Colapso de servicios y descapitalización industrial avivan el malestar social en Cuba
Vecinos de Motembo protestaron tras pasar once días sin electricidad, lo que provocó la pérdida de alimentos y escasez de agua. Las autoridades citaron a varios manifestantes, reflejando un descontento social que va en aumento.
En el poblado de Motembo, municipio de Corralillo, se produjo una airada protesta de un numeroso grupo de vecinos tras permanecer once días sin corriente eléctrica, agravado por la rotura de un transformador de la red de distribución. Entre los reclamos adicionales figuraron los alimentos descompuestos, la falta de agua y otros servicios básicos. Autoridades citaron a cuatro o cinco de los manifestantes, aunque no se ha podido precisar si fueron amenazados, multados o si enfrentarán procesos judiciales. Este tipo de protesta se considera la punta del iceberg de un malestar social que cobra fuerza cada vez más en el país.
Por otra parte, en el municipio de Cruces cerró sus puertas el taller de tolvas, dedicado a la reparación de locomotoras, coches, tolva y piezas de repuesto. Allí trabajaban más de un centenar de obreros, entre mecánicos, paileros, soldadores, torneros, personal administrativo y de oficina. Los trabajadores quedaron a disposición del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, que les ofrece labores como recogida de basura o producción de carbón.
En el lugar se instaló una mipymes dedicada a la confección de helados, panes y dulces. De manera similar, también cerró la fábrica de pastas largas, cuya producción se destinaba a las tiendas recaudadoras de divisas y al turismo.
Estos cierres refuerzan el proceso de descapitalización que atraviesa Cuba, tanto en infraestructura como en capital humano. Profesionales, técnicos medios y obreros calificados han ido desapareciendo, sin perspectivas de recuperación. Las rigideces y los temores a perder el poder mediante la apertura de libertades económicas y la descentralización han generado males como estos. Se observa además una tendencia hacia una suerte de autarquía económica, marcada por una política de sustitución de importaciones que ha cerrado al país al aprendizaje y la adquisición de destrezas del resto del mundo. Como expresó un ciudadano, “el país fue gestionado como una finquita privada".
En el poblado de Motembo, municipio de Corralillo, se produjo una airada protesta de un numeroso grupo de vecinos tras permanecer once días sin corriente eléctrica, agravado por la rotura de un transformador de la red de distribución. Entre los reclamos adicionales figuraron los alimentos descompuestos, la falta de agua y otros servicios básicos. Autoridades citaron a cuatro o cinco de los manifestantes, aunque no se ha podido precisar si fueron amenazados, multados o si enfrentarán procesos judiciales. Este tipo de protesta se considera la punta del iceberg de un malestar social que cobra fuerza cada vez más en el país.
Por otra parte, en el municipio de Cruces cerró sus puertas el taller de tolvas, dedicado a la reparación de locomotoras, coches, tolva y piezas de repuesto. Allí trabajaban más de un centenar de obreros, entre mecánicos, paileros, soldadores, torneros, personal administrativo y de oficina. Los trabajadores quedaron a disposición del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, que les ofrece labores como recogida de basura o producción de carbón.
En el lugar se instaló una mipymes dedicada a la confección de helados, panes y dulces. De manera similar, también cerró la fábrica de pastas largas, cuya producción se destinaba a las tiendas recaudadoras de divisas y al turismo.
Estos cierres refuerzan el proceso de descapitalización que atraviesa Cuba, tanto en infraestructura como en capital humano. Profesionales, técnicos medios y obreros calificados han ido desapareciendo, sin perspectivas de recuperación. Las rigideces y los temores a perder el poder mediante la apertura de libertades económicas y la descentralización han generado males como estos. Se observa además una tendencia hacia una suerte de autarquía económica, marcada por una política de sustitución de importaciones que ha cerrado al país al aprendizaje y la adquisición de destrezas del resto del mundo. Como expresó un ciudadano, “el país fue gestionado como una finquita privada".
