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Pablo Díaz de Brito

La Argentina K y la Venezuela chavista: similitudes económicas y diferencias políticas

¿Por qué la mala economía condena a Cristina a irse a su casa en 2015 mientras en Venezuela parece no importar y le permite a Chávez cosechar aquel 55%? La respuesta a esta incógnita está, según creemos, en el diferente perfil social de los respectivos países.

Por Pablo Díaz de Brito
Twitter: @pablodb1
27 de enero de 2013
 

Mientras el enfermo Hugo Chávez sigue recluido en Cuba y su vice Nicolás Maduro lleva adelante una gestión de muy dudosa legalidad, en Argentina una aliada de Chávez, Cristina F. de Kirchner, afronta la que es al parecer su inevitable declinación final. Sucede que a su falta total de carisma, un rasgo que de por sí es casi fatal para un líder populista, Cristina suma una pésima gestión económica en sus cinco años de presidencia (2007/11 y el año 2012 completo, el primero de su segundo mandato).

Esto, según diversos sondeos y analistas, está poniendo a Cristina fuera de juego para forzar este año una reforma constitucional que habilite su reelección más allá de este segundo período en curso, que termina en 2015. Y si no hay "re-re", como se la llama en Argentina, no hay más kircnerismo, esa variante de izquierda nacional-populista del peronismo que gobernó desde mayo de 2003 hasta hoy. La razón de esta imposibilidad está en los efectos acumulados de la mala gestión de la economía, que en este año que acaba de pasar se han vuelto muy evidentes y se sufren cada vez más: inflación de 25/30% muy por encima del aumento de los ingresos y salarios reales, cierre de importaciones y de la venta de divisas que dañan no sólo el consumo sino también el empleo, retraso del tipo de cambio con efectos recesivos, y otros males por el estilo. Todo producto del expansionismo fiscal sin pausa y sin límites que practicó el kircherismo, tanto bajo Néstor Kirchner (2003/2007) como con Cristina, y que llevó al gasto público total en 2012 a rozar el 50% del PBI, un nivel sencillamente "europeo" pero, claro está, sin uno solo de los servicios públicos de los que gozan los ciudadanos del viejo continente. Como la recaudación no llega ni al 40% de PBI, la diferencia se compensa con emisión monetaria, que en 2012 estuvo en un demencial nivel del 40% (sic). Por la acumulación explosiva de estas distorsiones propias de la política económica del populismo, Argentina comparte con la Venezuela chavista desde hace ya muchos años el podio indiscutido de la mayor inflación regional.

Pero en Venezuela, y pese al desastre que han causado y causan las políticas populistas del chavismo, el caudillo -aun estando enfermo- logró su tercera reelección con el 55% de los votos el 7 de octubre del año pasado. Pese a que Venezuela sufre en forma dramática los efectos de esas políticas económicas, como el desabastecimiento crónico de los bienes más básicos, entre ellos azúcar, harina, fideos, etc., en Argentina, en cambio, bastó un año de malas condiciones económicas, luego del boom consumista de 2011 que acompañó el 54% de Cristina en las urnas ese año, para que el kirchnerismo vea sus ambiciones futuras casi fatalmente comprometidas. Y no se ha llegado ni remotamente a extremos de desabastecimiento como los mencionados en Venezuela.

Entonces, ¿por qué la mala economía condena a Cristina a irse a su casa en 2015 mientras en Venezuela parece no importar y le permite a Chávez cosechar aquel 55%? La respuesta a esta incógnita está, según creemos, en el diferente perfil social de los respectivos países. En Venezuela la clase media se ha debilitado en estos 14 años continuados de chavismo. Con menos economía de mercado y el clima de guerra de clases que crea el aparato chavista, son miles y miles los hijos de la clase media que han partido al exterior en busca de mejores horizontes, y no sólo económicos. Hoy, las elecciones en Venezuela las deciden sin discusión posible las clases bajas. Ese 55% parece constituido casi exclusivamente por esa franja...más los funcionarios y empleados de todo tipo del Estado chavista, que califican por sus ingresos para integrar las capas medias. Por eso, aún en su mejor momento y con el mejor candidato que ha tenido nunca, Henrique Capriles, la oposición logró un muy digno 44%, pero quedó a 11 puntos de Chávez en las elecciones del 7 de octubre. El chavismo se ha demostrado así no solamente blindado ante la enfermedad de su líder, sino ante la galopante crisis económica que causan las políticas chavistas (otra devaluación parece inminente y descontada). El atrasado perfil social que tiene hoy la sociedad venezolana le permite darse este "lujo" político y electoral al chavismo, el de ganar cómodamente pese a no ofrecer a la ciudadanía una buena política económica, una conditio sine qua non para triunfar en las urnas en casi cualquier otra latitud.

Y en Argentina pasa precisamente esto: las poderosas y tradicionalmente levantiscas clases medias argentinas, fieles de la balanza de la política nacional, están hoy muy descontentas con Cristina y su pésima política económica. De aquel 54% que logró la presidenta en las urnas en octubre de 2011, un buen 20 a 25% pertenecía a las clases medias, urbanas y rurales. Pero apenas días después del voto, Cristina ordenó el llamado "cepo cambiario" para frenar la fuga de capitales y la dolarización de ahorros, y esto tuvo un efecto inmediato tanto en el consumo y el turismo.

Y en la imagen gubernamental, apenas un año después, el 13 de septiembre y el 8 de noviembre, Cristina sufría en las calles de Buenos Aires y de las otras grandes ciudades del país dos contundentes movilizaciones, que removieron definitivamente la imagen de fortaleza que exhibió durante años su presidencia. Esas movilizaciones representaron mejor que mil sondeos la pérdida del voto de las vitales clases medias para el proyecto kirchnerista y en consecuencia la sepultura de sus ambiciones de eternización. Salvo un viraje de 180º en la política económica, que tanto la psicología de Cristina como sus ampulosos gestos de radicalización en política exterior e interna hacen impensable, la suerte de la presidenta y por lo tanto del kirchnerismo parecen así selladas. El activo y pragmático peronismo ya trabaja a la luz del día buscando un sucesor. El más promocionado es el gobernador de la mayor provincia argentina, la de Buenos Aires, Daniel Scioli. Este hombre, nacido a la política de la mano de Carlos Menem en la década "maldita" de los 90, y con todo el genoma del conservador populista moderado, parece el favorito, tanto de los electores (según aseguran las empresas de sondeos) como de los hombres del aparato peronista, que jamás se sintieron cómodos bajo el antipático mando de Cristina y con sus amistades de la izquierda más radical, como la virulenta Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo) o el "piquetero" amigo de Fidel Castro y de Irán Luis D'Elía.

 
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Periodista.
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