y esto alienta las ambiciones de los líderes provinciales que, no teniendo espacio en el kirchnerismo, intentan “por afuera”.

En este sentido, se han potenciado o por lo menos confirmado varios “presidenciables”. A los más obvios -Binner, Cobos, De la Sota, Macri, Massa- hay que sumarle los gobernadores que, habiéndose mantenido dentro del kirchnerismo, obtuvieron un triunfo claro en sus distritos. Es imposible predecir cómo se coordinarán y agruparán la decena de dirigentes con ambición y chances de suceder a Cristina, pero sí es claro que la acción del ejecutivo nacional será clave: está en sus manos bendecir un potencial sucesor con chances, o no hacerlo, quizás con el objetivo de intentar el regreso en 2019.

Si optara por la primera alternativa, modificaría radicalmente el escenario político-electoral nacional. Más allá de los rumores, Scioli ofrece hoy al cristinismo la ventaja de ser conocido y popular, y de tener claros incentivos para socavar al ascendente Massa.

Al mismo tiempo, por estilo, ideas y pasado, el gobernador bonaerense es un candidato de difícil digestión para gran parte del kirchnerismo y para la propia presidenta. La perspectiva de su ascenso debe traerle recuerdos aún frescos de la forma en que ella y su esposo agradecieron la bendición del ex presidente Duhalde.

Fuente: Clarin (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Carlos Gervasoni
Carlos Gervasoni
Profesor-Investigador en el departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella y miembro del proyecto Varieties of Democracy. Obtuvo una maestría en ciencia política en la Universidad de Stanford, y el doctorado en la universidad de Notre Dame. Se especializa en estudios sobre la democracia, política provincial, opinión pública y metodología de la investigación. Sus artículos han aparecido en América Latina Hoy, Comparative Political Studies, Democratization, Journal of Democracy en Español, Journal of Politics in Latin America, y World Politics. Miembro fundador y presidente de CADAL entre 2003 y 2004.