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Gonzalo Bustamante Kuschel

¿Chávez?, ¡No!: Arranca de la masa

El fascismo más que una doctrina sólida y coherente es una retórica mitológica-popular que busca la manipulación. Las huellas de Maquiavelo son nítidas en Mussolini. El fascismo es por esencia populista. El populismo de Chávez es de corte similar. Crea un enemigo: su principal socio comercial, ataca un fenómeno: la globalización, genera una leyenda fundacional: el bolivarismo, que es entendido como “anti-occidental” a pesar de haber sido Simón Bolívar, el auténtico, un hijo de la Ilustración.

Por Gonzalo Bustamante Kuschel
1ro de mayo de 2007
 

“Siempre la gloria es una simplificación y a veces una perversión de la realidad”, así inicia el gran Borges su artículo de 1940 sobre otro autor que, al igual que él, vio en una de las máximas de Séneca el sentido de la vida: “arranca de la masa”. Nietzsche al igual que Borges nos previene del peligro de la masificación, de la colectivización y del falso endiosamiento. Ser un número más, es lo opuesto de lo humano. Para ambos, individualidad e identidad son inseparables, por eso la vida humana, la que merece ese calificativo, es la marcha de la libertad. ¿Cuándo se jodió Latinoamérica? Zavalita: no fueron los españoles, ni los imperios indígenas, ni los portugueses, ni el Tío Sam: el populismo y la falta de instituciones basadas en la responsabilidad que nace de la valoración a la individualidad nos tiene así.

Chávez es la antitesis del gran escritor argentino: aspira a la gloria, crea mitos, pervierte la realidad. ¿Cuál es su ideología? ¿La tiene? El populismo es lo contrario a la Democracia, busca la manipulación, el dominio retórico y la unidad entre el líder y “el pueblo” entendido como un sujeto único. Ese “pueblo” es abstracto, no son los individuos concretos de la sociedad que interactúan, sino un mito creado en base a un enemigo común y una leyenda: se apela a un supuesto pasado glorioso que se rompe por la irrupción de un enemigo que representa el mal absoluto. Lo anterior, por cierto, no quita que se siga haciendo negocios con él y se le venda petróleo a un muy conveniente precio. El demagogo requiere de recursos.

¿Qué distingue el simple “conservadurismo” del “fascismo”? El primero implica una amplia gama, desde quienes aceptan el cambio pero reteniendo ciertas tradiciones y por tanto rechazando “el cambio por el cambio” hasta quienes reaccionan ante lo nuevo entendiéndolo como una amenaza. El fascismo, más allá de las diferencias nacionales con que se ha dado en distintos países (basta pensar en lo que separa a Mussolini, Salazar,  Codreanu y Perón) aspira a un nuevo hombre que se funda mitológicamente y que siempre se dirige al “pueblo” como un todo orgánico fundado en ese mito. El fascismo más que una doctrina sólida y coherente es una retórica mitológica-popular que busca la manipulación. Las huellas de Maquiavelo son nítidas en Mussolini. El fascismo es por esencia populista.

El populismo de Chávez es de corte similar. Crea un enemigo: su principal socio comercial, ataca un fenómeno: la globalización, genera una leyenda fundacional: el bolivarismo, que es entendido como “anti-occidental” a pesar de haber sido Simón Bolívar, el auténtico, un hijo de la Ilustración.

Si uno analiza el discurso de personajes como Jean-Marie le Pen se puede observar el mismo fenómeno: se le habla al “pueblo francés”, entendido,  no como quienes viven en el país sino como quienes representarían, supuestamente, un estado de pureza histórico-cultural del mismo, es el mito de la “gran nación” que se remonta a la lucha de los galos contra el “Imperio Romano”. Es fuertemente anti-americano, se combate contra este nuevo imperio, se usa una retórica anti-globalización en la cual se defendería “lo nuestro, lo propio” que estaría amenazado. En suma, la simbología reemplaza la reflexión.

Francia ha dado un gran paso al postergar las opciones de Le Pen de pasar a una segunda vuelta. A diferencia nuestra, así como existe una cultura filo fascista que en esa nación se remonta a la época del caso-Dreyfus, existe en paralelo y en grado mayor, otra de espíritu republicano y libertario. Esa es una de nuestras falencias.

Chávez, con su tono burlón y de payaso, explota lo que otros personajes en el pasado como él han producido para nuestro continente: populismo y pobreza, son inseparables, sin la segunda, se hace difícil sustentar la primera. No es casual que la mayor votación histórica de Le Pen provenga de las mismas zonas postergadas donde antes era votado el Partido Comunista francés, otra mitología revolucionaria. Por eso ningún populismo implica desarrollo, necesita su opuesto para existir.

¿Significa lo anterior que la Globalización es perfecta, que uno debería tener una visión del mundo actual y del papel de su principal potencia propio de Alicia en el País de las Maravillas? Obviamente no, sólo que no debemos olvidar que los éxitos y fracasos de los pueblos descansa en el valor individual de quienes los conforman y es ahí donde debemos dirigir nuestra mirada. La vida en comunidad y en sociedad, no se oponen a la libertad individual sino que se basan en ella. Es así como la totalidad de los países que hoy en día conocen el desarrollo lo han alcanzado: valoración de las personas, sentido de la responsabilidad y consolidación de instituciones que permitan la Democracia y la Economía de Mercado. No hay recetas mágicas, la teoría se ha probado en la práctica.

Ojalá nuestro continente revalore al gran Borges: “Las dictaduras podrían ser buenas, pero no lo son. Porque la dictadura ilustrada es una utopía. Y las militares son las peores”. Y eso incluye a quienes, a pesar de estar en retiro, se visten de color caquis o venden una imagen de impostura de guerrilleros de traje verde oliva. El populismo siempre incluye algún grado de simbología  militarizada. Si queremos salir del estancamiento debemos seguir a Séneca y “arrancar de la masa”.

Gonzalo Bustamante Kuschel es Profesor de Filosofía en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile).

 
Acerca del autor
Gonzalo Bustamante Kuschel
Gonzalo Bustamante Kuschel
Profesor de Filosofía Política en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile) y profesor de Ética en el Centro de Formación para Ejecutivos de la mencionada universidad. Es Director de PhilosChile y está doctorando en Culture of Economics en la Universidad Erasmus de Rotterdam. Ha realizado seminarios de Historia del Pensamiento Económico en el Erasmus Institute of Philosophy and Economics en calidad de alumno de postgrado y sobre Ética de Negocios en la Stellenbosch University.