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Alvaro Giz

Cuando los políticos dan un mal ejemplo

Un punto esencial de la vida política es el respeto mutuo. Desde el gobierno, asumir que hay una oposición que está para vigilar su actuación y desde la oposición, ejercer la función de contralor con seriedad. Pero ambos lados en ningún momento deben olvidar que su relación debe ser civilizada para que sirva de ejemplo al resto de la sociedad.

Por Alvaro Giz
11 de diciembre de 2012
 

Hay días en los que la política uruguaya parece que tiene como protagonistas a integrantes de las barras bravas de los clubes de fútbol y no a respetados gobernantes y legisladores que llegaron a sus cargos gracias al voto de la gente.

La fricción permanente entre el gobierno y la oposición que ha caracterizado esta etapa política del país ha sacado de quicio a más de uno y al momento de hablar ante un micrófono a muchos las palabras se les escapan y nada las contiene.

Esta vez el incendio vino armado desde lo más alto. Fue el propio presidente, José Mujica, durante la cumbre de jefes de Estado del Mercosur que se desarrolló en Brasilia. Allí fue consultado por el Canal 10 uruguayo acerca del pedido de renuncia  del presidente del Banco República, Fernando Calloia, por parte de los legisladores blancos. “¿Pero por qué no se van a controlar a sus señoras esposas a ver dónde andan en lugar de andar controlando estas pavadas? Estamos para la chismografía”, respondió el mandatario, con lo que desató una lógica y airada reacción de toda la oposición, e incluso, de alguna legisladora del propio Frente Amplio, que se molestó por el tono discriminador y machista de lo dicho por el jefe de Estado.

José MujicaEl exabrupto provocó además que desde la oposición le fueran reclamadas las disculpas inmediatas. Y algunos fueron más lejos: “Mujica después del almuerzo se pone grosero. El alcohol no le cae. Lamentable pero cierto: antes era el bar Silva, ahora en las cumbres”, escribió en twitter el diputado blanco José Carlos Cardoso. “Mujica no da la talla para ser presidente. Mucho menos cuando toma”, apuntó, también por esa vía el senador nacionalista Francisco Gallinal.

Ante el vendaval desatado, el domingo Mujica pidió disculpas por sus alusiones a las “señoras” de los dirigentes blancos. A través de la página de la Presidencia de la República, Mujica pidió las excusas que tanto le estaban reclamando.

“Debo pedir sentidas disculpas a las señoras que pude ofender por lo dicho en Brasilia. Los presidentes no tienen el humano derecho ‘a calentarse’ ante improperios, han ser de mármol como las estatuas. Espero que los caballeros a los que aludí comprendan que la renuncia del presidente del Banco de la República, por acudir a los servicios de un abogado que ejerce y vive de su profesión, no es de recibo. Si así no fuera, si es eso lo que se sostiene, qué tendríamos que pensar de abogados pro hombres del Partido Nacional que promueven reiteradamente juicios millonarios contra el erario público”, concluyó Mujica.

Pero el daño ya estaba hecho y desde la oposición continuó la andanada de críticas contra el presidente, que no es la primera vez que incurre en esta especie de incontinencia verbal que en algún momento provocó que hasta el ex presidente Tabaré Vázquez afirmara que Mujica dice “estupideces”.

El asunto es que más allá de quien sea el personaje público que pronuncia el exabrupto, lo cierto es que la ciudadanía no se merece tener que presenciar estas confrontaciones verbales de bajo calibre, más propias de barras bravas de tribuna que de profesionales de la política.

Los votantes esperan que los gobernantes, los legisladores y los dirigentes den el buen ejemplo y que se preocupen por dar solución a los problemas que deben enfrentar a diario. Y esto no quiere decir que los distintos partidos políticos deban de estar de acuerdo en todo. Nadie puede ser tan iluso de reclamar algo así. Pero lo menos que pueden hacer es elevar el nivel, de lo contrario, cómo van a explicarle a las generaciones más jóvenes que deben actuar de otra manera, cuando los ven en los diarios, en la radio, en la televisión y en Internet dando un lastimoso papel en el que el más valiente será aquel que pronuncie el insulto más fuerte contra su rival. Un punto esencial de la vida política también lo es el respeto mutuo. Desde el gobierno, asumir que hay una oposición que está para vigilar su actuación y desde la oposición, ejercer la función de contralor con seriedad. Pero ambos lados en ningún momento deben olvidar que su relación debe ser civilizada para que sirva de ejemplo al resto de la sociedad.

Lo que ha pasado en Uruguay por estos días no enaltece a quienes lo protagonizaron y es un ejemplo que nadie quiere para sus hijos.