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Hugo E. Grimaldi

La reforma judicial más desequilibrios de Moreno, Lorenzino y Kicillof alimentaron la huida del peso

(DyN) La Argentina de hoy se empeña en jugar fútbol con el reglamento del cricket y luego, cuando observa que no progresa en el marcador lo tira a la basura y se pone a jugar al pato. Es algo tan esquizofrénico que no hay quien entienda por qué y mucho menos los inversores que quieren poner y sacar su dinero cuando les plazca.

Por Hugo E. Grimaldi
Twitter: @HugoE_Grimaldi
29 de abril de 2013
 

(DyN) Como dos caras de una misma moneda, la profunda incertidumbre que ha generado en la sociedad el paquete de leyes judiciales que amenaza con demoler el estado de derecho en la Argentina, tuvo su primer reflejo en el precio del dólar paralelo y probablemente, en la paralización casi total de las inversiones, lo que marca de aquí en más un panorama turbulento para el nivel de actividad y el empleo.

Para colmo de males para el Gobierno, las actitudes poco profesionales de Hernán Lorenzino, Axel Kicillof y Guillermo Moreno que todo el mundo pudo observar por televisión, frente a una periodista griega el primero y en la Asamblea del Grupo Clarín los otros dos, ha sido para muchos la comprobación de que la economía está definitivamente al garete.

En cuanto al termómetro del dólar, en general el Gobierno ha minimizado la escalada del “blue” hasta $ 9,35 en la Capital Federal y de varios centavos más en el resto del país, diciendo que se trata de una situación propia de un mercado chico y especulativo, aunque ya hay algunas voces más ultras que suponen que por detrás existe una conspiración en marcha, de parte de fuerzas oscuras que buscan desestabilizar al Gobierno.

En medio de esas tribulaciones de funcionarios en apuros y de personas que no quieren saber nada con el peso y atesoran dólares, no hay que rascar casi nada para encontrar un importante motivo de fondo para este último desquicio, que va más allá de la cuestión monetaria: el terremoto institucional que significó la Reforma Judicial, marketineramente vendida como una “democratización”.

Todo esto podría ser bien sencillo de explicar si se lo plantea como un simple ejercicio de causa y consecuencia en función de la inseguridad jurídica, tema central en el mundo en el que Kicillof no cree, pese a que los demás países se desesperan por tener marcos jurídicos estables y reglas claras.

En cambio, la Argentina de hoy se empeña en jugar fútbol con el reglamento del cricket y luego, cuando observa que no progresa en el marcador lo tira a la basura y se pone a jugar al pato. Es algo tan esquizofrénico que no hay quien entienda por qué y mucho menos los inversores que quieren poner y sacar su dinero cuando les plazca.

En estas cosas, tampoco tienen las ideas demasiado claras los muchachos del camporismo, quienes suponen alegremente, pese a que las condiciones internacionales siguen estando a favor de la Argentina, que la riqueza la puede imprimir el propio Estado y que, por lo tanto, la suba de precios no existe, no hacen falta inversiones del sector privado ni tampoco interpretaciones burguesas en defensa de la Constitución. Si así fuera el modo de crear riqueza, salvo dos o tres países, el resto del mundo estaría totalmente equivocado.

Desde ya, que todos estos opinadores de ocasión no serían capaces de hacer algún aporte propio que obligue a un cierto razonamiento, de la misma forma que otros callan aquellas cuestiones de las que “no se habla”, si no fuese la propia presidenta de la Nación la que avala esas líneas dialécticas.

Tal como corresponde al verticalismo cristinista, la idea de “democratizar la Justicia” o de avanzar hacia el “constitucionalismo popular” no pudo haber salido de otra cabeza que la de Cristina Fernández y, por lo tanto, ella es quien se lleva las eventuales flores del momento, pero es también a quien deberá considerarse responsable de los resultados de tamaño salto institucional.

Otro tanto ocurre con los legisladores alineados, mucho menos ideológicos la mayoría, pero únicamente mano de obra fiel de la “corporación kirchnerista”, quienes han convalidado en horas y con demasiado descaro, lo que para los críticos del lado de la “corporación judicial” es un esperpento jurídico.

Pese al triunfalismo, el panorama resulta sombrío de ahora en más para el Gobierno, porque una vez que todo el paquete termine de salir del Congreso, se reglamenten las leyes y se publiquen en el Boletín Oficial, una catarata de juicios lo meterá en una batalla sin fin y sus energías estarán ocupadas en declaraciones y broncas, tal como le ha ocurrido en el caso de la Ley de Medios, más que en el manejo económico. Rumbo a las elecciones, el Gobierno dispondrá entonces de un nuevo y gran enemigo para victimizarse, mientras se seguirán postergando decisiones de fondo.

El método electoral para elegir a abogados y jueces en el Consejo de la Magistratura, que deja afuera a los partidos que no tienen representación en 18 distritos, pero que además parece vulnerar el espíritu del artículo 114 de la Constitución en cuanto a su elección popular, será la primera Ley en caer bajo decenas de recursos de amparo que opondrán en todo el país partidos políticos y colegios profesionales.

Otro de los temas delicados de la Reforma, que será recurrido de modo inmediato ante los jueces por quienes necesiten protegerse contra las arbitrariedades del Estado, es la cuasi eliminación de las medidas cautelares por cuestiones patrimoniales, que ataca de manera singular los derechos individuales de los ciudadanos y de las empresas y que vulnera varios artículos de la Constitución.

