Artículos / Opinión
Sergio Fausto

Consecuencias políticas del ``mensalão``

(Infolatam) Prevaleció hasta aquí la valoración pragmática de que una embestida abierta contra la decisión del STF produciría más daño que beneficio político, por la obvia razón de que la mayoría de la sociedad apoya las condenas de los reos del “mensalão”.

Por Sergio Fausto
16 de noviembre de 2012
 

(Infolatam) El Tribunal Supremo de Brasil concluyó ayer el juicio del llamado núcleo político del “mensalão”.  José Dirceu, exministro de la Presidencia en el gobierno de Lula, recibió una condena de 10 años y once meses por los crímenes de corrupción activa y asociación ilícita. Empezará a cumplir su pena en la cárcel. La condena tiene un inmenso impacto simbólico. Pero como las leyes de ejecución penal de Brasil permiten cambios en el régimen de presidio una vez cumplida una sexta parte de la pena, en el caso de los crímenes referidos, Dirceu podrá pasar a régimen semiabierto.

Esto siginifica que, después de 1 año y 8 meses de su encarcelamiento, podrá pasar el día fuera de prisión volviendo para pecnoctar. Aún así, no hay duda de que su vida política, al menos como candidato a cargos por elección, está acabada. Por la llamada “Ley de Ficha Limpia”, aprobada por el Congreso en 2012, Dirceu sólo podría volver a presentarse a unas elecciones en el 2031, cuando tenga 85 años, si estuviese vivo.

También fueron condenados el tesorero del Partido de los Trabajadores entre el 2000 y el 2005, Delubio Soares, y José Genoino, presidente del partido entre el 2003 y el 2006. El primero a 8 años y 7 meses y el segundo a 6 años y 11 meses, ambos, así como Dirceu, por corrupción activa y asociación ilícita. Por que su condena es menor a 8 años, Genoino cumplirá su pena desde el comienzo en régimen semiabierto, por lo que estará en libertad condicional en poco más de un año.

Aunque sujetas a pequeños ajustes, las penas son suficientemente altas para imponer un castigo ejemplar a quienes abusaron del poder, cosa rara, si no inédita, en Brasil. Por otro lado, dada la posibilidad de ablandar el régimen de prisión a partir del cumplimiento de 1/6 de las penas, la condena de los reos es lo bastante moderada para no ponerlos en la condición de candidatos a mártires, narrativa que el PT esbozó en diversas ocasiones a lo largo de los últimos meses, mientras repetía la cantinela de la manipulación de la opinión pública por los “medios conservadores” y de la “politización” del juicio en el STF.

Confirmadas las condenas del “núcleo político”, ahora la cuestión es cómo el PT procesará internamente y reaccionará públicamente a los hechos. Prevaleció hasta aquí la valoración pragmática de que una embestida abierta contra la decisión del STF produciría más daño que beneficio político, por la obvia razón de que la mayoría de la sociedad apoya las condenas de los reos del “mensalão”. La dirección del partido orientó las campañas electorales en las municipales, celebradas a finales de octubre, a evitar el tema. Manifestaciones de protesta y una nota de repudio, iniciativas programadas para el periodo inmediatamente posterior a las elecciones, se aplazaron.

Estoy convencido de que, en líneas generales, el pragmatismo continuará prevaleciendo. El ánimo de revancha se traducirá en movilización y presión para que el STF se apresure a juzgar el llamado “mensalão do mineiro”, caso que envuelve, queda saber si directa o indirectamente, al exgobernador de Minas Gerais y hoy diputado del PSDB, Eduardo Azaredo, en un esquema de compra de apoyo político para su reelección en el ya lejano año 1998. Presente en ambos casos, está el publicista Marcos Valerio, cuyas empresas de publicidad también servían de vehículo para el desvío de fondos públicos hacia fines políticos en el caso del “mensalão mineiro”.

La diferencia de escala entre ambos casos es, sin embargo, gigantesca, incluso por que Eduardo Azeredo fue derrotado en su tentativa de reelegirse y el esquema montado para la campaña electoral murió allí mismo. No importa, el PT tratará de hacerlos parecer idénticos. Sea como sea, está no será la principal batalla en la guerra política de aquí a las elecciones generales de octubre de 2014. El juicio del “mensalão” tendrá efectos importantes sobre la “cultura” política y jurídica brasileña, pero no será el tema electoral de primera línea, como de hecho no lo fue en las elecciones municipales transcurridas en medio del juicio.

