Artículos / Opinión
Pablo Díaz de Brito

Más allá del conflicto sectorial con el campo

El gobierno argentino logró cohesionar en su contra a todo un bloque social que está vinculado a los intereses de un sector productivo, el rural. Un logro negativo, por supuesto, y por lo tanto un enorme error político. Para colmo, ese sector productivo recibió, también por rechazo al poder K, las simpatías activas de las clases medias urbanas no peronistas, o sea, de la gran mayoría de las clases medias urbanas.

Por Pablo Díaz de Brito
Twitter: @pablodb1
22 de abril de 2008
 

Hay una enorme dificultad, y no solamente en el gobierno nacional, para entender que el conflicto del campo ya no es un conflicto sólo sectorial, como tal vez lo fue hasta antes de la huelga de 21 días y de las retencioes móviles. En minoritarios sectores de los medios y de la clase media, entre los que aún simpatizan con CFK o bien se ubican a su izquierda, se insiste en enfocar el conflicto como puramente sectorial, con los productores rurales; más en particular, con los de granos, y más en particular aún, con los de soja.

Un error mayúsculo: ya no es así, si así era antes de la huelga. Ahora la confrontación es del gobierno y de quienes lo apoyan con todo un sector social y geográfico de la Argentina: con esos miles de pueblos de la Pampa gringa, sobre todo, pero también del centro y sur de Buenos Aires y más allá: Chaco, Cuyo, el NEA y NOA, etc. En una palabra, el gobierno logró cohesionar en su contra a todo un bloque social que está vinculado a los intereses de un sector productivo, el rural. Un logro negativo, por supuesto, y por lo tanto un enorme error político. Para colmo, ese sector productivo recibió, también por rechazo al poder K, las simpatías activas de las clases medias urbanas no peronistas, o sea, de la gran mayoría de las clases medias urbanas. Que en octubre pasado ya no votaron a CFK, pese a que se presentaba como la cara educada del poder K-pejotista, con amplias promesas de institucionalización, apertura al mundo, etc. Imagínense ahora, con la banda de Moyano, D'Elía y Pérsico al lado del atril de Cris. Históricamente, nunca hubo buen feeling entre las clases medias urbanas y los gringos del campo. CFK y su esposo lograron crear ese sentimiento de solidaridad y simpatía que nunca había existido.

Hoy un intendente K del interior está estudiando todos los días cómo hará, ante la nueva huelga rural que se avecina, para que en el pueblo no lo corran a cascotazos, y a la vez no recibir bolilla negra del partido desde la provincia o la nación. Un equilibrio imposible, ya que la lógica K es polarizar los conflictos en vez de atenuarlos, como se hace en todos los demás países, desarrollados o no. Es el propio Néstor el que extrema el conflicto, así que esos cientos de intendentes K del interior están en una disyuntiva de hierro. Además, el conflicto sirvió para poner en el foco de la atención pública el centralismo fiscal, herramienta clave del poder kirchnerista. Gobernadores e intendentes saben ahora que el tema está en el tapete, y que se tendrán que mostrar ante sus votantes reclamando por el federalismo fiscal. De manera que no tiene retorno su situación, y sólo les queda sumarse a sus bases electorales y territoriales, como ya ha comenzado a ocurrir. Esta es una grieta profunda en el poder K-PJ, silenciosa por ahora. Todavía no se explicita ni se ve a simple vista, pero ahí está. Esta grieta se profundiza aún más allí donde el conflicto paró en seco a la pujante agroindustria, trayendo zozobra donde hasta hace pocas semanas había gran optimismo y un horizonte de crecimiento (se rompieron la mitad de los boletos firmados por maquinaria en la última exposición de Armstrong, dicen en la FAA). Súmese a todo esto que muchísimos de esos dirigentes políticos locales nunca tuvieron verdadera afinidad ideológica, ni mucho menos emocional, con los K. De hecho, ya desde la huelga, con los sucesivos actos de Cristina, quedó claro que el círculo de fieles se había reducido drásticamente, y el palco de Plaza de Mayo se debió rellenar con ministros y secretarios. Intendentes sólo hubo del Conurbano, donde sí tiene fidelidad (mafiosa) asegurada el gobierno, mientras tenga $ para repartir impunemente. Pero con esos buenos muchachos no alcanza para ganar bien una elección nacional. De hecho, en los mismos partidos del Conurbano también hay una minoría importante de voto de clase media y no todo es allí voto clientelar del PJ. En las elecciones del año pasado Binner y Lifchiftz ganaron en distritos de la periferia de Rosario que eran históricamente voto seguro del PJ. Y en la vecina ciudad de Villa Gobernador Gálvez se pulverizó el histórico voto clientelar pejotista. No hay que descartar que algo similar pueda ocurrir en el futuro en algunos distritos del Conurbano. En todo caso, remontar la caída brutal de Cris en todas las encuestas recientes no será tarea fácil. Mucho menos con una inflación real que ya está por encima del 30% anual y subiendo todos los meses.

 

 
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Twitter: @pablodb1