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Marcos Novaro

Videla no podrá descansar en paz

(TN) La Justicia ya falló reiteradas veces y en forma inapelable sobre sus responsabilidades criminales. Mientras, la historia y la reflexión pública siguen discutiendo, y lo seguirán haciendo. Con todo está ya suficientemente claro que, aunque no fue un dictador omnipotente como Franco en España o el propio Pinochet en Chile, estuvo en el centro de un mecanismo de toma de decisiones de naturaleza criminal, que ejerció el poder por encima y por debajo de la ley cada vez que quiso.

Por Marcos Novaro
21 de mayo de 2013
 

(TN) Los juicios lapidarios se amontonan en su contra, y su muerte no modificará un ápice esta circunstancia: fue probablemente el personaje más tenebroso y destructivo que haya actuado en toda la historia argentina, una historia que por cierto está bastante poblada de personajes de esta calaña.

Por caso, López Rega o Massera fueron más abiertamente brutales, seguramente estuvieron más directamente involucrados en crímenes de todo tipo; pero un poco por eso y otro poco por su rol y circunstancias, no lograron hacer tanto daño como Videla.

Y es que lo más terrible de quien encabezó por cinco años la dictadura del Proceso siempre fue, justamente, la distancia y la ambigüedad. Eso que también lo convirtió en su momento, y sigue volviéndolo todavía en alguna medida, el centro de un enigma: ¿era un títere sin poder real frente a la Junta y el generalato, o un simulador que cuando le convenía ocultaba su verdadero rol y sus responsabilidades?, ¿Fue durante la dictadura un factor moderador frente a esos otros actores, a los halcones, Massera y el “modelo pinochetista”, tal como creyeron en su momento desde buena parte de la diplomacia norteamericana hasta la cúpula del PC argentino, o era un lobo con piel de cordero que se vestía de traje y usaba sus buenos modales para hacerse pasar por la cara civilizada de un régimen terrorista y salvaje?

La Justicia ya falló reiteradas veces y en forma inapelable sobre sus responsabilidades criminales. Mientras, la historia y la reflexión pública siguen discutiendo, y lo seguirán haciendo. Con todo está ya suficientemente claro que, aunque no fue un dictador omnipotente como Franco en España o el propio Pinochet en Chile, estuvo en el centro de un mecanismo de toma de decisiones de naturaleza criminal, que ejerció el poder por encima y por debajo de la ley cada vez que quiso.

Se sabe que Videla mintió descaradamente en público y en sus tratos con gobiernos democráticos de aquellos años sobre la naturaleza de la represión, sobre la responsabilidad de su gobierno en ella y sobre el destino de las víctimas; se sabe que cedió frente a presiones de los cuarteles en muchos aspectos de su política de gobierno, pero también que sostuvo a sangre y fuego hasta el final el delirante plan económico de Martínez de Hoz, aún cuando eso implicaría entregarle una bomba de tiempo a sus sucesores que destruiría las cuentas públicas y la mitad del aparato productivo del país; se sabe que prometió una transición hacia una “democracia ordenada” a los políticos civiles, y que soñó que ellos irían a buscarlo para que la encabezara cuando terminaran de convencerse de que desde San Martín a esa parte no había habido nadie más esforzado en velar por el interés común.

Que se haya engañado a sí mismo con estos delirios y mentiras no lo hace menos responsable de lo sucedido. Fue, al contrario, lo que lo volvió en su momento mucho más dañino y peligroso que otros protagonistas de la dictadura.

Fuente: TN, Argentina

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).