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Fernando J. Ruiz

¡Y Jacobo resucitó!

Hace treinta años, el 25 de mayo de 1977, el general Jorge Rafael Videla intervino el diario La Opinión de Jacobo Timerman, cerrando así la que fue una de las principales experiencias de periodismo político que existieron en la Argentina en el último medio siglo.

Por Fernando J. Ruiz
Twitter: @fejaruiz
30 de mayo de 2007
 

Hace treinta años, el 25 de mayo de 1977, el general Jorge Rafael Videla intervino el diario La Opinión de Jacobo Timerman, cerrando así la que fue una de las principales experiencias de periodismo político que existieron en el país en el último medio siglo.

Hoy no existe un periodismo similar. Clarín, La Nación , Ámbito Financiero y Página 12 tienen partículas de su espíritu, e intentan replicarlas y difundirlas. Son, en gran medida, un tributo al viejo Jacobo. Pero ni la época ni su diferente mezcla de elementos han podido producir algo similar a lo que Timerman cocinó en ese diario.

En primer lugar, había pluralidad ideológica. Escribieron allí desde Juan Gelman, Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso, hasta Roberto Roth, Rodolfo Terragno y Julio Ramos. Y no siempre fueron distintas épocas. En un mismo ejemplar, se podían encontrar en forma habitual las opiniones cruzadas de Jorge Abelardo Ramos y de Mariano Grondona, o de Emilio Hardoy y de Juan Carlos Portantiero.

Era esa la argentinidad periodística, bastante similar en sus principales figuras a la actual. Pero la gran diferencia con la actualidad es que uno podía leer esas plumas sin moverse de diario. Hoy seguramente tendrá que acumular mucho papel en su casa para poder leer en un día un panorama pluralista de la actualidad. Antes, estaba Timerman que arreglaba eso. La inteligencia encontraba menos peajes ideológicos para ingresar a esas páginas.

Y eso se recompensaba con lectores. No era un diario de cuevas, de sectas, de camarillas. Lectores de todas las ideologías lo leían. Era eso un ABC1 de la inteligencia que incluía empresarios, militares, escritores, políticos, universitarios, que leían allí pensamiento libre. Cuando con el rodrigazo los diarios de Buenos Aires perdieron miles de lectores, y algunos de los medios nunca se recuperaron desde entonces, y La Opinión duplicó su circulación.

En segundo lugar, no había moldes. Había libertad creativa y no había miedo a la innovación. El director era dictador, pero creativo, impulsaba las innovaciones: lo impulsó a Carlos Ulanovsky a ingresar a fondo en el mundo de los medios, o a Osvaldo Soriano a buscar miradas periodísticas diferentes en la realidad. Ahora hay mucho temor al cambio en los periodistas. Son los gerentes los que lideran el cambio. Los periodistas acompañan sin conducir.

En tercer lugar, hubo coraje. En los momentos más duros de la Argentina contemporánea, La Opinión fue más allá de los otros diarios grandes en la defensa de los valores básicos. Cuando Zelmar Michelini apareció muerto después de haber sido secuestrado impunemente del hotel Liberty, sobre la calle Corrientes, el diario fue a fondo. Siempre recuerdo una extraña y coloquial cita del diario, en la portada, con unos paréntesis no usuales, como sugiriendo complicidad con el lector, que decía: “(Por supuesto que La Opinión puede quedarse piola en el molde, y despreocuparse de la suerte de estos dos colegas. Pero ¿y entonces, qué?)”. (“Reflexión”, La Opinión , 4 de marzo de 1977, p. 1). Se refería a Mario Mactas y Oscar Blotta, que editaban las publicaciones Ratón de Occidente y Emmanuelle , quienes habían sido secuestrados dos días antes. Eso fue un acto de valor que aún hoy da miedo.

Las columnas en aquellos meses de Pablo Giussani, José Ignacio López o Mario Diament, también empujaban la delgada línea de lo que se podía decir en un diario con tanta llegada e influencia. La misma audacia que existió cuando Timerman, en persona, escribía los artículos contra los Montoneros y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) en pleno auge del guerrillerismo argentino. ¿Habrá existido esa reunión de la cúpula montonera en la que se discutió el ajusticiamiento de Timerman, después que el editor sugirió que los Montoneros podían haber sido los asesinos del padre Mugica? “Creo que Carlos Mugica merece que, por él, entremos todos en la tierra de nadie”, había escrito Timerman pocas horas después del asesinato del sacerdote. También, por supuesto, las balas de la Triple A estuvieron listas para el diario que decía sobre López Rega lo que nadie se animaba a decir en público, ni siquiera los grandes actores políticos como el sindicalismo peronista, el radicalismo o los militares. “Lo que ocurrió es que vos creíste ver una cruel y mortal amenaza en lo que no pretendió ser más que un modesto pronóstico”, le escribió en 1975 el comunicador lopezreguista Felipe Romeo a Heriberto Kahn, el periodista de La Opinión que más investigó a López Rega.

En cuarto lugar, hubo ambición de grandeza. Timerman estaba desarrollando durante 1976 el lanzamiento de un diario en Nueva York para competir nada menos que con “The New York Times”, seguramente con la ayuda del banquero David Graiver. Faltaba periodismo interpretativo en Nueva York, era la interpretación de Timerman. Y la verdad es que esa tendencia fue la que tomó el diario más importante del mundo desde más o menos esa fecha. La visión de Timerman fue acertada, pero en Argentina ese sueño se sepultó. Y luego, además, se secuestró al visionario, se lo expulsó, y se le retiró la ciudadanía, ante el silencio (diríamos, apoyo) de la gran prensa de aquel momento.

Se murió Julio Ramos, se retiró Héctor Ricardo García, y Jorge Lanata no se pudo consolidar como director. Los directores-periodistas están en retirada. Mientras, el management avanza y el horizonte trae impresionantes cambios en el futuro de los medios y de las audiencias. El mundo de los medios necesita nuevos capitanes que vibren con el periodismo.

¿Habrá que sentarse a esperar que Jacobo resucite para poder vivir otra vez las vibraciones del periodismo? Un buen ejercicio sería pensar qué periodismo haría Timerman en el 2007. ¿Haría lo que estamos haciendo ahora? Pluralidad ideológica, creatividad de los periodistas, coraje y vocación de grandeza, son buenos caminos en una nueva hoja de ruta para renovar el periodismo argentino.

Fernando J. Ruiz es Profesor de la Universidad Austral, autor de Las palabras son acciones: historia política y profesional del diario La Opinión de Jacobo Timerman, 1971-1977 (Perfil Libros) e Investigador Asociado de CADAL.

 
Acerca del autor
Fernando J. Ruiz
Fernando J. Ruiz
Profesor e investigador tiempo completo de Periodismo y Democracia e Historia de la Comunicación en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral (Argentina). Doctor en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra y Licenciado en Ciencias Políticas, Universidad Católica Argentina (UCA). Es autor de los libros “Las palabras son acciones: historia política y profesional del diario La Opinión de Jacobo Timerman, 1971-77”, “Otra grieta en la pared: informe y testimonios de la nueva prensa cubana”, “El señor de los mercados. Ambito Financiero, la City y el poder del periodismo económico”. Es vicepresidente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea).
Twitter: @fejaruiz