Artículos / Opinión
Carlos Sabino

Chavez se queda solo

Una multitud de 200.000 personas, la mayor que se recuerde en Caracas, salió a manifestar el pasado miércoles 23 de enero -fecha en que se conmemora en Venezuela el nacimiento de la democracia moderna- convocada por decenas de organizaciones políticas, civiles y gremiales que se oponen al presidente Chávez.

Por Carlos Sabino
Twitter: @Sabino2324
2 de febrero de 2002
 

(AIPE) Una multitud de 200.000 personas, la mayor que se recuerde en Caracas, salió a manifestar el pasado miércoles 23 de enero -fecha en que se conmemora en Venezuela el nacimiento de la democracia moderna- convocada por decenas de organizaciones políticas, civiles y gremiales que se oponen al presidente Chávez. La marcha recorrió el centro de la ciudad para mostrar el repudio a una gestión de gobierno autoritaria y de marcado tinte socialista y se caracterizó por el pluralismo y la amplitud: había hombres y mujeres, jóvenes y personas de edad, empresarios, obreros, amas de casa y conocidas personalidades.
Fue una marcha alegre, sin cabeza o liderazgo visible ni tendencia partidista alguna, que espontáneamente encontró un punto común de convergencia para todos los sectores: la salida de Chávez del poder. Este, entretanto, hizo todo lo posible para suavizar una derrota política que, de todos modos, no pudo evitar: puso en "cadena" la televisión y las radios tres veces en un mismo día, prohibió que helicópteros sobrevolasen la marcha
para que no hubiese testimonios gráficos de su amplitud y convocó, él mismo, una concentración de sus escasos partidarios. Gastando millones de dólares y llegando hasta el recurso inaudito de vestir con ropas civiles a soldados para que engrosasen su marcha, el presidente no logró reunir siquiera 30.000 personas.
El veredicto de la población fue claro: es una inmensa mayoría la que quiere que Chávez se retire ya del poder, porque muy pocos creen -a esta altura- que el irascible caudillo pueda emprender la rectificación que tanto se le ha pedido. Y, si alguna duda quedaba al respecto, la reacción ante la derrota del 23 ha terminado de aclarar la situación. Luis Miquilena ha salido del Ministerio del Interior para ser reemplazado por quien es el enlace de las FARC colombianas en Venezuela, mientras que Adina Bastidas -que se ha atrevido a justificar al terrorismo de Bin Laden en público y es la autora de las 49 leyes de tendencia procomunista aprobadas recientemente- pasa ahora a la delicada cartera de Producción y Comercio. Al día siguiente de la marcha, como si tratara adrede de romper todos los vínculos con la opinión civilizada del país, Chávez pronunció un discurso grosero y muy duro contra la Iglesia Católica. Perdido el apoyo de Miquilena, rodeado sólo por los llamados "talibanes" de su partido, el presidente no tiene ahora en la práctica ningún respaldo político de importancia. El caudillo está solo y su porcentaje de aprobación, en las encuestas, ha descendido hasta menos del 20% de la ciudadanía.
Pero la soledad ha resultado ser, en este caso, una mala consejera. Cuanto más aislado se siente Chávez más intenta radicalizar su supuesta revolución y cada vez que, decepcionado, lo abandona un personaje más o menos moderado de su entorno, él lo reemplaza por gente sin preparación, con ideas obsoletas, pero perrunamente fiel a su persona.
Esta claro que, en tales condiciones, es imposible gobernar un país moderno como Venezuela. Pero la terquedad de Chávez, sus limitaciones intelectuales y políticas, impiden que pueda lograrse en lo inmediato la salida que el
país necesita. Por eso muchos buscan, ya desesperadamente, las fórmulas institucionales que impidan proseguir esta escalada de enfrentamientos y la carencia de un gobierno realmente representativo. Nuevas acciones se
preparan, cada vez más amplias, para oponerse a las tendencias dictatoriales del retrógrado caudillo, aunque todavía es imposible predecir el desenlace que tendrá la situación. Pero una cosa es clara: el pequeño grupo de
extremistas que hoy detenta el poder nada podrá hacer, en definitiva, contra toda una sociedad que les ha perdido el miedo y está dispuesta a la acción para que Venezuela retorne a la paz y la convivencia civilizadas.

Carlos Sabino es autor del libro El fracaso del intervencionismo en America Latina.

 
Acerca del autor
Carlos Sabino
Carlos Sabino
Licenciado en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Es profesor titular de la Escuela de Sociología y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela y profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Es miembro de la Mont Pelerin Society, y corresponsal de la agencia AIPE en Venezuela. Entre sus libros figuran: Empleo y Gasto Público en Venezuela; De Cómo un estado Rico nos Llevó a la Pobreza; El Fracaso del Intervencionismo en América Latina; Desarrollo y Calidad de Vida; y Guatemala, dos Paradojas y una Incógnita.
Twitter: @Sabino2324