Entre los objetivos estratégicos del PT en ese periodo, sobresale la construcción de las condiciones políticas para desalojar al PSDB del gobierno del Estado de Sao Paulo. El mayor centro electoral de Brasil, con más del 20% del electorado total y la economía más fuerte de la federación, con casi el 40% del PIB del país y gobernado por el PSDB desde hace casi 20 años. Para alcanzar ese objetivo es indispensable que el PT obtenga éxito al frente de la Alcaldía de Sao Paulo, la mayor ciudad y el tercer mayor presupuesto público del país. Lula apostó a la candidatura de Fernando Haddad, joven académico que fue su ministro de educación. Dio en el clavo.

Fue elegido en segundo turno, derrotando a nada menos que José Serra, hasta este punto uno de los más, si no el más, importante liderazgo del PSDB a nivel nacional. Ayer Haddad anunció parte de su equipo de gobierno. Los primeros nombres indican la intención de realizar un gobierno innovador y técnicamente competente. Es pronto para saber si la intención se hará realidad, lo que depende de un precario equilibrio entre las “fuerzas del progreso” y las “fuerzas del atraso”, parte de ellas incrustadas en el propio PT. Pero parte del partido parece entender que el futuro importa más que el pasado.

Con esa misma perspectiva trabajan también los principales candidatos a ser candidatos en el 2014. En el campo de las oposiciones, el exgobernador de Minas Gerais, Aécio Neves, y Marina Silva, la exministra de medioambiente de Lula y tercera en las elecciones de 2010, con el 20% de los votos. No es otra la perspectiva del actual gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos, estrella ascendente en la política nacional, a tal punto de merecer ser materia destacada en la penúltima edición de la revista The Economist, bajo el título de “The Pernambuco Model”. La mayor de los tres es Marina, con 54 años. Aecio le sigue cerca con 52. Campos es el más joven con 47. Están en el pelotón del frente de la nueva generación de políticos. Haddad podría unírseles, de aquí a algunos años, si hace una buena gestión en Sao Paulo.

En términos porcentuales, el partido presidido por el gobernador de Pernambuco, el PSB, fue el que más creció en las últimas elecciones municipales. En varias ciudades importantes enfrentó y derrotó al PT. Sin poder disputar la reelección al gobierno estadual y con la alternativa poco atrayente, aunque segura, de ser elegido para el Senado, no es improbable que Eduardo Campos se presente como alternativo al PT en las elecciones presidenciales del 2014.

Frente a estas tres candidaturas, Dilma no tendría la vida fácil, aunque continúe siendo la favorita. En esa configuración, un segundo turno sería casi inevitable y la candidatura opositora, reuniendo el apoyo de las demás, tendría chances reales de vencer. Por eso el PT está tan empeñado en mantener a Eduardo Campos y a su partido dentro de la coalición de gobierno. Pero, de nuevo, lo que importa es el futuro. Y para Eduardo Campos el futuro recomienda que dispute ya la Presidencia de la República, aunque sea para perder. Dentro de la coalición dirigida por el PT, siempre será un “outsider” y jamás tendrá la preferencia. Y él lo sabe.

La oportunidad del PT en esta disputa será tanto mayor cuanto mejor sepa cortar su propia carne, mostrándose más abierto a los vientos de la sociedad que al pesado aire de la máquina partidaria. Y la sociedad brasileña viene cambiando y presentando demandas que superan la capacidad de oferta de los gobiernos y de la política, lo que pone siempre en riesgo la continuidad en el poder.

Éste es el escenario, a menos que lo (¿aparentemente?) improbable ocurra. Podría concretarse bajo la forma de una ruptura del euro que aborte la lenta recuperación de la economía mundial, lo que pondría un peso adicional sobre el ya moroso crecimiento de la economía brasileña en los últimos dos años. Podría venir también de la política, si Marcos Valerio, por ahora condenado a 40 años y 36 días de prisión, casi cuatro veces la condena de José Dirceu, no se esté echando un farol en las amenazas que hizo mediante declaraciones a la prensa, cuando dijo estar dispuesto a negociar la reducción de su pena a cambio de informaciones que, según él, implicarían al expresidente Lula en el escándalo del “mensalão”. Bajo la primera hipótesis, Lula podría surgir como alternativa a la reelección de Dilma. Bajo la segunda, las oposiciones pasarían a la ofensiva y se invertiría el favoritismo para las presidenciales del 2014.

Fuente: Infolatam


 
Acerca del autor
Sergio Fausto
Sergio Fausto
Es politólogo y se desempeña como Superintendente ejecutivo del Instituto Fernando Henrique Cardoso. Es co-director del proyecto Plataforma Democrática y la colección de El Estado de la Democracia en América Latina. Es miembro del Grupo de Análisis de la Coyuntura Internacional (Gacint) por la Universidad de Sao Paulo y columnista del diario O Estado de S.Paulo. Fue asesor de los Ministerios de Finanzas y Planificación 1995-2002 e investigador en el Centro Brasileño de Análisis y Planificación (CEBRAP).