Artículos / Opinión
Elizabeth Robinson

Las relaciones post Chávez de Estados Unidos y Venezuela

La política exterior estadounidense hacia Venezuela puede ser caracterizada por una resignación cautelosa al statu quo. Washington quiere ser optimista sobre el futuro de sus relaciones con Venezuela, pero hasta ahora no ha recibido ninguna señal de cambio substancial en una dirección positiva. Por otro lado, las percepciones de EEUU sugieren un camino difícil en los meses que vienen. Por ahora, Washington está dispuesto a dar a Venezuela el beneficio de la duda mientras su gobierno atraviesa un período de transición a la época de post-Chávez.

Por Elizabeth Robinson
29 de marzo de 2013
 

Hace dos semanas Análisis Latino publicó un artículo escrito por Patricio Navia titulado Estados Unidos y América Latina luego de Chávez. Navia sostenía que, debido a la cobertura extensiva por medios estadounidenses de la muerte de Hugo Chávez, América Latina reaparecerá en la vista de los estadounidenses, quienes “aprenderán que la región se ha desarrollado económicamente…que la democracia se ha fortalecido.” Además, Navia aconseja a Washington que “debería tomar una nueva mirada hacia la América Latina post-Chávez.” Desafortunadamente, es dudoso que estas predicciones sean realizadas.

Desde la muerte de Chávez, sí se ha dado un aumento en la cobertura de América Latina en los medios de EEUU. Pero esto no durará. Es una lástima, pero la verdad que muy pronto los estadounidenses enfocarán su atención otra vez en sus preocupaciones domesticas, así como quizás en el Medio Oeste, donde ubica la mayoría de los intereses críticos de su país. En la misma manera, a menos que EEUU note una indicación de un gran e inmediato cambio en las políticas de Venezuela, Washington volverá a su posición statu quo ante-no-Chávez, por así decirlo.

Al principio, parecía que una Venezuela, y una América Latina, sin Chávez tendría automáticamente una relación mejor con EEUU, simplemente porque Washington siempre había considerado a Chávez ser por lo menos una fuente de preocupación, si no un enemigo explícito. Sin embargo, relaciones post-Chávez dependen en gran parte en quien llega al poder en Caracas, y hasta cuál punto el nuevo presidente está dispuesto a alejarse del chavismo.

Mientras ha sido un poco confuso lo que prescribe la constitución venezolana en estas circunstancias políticas, es casi cierto que el actual presidente provisional y el vice presidente de Chávez, Nicolás Maduro, ganará la elección presidencial en 14 abril. Su oponente será, otra vez, Henrique Capriles de la Mesa de la Unidad Democrática. Capriles perdió la elección presidencial en octubre 2012, pero no obstante llevó una oposición fuerte contra Chávez. El poder electoral de Maduro proviene de su identidad como un seguidor devoto de Chávez, así como el hecho que ahora él es el líder nuevo del chavismo. Además, cuando Chávez anunció en diciembre pasado que su cáncer había regresado, dijo “Mi opinión firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta y total es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela.” En caso de que este apoyo no sea suficiente, Maduro ha hecho un gran esfuerzo en tranquilizar a la población venezolana que él continuará a lo largo del mismo camino como Chávez por imitar al difunto icono político. Según el New York Times, Maduro usa la frase “Soy Chávez” como una consigna política durante eventos de su campaña, y también imita a Chávez en su manera de hablar y su atuendo.

Como tal, no es una sorpresa que los indicios iniciales de qué tipo de gobierno encabezará Maduro sugieran que las relaciones entre Venezuela y EEUU no cambiarán, por no hablar de mejorar. Cuando se hizo evidente en diciembre pasado que Maduro tomaría el poder después de la muerte probable de Chávez, Washington trató de empezar un diálogo entre los dos gobiernos para preparar la eventual transición política. Sin embargo, durante una sesión informativa sobre la situación en Venezuela que ocurrió el 6 marzo entre dos funcionarios del Departamento de Estado de EEUU y los medios, uno de los funcionarios admitió que su gobierno no había recibido mucha reciprocidad en sus esfuerzos, y que no había logrado progreso substantivo. El funcionario reconocía que el gobierno venezolano estaba, y todavía está, muy preocupado con otros asuntos, y sugirió que tal vez después de la elección en abril los países podrán reiniciar el diálogo. Los Estados Unidos, dijo él, sí quiere una relación positiva porque las naciones comparten intereses mutuos, pero Venezuela tiene que tomar la iniciativa cuando esté lista y dedicarse a negocios serios.

