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Gonzalo Bustamante Kuschel

Artistas y Empresarios: la fuerza de la creatividad

Ser empresario no siempre, por exitoso que se sea, va acompañado de buena prensa, al menos en nuestro continente. Pero no es raro que los artistas y empresarios coincidan en muchos aspectos, por más que a veces a los primeros les cueste reconocerlo. Desde Adam Smith, Benjamín Franklin hasta economistas como Fogel y McCloskey, queda claro que la vida empresarial se basa en la creatividad, cooperación, trabajo en equipo, lealtad, valentía y sentido de la justicia, en suma en virtudes humanas. Todas ellas acompañadas del sueño que siempre mueve a todo creador. ¿Qué nos falta aun en nuestro continente?: confiar más en la creatividad.

Por Gonzalo Bustamante Kuschel
1ro de junio de 2007
 

Ser empresario no siempre, por exitoso que se sea, va acompañado de buena prensa, al menos en nuestro continente. No cabe duda que la Historia es un conjunto de experiencias vividas sobre nuestro pasado que nos permite entender mejor el presente y soñar así con el futuro. Es por eso que vale la pena detenerse en la vida de dos íconos de la vida empresarial para entender mejor cuáles son los desafíos que enfrentan los hombres del emprendimiento y nuestra sociedad en la era del conocimiento del siglo XXI.

Peter Paul Rubens, el famoso pintor barroco del siglo XVI junto con su condición de artista era un hombre de negocios, exitoso, rico, que ocupaba su “comprensión del Mercado” para vender sus obras. Como buen emprendedor, se levantaba todos los días a las cuatro de la mañana, no sólo para pintar, sino que además para aprender idiomas (era políglota), cabalgar caballos, cumplir con los mandatos de un devoto católico y analizar el arte y arquitectura de otras culturas. Entre sus importantes clientes, además de comerciantes adinerados, se contaban monarcas, tales como Felipe IV de España y Carlos I de Inglaterra. Rubens ocupaba parte importante de su tiempo en relaciones públicas que le permitiese mantener a un público cautivo. Obviamente, nunca imaginó que su obra la Masacre de los Inocentes llegaría a estar entre las 10 obras más caras de la historia. Se vendió el año 2002 en más de 76.000.000 de dólares. Una característica de un hombre de negocios como Rubens era la creatividad, acompañada de sentido común y una comprensión y preocupación por el ser humano que se refleja en su obra. Sin duda, el ambiente de emprendimiento y libertad que se vivía en general en la zona de los Países Bajos, donde se generaría la primera economía moderna de la Historia, permitía el desenvolvimiento de artistas-empresarios como Rubens, de admiradores de la pujanza comercial como Rembrandt y de hombres de negocios del arte como Hendrick van Uylenburgh.

Antón Rupert, el empresario sudafricano creador del grupo Rembrandt (el nombre ya indica algo) dueño de las marcas Dunhill, Cartier, Piaget, entre otras, poseía en su oficina esculturas originales de Rodin como símbolo de lo que debe ser la actividad empresarial: crear oportunidades y materializarlas. Rupert decía que la actividad empresarial implica un compromiso para con los accionistas, para con los empleados y también para con la comunidad. Las empresas no se encuentran aisladas de la sociedad, por eso (a su juicio) así como se requiere para el desenvolvimiento de los negocios un ambiente político y económico propicio, los hombres de negocios tienen la obligación de ayudar a crearlo. Es así como  Rupert crea la Small Business Development Corporation a inicio de los años 80 para ayudar a generar empleo. A la fecha ha logrado puestos de trabajo para más de medio millón de personas. De igual forma su preocupación, tanto por el patrimonio cultural como medioambiental de su país, lo llevará a crear organizaciones que contribuyan a su cuidado y promoción. Rupert, a la inversa de Rubens, no le tocó emprender en un medio propicio: el Apartheid y la situación de pobreza extrema de la población de color de su país claramente eran vientos en contra, por eso se propuso en su vida contribuir a la superación de ambos. Para Rupert Leaderships y Partnerships eran inseparables. La labor de la empresa es siempre inserta en una sociedad.

Estos son sólo dos ejemplos de algo que es una constante en la vida humana y que se refleja en el mundo de los negocios: su verdadero fundamento no es el interés propio sino el deseo de crear y construir. Es por eso que no es raro que los artistas y empresarios coincidan en muchos aspectos, por más que a veces a los primeros les cueste reconocerlo. Desde Adam Smith, Benjamín Franklin hasta economistas como Fogel y McCloskey, queda claro que la vida empresarial se basa en la creatividad, cooperación, trabajo en equipo, lealtad, valentía y sentido de la justicia, en suma en virtudes humanas. Todas ellas acompañadas del sueño que siempre mueve a todo creador.

¿Qué nos falta aun en nuestro continente?: confiar más en la creatividad. ¿Significa esto que todo empresario es “bueno per se”? Obvio que no, lo cual por cierto también se puede decir de otras actividades, la falsedad, el egoísmo, la deshonestidad, no es propio de “tal o cual actividad” sino parte de los defectos que se pueden dar en la naturaleza humana. Los Países Bajos de la “Era de Oro” siguen siendo un ejemplo válido para nuestro tiempo de lo que la creatividad acompañada de virtudes humanas y un ambiente de respeto a  la libertad puede generar, inclusive en lugares donde lo único que sobraba era la falta de recursos naturales. Ese desafío sigue presente en la Sociedad del Conocimiento del siglo XXI. Ojalá la educación de las virtudes humanas, de un espíritu de emprendimiento y de fomento a la creatividad se haga presente en los colegios, universidades y escuelas de negocios. Es la única forma de aspirar a tener Rubens y Rupert, pues las matemáticas por si sólo no bastan y sin estos “artistas” no hay posibilidades de desarrollo.

Gonzalo Bustamante Kuschel es Profesor de Filosofía en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile).

 

 
Acerca del autor
Gonzalo Bustamante Kuschel
Gonzalo Bustamante Kuschel
Profesor de Filosofía Política en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile) y profesor de Ética en el Centro de Formación para Ejecutivos de la mencionada universidad. Es Director de PhilosChile y está doctorando en Culture of Economics en la Universidad Erasmus de Rotterdam. Ha realizado seminarios de Historia del Pensamiento Económico en el Erasmus Institute of Philosophy and Economics en calidad de alumno de postgrado y sobre Ética de Negocios en la Stellenbosch University.