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María Teresa Belandria

El Socialismo del siglo XXI se toma Mercosur

(Revista Perspectiva) Mercosur es un acuerdo comercial; el pragmatismo del mercado y el intercambio son el norte que guía la actuación de sus integrantes, no lo ideológico ni lo político. De allí que Venezuela, lejos de representar un factor de cohesión entre sus integrantes, añada ruido a las ya complejas relaciones entre Brasil y Argentina, por una parte, y sus débiles socios minoritarios Uruguay y Paraguay, por la otra.

Por María Teresa Belandria
21 de diciembre de 2012
 

(Revista Perspectiva) El ingreso de Venezuela a Mercosur genera dudas por su validez jurídica y expectativas en torno a las obligaciones que el país debe asumir para cumplir los compromisos del bloque subregional.

Mercosur es un acuerdo comercial; el pragmatismo del mercado y el intercambio son el norte que guía la actuación de sus integrantes, no lo ideológico ni lo político. De allí que Venezuela, lejos de representar un factor de cohesión entre sus integrantes, añada ruido a las ya complejas relaciones entre Brasil y Argentina, por una parte, y sus débiles socios minoritarios Uruguay y Paraguay, por la otra.

Examinemos los antecedentes. Venezuela solicitó su ingreso formal como observador en MERCOSUR desde el gobierno del Presidente Rafael Caldera. Dicha petición se materializa luego con la llegada al poder de Hugo Chávez y se aceleran los tiempos una vez que Venezuela decide abandonar la Comunidad Andina en 2006.

Comienza así el proceso de autorización de los parlamentos para dar cumplimiento al artículo 20 del Tratado de Asunción, que ordena la aprobación unánime de todos los países para que un nuevo miembro sea admitido. Argentina lo hizo inmediatamente por el impulso que la Presidenta Fernández dio al tema. Brasil tuvo demoras en el Senado a pesar de la presión ejercida por el expresidente Lula, y el Uruguay de Mújica también otorgó su visto bueno.

Sin embargo, el senado paraguayo resistió una y otra vez la aprobación, a pesar de los deseos de su presidente. Los parlamentarios alegaron la violación sistemática y reiterada de los preceptos democráticos contenidos en el Protocolo de Ushuaia I y del sistema interamericano de protección de derechos humanos. El juicio político a Fernando Lugo, su destitución y la suspensión de Paraguay del bloque de acuerdo a las disposiciones del Protocolo de Ushuaia II, significó para el resto de los socios el momento idóneo para concretar la aspiración venezolana.

¿Qué consecuencias se derivan del ingreso para Venezuela?

Mercosur tiene dentro de sus objetivos la libre circulación de bienes, personas, capitales y servicios, aspecto que colide directamente con la economía centralmente planificada del gobierno chavista, cargada de controles de precios, cupos de importación y exportación, certificados de no producción, certificados de insuficiencia que se exigen a los empresarios a través de una enorme red burocrática donde priman las lealtades político-partidistas por encima de la libertad económica.

Además, Venezuela deberá adoptar el acervo normativo del bloque, acatando los tratados de libre comercio que MERCOSUR tiene con otros países, por ejemplo con Israel, nación con la que Venezuela no tiene relaciones diplomáticas. Así mismo, modificar su estructura arancelaria a los códigos e ítems del acuerdo y reformar leyes internas que le impiden a la fecha cumplir los compromisos derivados de su admisión.

La Resolución 043/1992 que eliminó los límites para la obtención de divisas y cheques de viajero relacionados con los servicios de turismo y viajes es contraria a las resoluciones, decretos, reglamentos y directrices que impone la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) a los venezolanos desde el año 2003, por mencionar solo uno de los desafíos que tendrán aquellos que pretendan establecer negocios en Venezuela.

En  materia de Derechos Humanos, Mercosur adoptó toda la normativa derivada del sistema interamericano de protección y tutela de la Organización de Estados Americanos (OEA) desde 2005 a través de resoluciones que acatan los mandatos de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos y valoran las recomendaciones y sugerencias de la Comisión.

El anunciado retiro de Venezuela de la Comisión y la Corte que implica la denuncia del Acuerdo de San José y la eventual salida de la OEA, es otra muestra de las dificultades que Argentina, Brasil y Uruguay tendrán que sortear para mantener al país dentro de las reglas de juego sin que destruya la institucionalidad construida con base en el sistema interamericano.

Más preguntas se derivan de este ingreso apresurado, ilegal y políticamente débil: ¿qué sucederá cuando Paraguay sea restituido como miembro pleno de Mercosur en abril de 2013? ¿Podrá Venezuela mantenerse dentro del bloque a pesar de no contar con el voto unánime de los países miembros como lo manda el artículo 20 del Tratado de Asunción? ¿Obligarán a Venezuela a mantenerse a pesar de que viole la normativa de protección de Derechos Humanos? ¿Podrá Mercosur sobrevivir a la ofensiva ideológica del Socialismo del siglo XXI?

Las respuestas a estos interrogantes están atadas al resultado de las elecciones del 7 de octubre en Venezuela; de consolidarse la revolución  bolivariana asistiremos a la destrucción del MERCOSUR. De producirse el cambio liderado por las fuerzas de la unidad democrática, comenzará un proceso de negociación y acuerdo con los integrantes del bloque. Venezuela podrá integrarse plenamente sin ataduras ideológicas, buscando el beneficio de sus ciudadanos y el crecimiento del país y no del gobierno.

Veremos si Mercosur es un acuerdo económico real o simplemente una colcha de retazos donde Brasil y Argentina cosen y los demás se arropan, si les alcanza la cobija.

María Teresa Belandria es Profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Central de Venezuela.

Fuente: (Revista Perspectiva)