El tercer gran grano judicial que le saldrá al Gobierno serán los amparos contra las nuevas Cámaras de Casación, especialmente la que se ha creado para el fuero Laboral y Previsional. Serán miles los jubilados que se opondrán a este nuevo tapón de sentencias que puede llegar a estirar las demandas un par de años más, justo en una situación de carencia de tiempo que resulta ser esencialmente un agravio moral para la gente mayor.

El kirchnerismo bien puede festejar que logró imponer sus ideas dentro de los cánones democráticos, inclusive para tapar las repercusiones en la prensa en el caso Lázaro Báez, pero lo que no puede medir ni controlar es la reacción social, a través de los amparos judiciales y sobre todo del valor del dólar, lo que le resulta un dolor de cabeza que no sabe cómo afrontar, ni mide tampoco nuevas consecuencias.

Hay que observar que con el paralelo a $ 9,35 se genera una brecha superior a 80% en relación al dólar oficial y que esa diferencia no sólo promueve operaciones de fuga de divisas comerciales, sino que desalienta el ingreso a $ 5,40 para muchos proyectos que se surten de insumos locales, que por supuesto ya contienen en sus precios inflación en dólares.

Lo insólito de las cosas es que el supuesto “modelo nacional y popular” favorece a los importadores tanto que, si los funcionarios lo aprueban, pueden acceder a dólares baratos pese a los aranceles, mientras que, del otro lado, se perjudica notoriamente a la producción exportadora que, además, paga retenciones y tiene un tipo de cambio neto mucho menor.

Así, el freno al nivel de actividad y el peligro sobre los empleos se torna evidente. El portazo de la brasileña Vale do Río Doce es un ejemplo muy claro de estos desequilibrios, que habrá que ver si la intervención de la Presidenta frente a su par Dilma Roussef ha logrado frenar.

El punto clave es que existe una situación que el Gobierno se niega a reconocer, ya que el Banco Central sigue emitiendo pesos para financiar el déficit fiscal y como la tasa de interés es negativa y no se pueden comprar propiedades por el cepo cambiario, para huir del impuesto inflacionario la gente salta a la divisa, un activo quizás caro, pero seguro.

Hoy, el valor de referencia del paralelo es sólo eso, una referencia. No hay quien crea que, como los que entraron antes, ya se podrá “ganar” alguna renta pasándose de moneda. Sin embargo, vale la pena ver la cosa al revés para observar qué sucede en realidad, ya que no parece que haya nadie que piense que se trata de una mercadería probablemente cara. Hoy, con un peso se compran menos de 11 centavos de dólar, frente a casi 22 centavos de noviembre pasado, pero aun así se huye de la moneda local por desconfianza, ya que, asustada, la gente del común estima que mañana puede ser más “pobre”.

Pero además de esta manifestación de inseguridad patrimonial, que tiene su correlato en la caída permanente de los depósitos en dólares en los bancos, la sensación del común es la de indefensión. Para colmo, con su exposición pública, los funcionarios que se suponen que tienen que tener la cabeza fría para pilotar la crisis ayudaron poco y nada en estos días.

Por acción u omisión, cada uno de los tres funcionarios que dieron la cara en la semana le pusieron mayor incertidumbre a la cosa. Si lo de Moreno fue decididamente patoteril en la Asamblea del Grupo Clarín, reunión que copó con su verborragia amenazante, cámaras, periodistas amigos y hasta taquígrafos y lo de Kicillof algo más recatado, lo de Lorenzino fue de un papelón personal inconmesurable, pero además dejó en evidencia el gran agujero que tiene el relato. Ya no es barrer debajo de la alfombra, sino negar la basura.

El caso del viceministro de Economía es algo más comprensible, porque no es nada fácil mostrarse al lado de un Moreno destemplado y vociferante, ocupado por ponerse en el centro de la escena, como si una compulsión lo llevara siempre a llenar el silencio con una frase de más. Seguramente, no es lo mismo para Kicillof defender una posición intelectual que sentir un incendio en su silla a la vista de todos. Quizás por eso, prefirió bajar la vista y hasta pensar “me quiero ir”.

En cambio, el ministro Lorenzino sí dijo públicamente esa ya famosa frase a la periodista griega quien, en apenas 30 segundos, logró hacerlo conocido, cuando no quiso que le preguntara más sobre la inflación. “De eso no se habla mucho aquí en la Argentina”, se le dijo oficialmente a la joven quien, de paso, le dejó un singular mensaje a todos los periodistas locales que aún no aprobaron la materia entrevista: “en la calle, todos hablan de la inflación, Si no hubiese preguntado sobre el tema no estaría haciendo bien mi trabajo”, explicó con suma modestia.

Con estos tres personajes en otros menesteres, quienes se supone que deberían estar concentrados en manejar mal o bien algunos resortes de la economía, es más que probable que la sensación de “sálvese quien pueda” se haya acentuado. Con sus intervenciones los tres dejaron la impresión que ya no funciona ni el congelamiento de precios que venera Moreno ni el “modelo de desarrollo productivo con inclusión social” que recita Lorenzino, mientras que a Kicillof no se le acepta por ahora el desdoblamiento del mercado cambiario.

Es imposible que un avión que tenga en su cabina un comandante queriéndose bajar, un copiloto apichonado en su asiento y un ingeniero de vuelo que arranca alocadamente todos los cables, llegue sano y salvo a destino. Sólo quedar rezar, pero por las dudas, con los dólares guardados en el colchón.

Fuente: (DyN)