En cuanto a la posibilidad que un cambio político en Venezuela producirá un cambio diplomático, el funcionario dijo lo siguiente: “Mientras dudo en decir que un cambio en un individuo o el deceso de un individuo cambia completamente la relación, sí pienso que…[Chávez] tuvo un papel demasiado grande en ese gobierno, y por eso su ausencia puede tener una implicación igualmente grande…Pero es muy difícil para nosotros saber en este momento si el gobierno actual, mientras preside las elecciones, o el gobierno que viene de esas elecciones, de hecho, acelerará, o continuará, o parará el impulso hasta una relación mejor.”

Sin embargo, como se explicó arriba, con toda probabilidad no hará un cambio político real. La doctrina, ideología, y retórica del gobierno de Chávez quedarán igual en la administración de Maduro.

Si el pasado reciente provee algunas pistas de la relación entre Caracas y Washington, el futuro no aparece bien. En el principio de marzo, Venezuela expulsó a dos funcionarios estadounidenses a quienes acusó de planear derrocar el gobierno (En respuesta, EEUU pidió a dos funcionarios venezolanos que salgan del país). En referencia a esta situación, la portavoz del departamento del estado de EEUU, Victoria Nuland, dijo, “Esto es parte de un gastado manual de estrategia de alegar interferencia extranjera como una pelota política en los políticos internos venezolanos, y si vamos a llegar a un lugar donde podemos relacionar mejor, este tipo de cosas tiene que parar”.

Más tarde en marzo, la tirantez aumentó otra vez cuando Maduro acusó a Washington de tratar de asesinar a Capriles y echarle la culpa a Venezuela para crear caos en el país. El departamento de estado de EEUU “niega categóricamente” esas alegaciones. Como otro ejemplo de la frialdad de la relación, la delegación que mandó EEUU al funeral de Chávez sólo incluyó tres funcionarios de menor nivel, mientras Irán mandó a su presidente, Mahmoud Ahmadinejad. De hecho, la relación fuerte entre Caracas y Teherán es muy preocupante para EEUU, que considera a Irán uno de sus enemigos principales y una nación no confiable. En igualdad de circunstancias, la más íntima amistad entre Venezuela e Irán, lo más difícil será reparar los lazos entre Venezuela y EEUU.

Estos dos eventos reflejan una narración en curso de desconfianza en la relación venezolana-estadounidense. Específicamente, Washington cree que Caracas tiene una tendencia de usar a EEUU como un chivo expiatorio en cual el gobierno lo culpa de sus problemas. Además de aumentar la tensión entre los países, esta estrategia levantaba el apoyo popular de Chávez (y hará lo mismo para Maduro) por representar a él como un héroe defendiendo a Venezuela en contra del “mal”, EEUU.

Como los vínculos entre EEUU y Venezuela probablemente no mejorarán en el futuro inmediato, tampoco cambiará la agenda estadounidense a propósito de la región. Como dijo un funcionario, “no veo cambio en las metas generales en el hemisferio, o siendo afectado radicalmente por estos eventos.”

La política exterior estadounidense hacia Venezuela puede ser caracterizada por una resignación cautelosa al statu quo. Washington quiere ser optimista sobre el futuro de sus relaciones con Venezuela, pero hasta ahora no ha recibido ninguna señal de cambio substancial en una dirección positiva. Por otro lado, las percepciones de EEUU sugieren un camino difícil en los meses que vienen. Por ahora, Washington está dispuesto a dar a Venezuela el beneficio de la duda mientras su gobierno atraviesa un período de transición a la época de post-Chávez. Los Estados Unidos ha expresado su disposición a enfrascarse en un diálogo constructivo con Venezuela que trate de sus intereses mutuos, de lo que hay muchos. Ahora, la acción está en manos de Caracas.