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Carlos Malamud

Rafael Correa y la defensa del terrorismo

Las nuevas alianzas internacionales impulsadas por los países del ALBA, entre las que se incluyen Irán, Siria, Bielorusia o la Libia de Gadafy, amen de China y Rusia, llevan a sus presidentes a terminar justificando situaciones injustificables. La defensa de los sátrapas, teñida de antiimperialismo, está cada vez más incorporada al discurso bolivariano.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
11 de diciembre de 2012
 

(Infolatam) Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, es un personaje que no resulta indiferente a nadie, ni en su país, ni tampoco fuera de él. Su imagen desencajada por los duros sucesos que enfrentó durante el levantamiento policial del 30 de septiembre de 2010, que definió como un golpe de estado, dio la vuelta al mundo. También se hizo famoso en las redes sociales a partir de conceder asilo político en su embajada de Londres al pirata informático Julian Assange, requerido por la justicia sueca por crímenes sexuales.

Recientemente estuvo en Argentina donde fue galardonado por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de la Plata con el premio Rodolfo Walsh en la categoría “Presidente latinoamericano por la comunicación popular”. Previamente Hugo Chávez y Evo Morales recibieron la misma distinción. La identidad de los tres únicos premiados no habla precisamente de una postura equilibrada o imparcial de los responsables del jurado.

Son de sobra conocidos los conflictos que mantiene Correa con la prensa de su país, a tal punto que en Ecuador los reclamos por la libertad de expresión están a la orden del día. Su diagnóstico parte de demonizar la propiedad privada de los medios de comunicación. Según su opinión, ésta es el origen de todos los males del sector ya que genera falta de profesionalización y de ética entre los periodistas, a quienes acusa constantemente de mentir y manipular.

La siguiente frase, pronunciada en el acto de la entrega del premio, sintetiza claramente su pensamiento sobre la prensa, a la que suele asociar con la mentira salvo que esté controlada por el gobierno o sea afín al mismo: “Nosotros no somos intolerantes con la prensa, somos intolerantes con la mentira en América latina, la prensa miente y confunde información con opinión”. Antes de salir de Quito hacia Buenos Aires envío un tweet que completa lo anterior: “Mañana la Universidad de la Plata me entrega el premio Rodolfo Walsh a la libertad de expresión. Conozco algunitos que deben comer cemento!”

Pese a la dureza de sus palabras el escándalo no saltó finalmente por algo vinculado a la prensa sino al terrorismo. Tras ser interrogado acerca de Irán, del presidente Ahmadineyad y del atentado contra la AMIA en Buenos Aires en julio de 1994 (86 muertos y casi 300 heridos), dio una respuesta sorprendente: “Conozco ese caso. Es muy doloroso para la historia argentina, pero vea cuántos murieron en el bombardeo de la OTAN a Libia. Comparemos las cosas y veamos dónde están los verdaderos peligros; no debemos manipular”.

De sus declaraciones llama la atención que vaya contra la versión oficial de Irán, dando prácticamente por ciertas las interpretaciones que responsabilizan a los servicios secretos iraníes del atentado. En la misma línea va su comparación de un ejercicio de terrorismo de estado con una acción de guerra. Sin embargo, las sorpresas no terminan aquí. Tras el revuelo causado por sus palabras en una parte importante de la sociedad argentina, la presidente Cristina Fernández omitió hablar del tema en un acto conjunto con su colega ecuatoriano. Con todo, algunos miembros de su gobierno comentaron el “desliz” de Correa.

Resulta curioso que un gobierno que se vanagloria de su defensa sistemática de los derechos humanos y de la persecución de todos aquellos que los conculcaron durante la pasada dictadura militar, no denunciase frontal y monolíticamente expresiones de tal calado. El atentado de la AMIA, planificado y ejecutado por agentes iraníes según las investigaciones de la justicia argentina, es lo más parecido que hay a un acto de terrorismo de estado. Sin embargo, como el gobierno de Fernández está negociando con Irán la normalización de las relaciones bilaterales, no desea que ningún suceso anecdótico interrumpa el rumbo diseñado por el ministro Timerman, aunque éste sea un brutal atentado terrorista.

Las nuevas alianzas internacionales impulsadas por los países del ALBA, entre las que se incluyen Irán, Siria, Bielorusia o la Libia de Gadafy, amen de China y Rusia, llevan a sus presidentes a terminar justificando situaciones injustificables. La defensa de los sátrapas, teñida de antiimperialismo, está cada vez más incorporada al discurso bolivariano. Esto es lo que ha llevado a Rafael Correa y a Cristina Fernández a encontrarse detrás de conductas tan nefastas.

Fuente: (Infolatam)

 
Acerca del autor
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Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud