Artículos / Opinión
Pablo Díaz de Brito

Potosí: Evo, víctima de su propia fórmula

El dilema de Evo demuestra cómo este tipo de procesos, por fuera de los cánones y mecanismos de la democracia constitucional representativa (es decir, liberal) llevan con rapidez a una situación ingobernable aún para sus propios beneficiarios.

Por Pablo Díaz de Brito
Twitter: @pablodb1
21 de agosto de 2010
 

El reciente conflicto en la región de Potosí señala el creciente protagonismo de los reclamos regionales en Bolivia, de la mano de los movimientos cívicos. Es la misma dinámica que en 2003-2006 impulsó a Evo Morales desde su rol regional de dirigente de los campesinos cocaleros de Cochabamba a la presidencia de Bolivia.

Ahora esa dinámica que él usufructuó se le ha vuelto en contra. El pasado jueves 19 de agosto, Evo tachó de "traidores" a quienes desde su formación política, el MAS, apoyaron en Potosí la rebelión cívica. El calificativo refleja la frustración del presidente ante la que es tal vez su peor derrota en cuatro años y medio de presidencia. Porque poco puede hacer, más que quejarse y amenazar, dado que reprimir a mineros, amas de casa y estudiantes como los de Potosí destruiría ipso facto, no ya su imagen, sino su misma legitimidad, y levantaría a las otras regiones del país.

El dilema de Evo demuestra cómo este tipo de procesos, por fuera de los cánones y mecanismos de la democracia constitucional representativa (es decir, liberal) llevan con rapidez a una situación ingobernable aún para sus propios beneficiarios. Evo, en este caso.

Como se dijo, él nace políticamente de este modo de plantear el conflicto social y de hacer política. Llega al poder gracias a la legitimación de esta modalidad, la de la violencia del bloqueo y las tomas de edificios públicos y empresas, y ahora la sufre en carne propia.

El sociólogo boliviano Salvador Romero Pittari ve a la Constituyente querida por Evo como origen del problema. Esa asamblea pasó por múltiples irregularidades y violencias antes de parir la nueva Constitución. “Allí se buscó sustituir una forma de organización política, social, caracterizada como neoliberal, por otra comunitaria, plurinacional, descolonizadora, que puso en el centro de la escena, antes que al proletariado, a los movimientos sociales regionales, étnicos, comunitarios, de minorías, cercanos a la idea de ‘multitud’ de los filósofos neomarxistas”, como Toni Negri, apunta Romero Pittari.

La disfuncionalidad de esta propuesta con la gestión diaria de un país resultó evidente a poco de andar, y Potosí la pone dramáticamente en escena a costa de Evo, impulsor de la nueva Constitución movimientista, multiétnica y antiliberal. El analista boliviano remacha: “La ilusión de creer que el poder constituyente es una fuerza expansiva, que produce la Constitución y luego las leyes, que se identifica con las políticas, no pasa históricamente de ser una ilusión ideológica. Ni los gobiernos ni los ciudadanos resisten los desbordes permanentes, como constata el régimen actual, que sufre el rechazo de sus leyes, del orden que propone, por los mismos movimientos populares que consagró constitucionalmente”.

Es que en aquella Constituyente, “se creyó posible conciliar la efervescencia, la libertad de un momento excepcional de la política con el funcionamiento del orden normal. Dilema que las grandes revoluciones del pasado no consiguieron resolver”. Asunto viejo como el siglo pasado, más, como la primera mitad del siglo pasado.

Pablo Díaz de Brito es periodista y miembro de la Red Puente Democrático Latinoamericano.

Fuente: Diario La Capital (Rosario, Argentina)

 

 
Acerca del autor
Pablo Díaz de Brito
Pablo Díaz de Brito
Periodista.
Twitter: @pablodb1