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Carlos Malamud

Argentina e Irán: la búsqueda de una verdad imposible

(Infolatam) La idea de lo que los iraníes entienden por verdad se observa claramente a partir de sus posturas negacionistas en relación con el Holocausto. Por tanto, con la firma del memorándum y la creación de una “comisión de la verdad” estamos, de hecho, ante un nuevo ejercicio de banalización y devaluación de la verdad.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
19 de febrero de 2013
 

(Infolatam) Cuando en julio de 1994 un potente explosivo abatió el edificio de la AMIA y con él la vida de 85 personas, la onda expansiva del atentado terrorista también se llevó por delante la verdad de lo ocurrido. Durante bastante tiempo el manto de silencio impuesto por los sucesivos gobiernos argentinos dificultó que se produjeran avances sensibles en la investigación, cuyas principales pistas hablaban de responsabilidades iraníes.

La llegada de Néstor Kirchner al poder pareció destrabar la investigación, pero fue imposible seguir avanzando dados los enormes impedimentos y la falta de colaboración del gobierno de Teherán. Ahora, en un nuevo giro de tan tortuosa marcha, las autoridades argentinas e iraníes han firmado un memorándum de entendimiento que debe ser ratificado por ambos parlamentos. Éste establece entre otras medidas la creación de una “comisión de la verdad” para llegar al fondo de los hechos, y aquí el dilema es claro: o hay justicia o hay “comisión de la verdad”. En este último caso sería la verdad de unos contra la de los otros y no una verdad en la cual las víctimas y sus familiares se puedan reconocer, ésta sí relacionada directamente con la justicia.

La idea de lo que los iraníes entienden por verdad se observa claramente a partir de sus posturas negacionistas en relación con el Holocausto. Por tanto, con la firma del memorándum y la creación de una “comisión de la verdad” estamos, de hecho, ante un nuevo ejercicio de banalización y devaluación de la verdad. Cuando se abandona cualquier posibilidad de aplicar la ley a rajatabla es cuando emerge este torticero ejercicio de la verdad. Hasta la firma del memorándum los argentinos pensaban que los iraníes (y estamos hablando incluso de un ministro del actual gabinete) eran culpables; mientras que estos últimos negaban tajantemente cualquier responsabilidad en el atentado. Es más, rechazaban de plano la sola posibilidad de colaborar en la investigación, algo sospechoso si de refrendar su inocencia se trataba.

El bloqueo en las diligencias judiciales puede hacer pensar que cerrado un camino no se pierde nada si se intenta transitar uno nuevo. Esto puede ser cierto siempre y cuando no se traicionen los principios que han guiado hasta ese momento la marcha de los principales actores implicados. Pero lamentablemente esto es lo que ha ocurrido y que torna claramente incomprensible la actitud de la presidente Fernández en todo este oscuro entramado.

Pese a las palabras grandilocuentes del ministro argentino de Exteriores ensalzando el valor del acuerdo alcanzado con los iraníes, la posibilidad de una leal abierta y sincera colaboración con la justicia argentina es prácticamente nula. Fue el propio gobierno de Teherán quien contradijo al ministro Timerman al señalar que sus funcionarios no podían ser interrogados por los jueces argentinos. En medio de tanta confusión emergen algunas preguntas capitales: ¿por qué y por qué ahora el gobierno argentino firmó semejante acuerdo?, ¿qué intereses (económicos, comerciales, energéticos y de tecnología de doble uso) hay en juego?, ¿favorece a la Argentina su cada vez mayor aislamiento de quienes eran sus tradicionales aliados y amigos a cambio del abrazo a opciones netamente antidemocráticas?

Las respuestas a estos interrogantes se vinculan necesariamente a la peculiar deriva de la presidente Fernández, cada vez más cercana al proyecto bolivariano y cada vez más lejos de Occidente. Es más, Cristina Fernández se siente incomprendida y maltratada tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea. De ahí que en sus cálculos sean relevantes los cientos de millones de dólares que gana acercándose a Irán y no los miles de millones que pierde en su errático camino hacia ninguna parte.

En este terreno no hay que perder de vista un posible regreso a una peligrosa aventura del pasado, la construcción de un misil balístico argentino. Entonces era el Cóndor II, hoy es el Gradicom. El proyecto se realiza en colaboración con la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim), sancionada recientemente por EEUU por colaborar en el plan nuclear iraní. Hasta ahora Hugo Chávez había sido el principal valedor de Mahmud Ahmadineyad y del régimen teocrático iraní en América Latina. Dada la situación actual del mandatario venezolano habría que ver cuáles son los cálculos de Cristina Fernández, tan ansiosa de mostrar a su electorado conquistas concretas, especialmente de cara a las cruciales elecciones legislativas de octubre próximo, donde se juega buena parte de sus posibilidades de una nueva reelección.

Fuente: Infolatam

 
Acerca del autor
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Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud