Artículos / Opinión
Carlos Sabino

Lo que queremos

No escribo esta vez como "corresponsal de la agencia AIPE en Venezuela", ni como sociólogo, ni como analista de la situación económica o política del país: escribo como un simple ciudadano que fue a la marcha del 23E, que golpea con rabia sus cacerolas, que agita banderas negras de luto y se complace en cantar, como otros muchos, "se va, se-va-se va-se-va, se vaaaa, se vaaaa".

Por Carlos Sabino
Twitter: @Sabino2324
10 de marzo de 2002
 

No escribo esta vez como "corresponsal de la agencia AIPE en Venezuela", ni como sociólogo, ni como analista de la situación económica o política del país: escribo como un simple ciudadano que fue a la marcha del 23E, que golpea con rabia sus cacerolas, que agita banderas negras de luto y se complace en cantar, como otros muchos, "se va, se-va-se va-se-va, se vaaaa, se vaaaa". Quiero transmitir, en lo posible, lo que piensa la gente, lo que he escuchado en las últimas semanas durante lo que han sido, quizás, las más grandes movilizaciones espontáneas de toda la historia de Venezuela.

Voy a ser franco desde el principio, como ciudadano de a pie, no limitado por organización, grupo o partido político alguno: lo que la gente quiere es que se vaya Chávez. Así, claro, directo, sin atenuantes ni reservas. Que el presidente se vaya, que renuncie o se le obligue a renunciar. Y esto es bueno que lo sepan quienes hoy, por una u otra razón, se encuentran en una posición dirigente dentro de ese movimiento amplio y sin duda confuso que se llama "oposición": no se sale a la calle del modo en que se lo ha hecho para que, simplemente, se abra un diálogo con este o aquel sector o para que se cambien siete u ocho artículos de una ley.

La gente está hastiada de Chávez, absolutamente cansada de verlo allí, representando al país, interrumpiendo todo con sus cadenas totalitarias, avergonzando a los más con sus ridiculeces y sus desplantes, amenazando y
gritando como un energúmeno. Son muchos también los que temen que, entre Chávez, las FARC y Fidel Castro, nos lleven a una versión más del agotado comunismo, nos priven de la propiedad, nos hagan pasar por el calvario que ya han sufrido cubanos y nicaragüenses. Son muchos también los decepcionados, los que creyeron que iba a combatir la corrupción y la inseguridad y se encuentran ahora con que desde el mismo poder del estado se estimula y se fomenta estas lacras. Y no faltan los que también han descubierto que a la pobreza no se la combate con discursos altisonantes, atacando a los ricos, otorgando algunas dádivas que al final engrosan
mayormente los bolsillos de los que las reparten. Están, para cerrar esta incompleta lista, los que no quieren la militarización del país, los que desean volver a la institucionalidad, los que repudian el endiosamiento de un caudillo que se presenta como infalible pero agrede a todo el mundo, los que se sienten ofendidos como católicos o no soportan que se acose a los medios de comunicación.

Venezuela está harta de Chávez y sabe que tiene que seguir presionando para que se vaya, no importa si para algunos es temprano, no importa si no se han cumplido todas las etapas que otros demandan. Varias personas me han dicho ya que hay que seguir en la calle, que la lucha no se puede detener, que la próxima vez hay que marchar a Miraflores. Y tienen razón: negociar, esperar, dar largas al asunto es simplemente dejar que Chávez reorganice sus fuerzas, darle la oportunidad para que se consolide y acabe de destruir el país. Sus fuerzas son escasas, ciertamente, pero son las únicas que en Venezuela quieren la violencia y están dispuestas, ominosamente, a emplearla.

Pero a la gente que manifestó, y que con toda seguridad va a seguir manifestando, no le dan miedo las bandas agresoras, los niples, ni la presencia de las tropas que el presidente dice que lo apoyan. O sí, tal vez le dan miedo, pero no les importa: piensan que es mejor enfrentar todo esto de una vez, asumiendo las consecuencias, que seguir el camino de someterse pasivamente a quien nos quiere imponer su dictadura.

Los ejemplos del Muro de Berlín, de Fujimori, de Bucaram, De la Rúa y hasta del sanguinario Milosevic, se sienten flotar en el aire de Caracas. No es todavía el momento de pensar en programas económicos o sociales, que tendrán que ser debatidos luego democráticamente, no es el momento de escoger a los dirigentes que irán dado forma a la Venezuela que surja de esta terrible hora. Es, simplemente, la hora de que Chávez se vaya.

 
Acerca del autor
Carlos Sabino
Carlos Sabino
Licenciado en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Es profesor titular de la Escuela de Sociología y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela y profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Es miembro de la Mont Pelerin Society, y corresponsal de la agencia AIPE en Venezuela. Entre sus libros figuran: Empleo y Gasto Público en Venezuela; De Cómo un estado Rico nos Llevó a la Pobreza; El Fracaso del Intervencionismo en América Latina; Desarrollo y Calidad de Vida; y Guatemala, dos Paradojas y una Incógnita.
Twitter: @Sabino2324