Noviolencia y Proyecto Nacional: Un Camino Propio hacia la Libertad.
El verdadero cambio democrático en Cuba debe ser gestado por su propio pueblo mediante la resistencia noviolenta organizada, rechazando tanto las intervenciones militares extranjeras como los golpes de Estado como soluciones duraderas.
Hoy quiero hablarles de nuestro destino común y de las alternativas que se abren ante nosotros. Algunos discursos han oscilado entre la ilusión de una intervención militar extranjera y la apelación a la movilización interna sin estrategia definida. Esa ambivalencia no nos conduce a puerto seguro. Ni los golpes de Estado ni la intervención extranjera son soluciones legítimas o duraderas. Lo que Gene Sharp nos enseñó es claro: el poder se sostiene en la obediencia, y cuando el pueblo retira esa obediencia de manera organizada y noviolenta, el poder pierde su base. El cambio verdadero debe surgir de nosotros mismos.
Es cierto que la propuesta estadounidense coincide con la nuestra en el objetivo de hacer de Cuba un país libre y democrático. Pero no debemos ser vistos como una tropa de choque, sino como portadores de una visión estratégica y táctica distinta, que busca alcanzar la misma meta desde la noviolencia y la construcción interna de un proyecto nacional. El futuro debe ser gestado por la nación y sus mejores hijos, acompañado del apoyo y la solidaridad internacional.
La vida es de alternativas, y en este caso son las alternativas que deben barajar los castristas: entre empezar a ser más condescendientes y, en consecuencia, dejarle el camino más expedito a las fuerzas vivas y prodemocráticas, o propiciar, con su propia falta de visión, la intervención militar estadounidense. Conozco como el que más la intolerancia a ultranza y los miedos de las élites castristas, pero el contexto ha cambiado. El 11 de julio de 2021 nos demostró que el miedo puede ser quebrado y que la voz del pueblo abre grietas en el sistema. Ese día fue el preludio de un movimiento más amplio y estratégico que debe ser conducido con disciplina y visión de futuro.
Es razonable esperar que determinados sectores dentro de las esferas del poder comiencen a considerar un tránsito desde la política de tolerancia cero hacia una mayor apertura. Las voces disidentes poseen un legítimo derecho a existir, a luchar y a incorporarse en la vida política del país. Reconocer ese derecho no solo es un acto de justicia, sino también una condición indispensable para la construcción de un proyecto nacional inclusivo, democrático y libre.
Compatriotas, la vía noviolenta no es una utopía ingenua. Es una estrategia realista, legítima y profundamente humana. Evita la dependencia externa y coloca a la ciudadanía en el centro del proceso de transformación. El futuro de Cuba debe ser gestado por su propio pueblo, con disciplina, visión y compromiso, y acompañado de la solidaridad internacional que respalde nuestra aspiración común de libertad y democracia
Hoy quiero hablarles de nuestro destino común y de las alternativas que se abren ante nosotros. Algunos discursos han oscilado entre la ilusión de una intervención militar extranjera y la apelación a la movilización interna sin estrategia definida. Esa ambivalencia no nos conduce a puerto seguro. Ni los golpes de Estado ni la intervención extranjera son soluciones legítimas o duraderas. Lo que Gene Sharp nos enseñó es claro: el poder se sostiene en la obediencia, y cuando el pueblo retira esa obediencia de manera organizada y noviolenta, el poder pierde su base. El cambio verdadero debe surgir de nosotros mismos.
Es cierto que la propuesta estadounidense coincide con la nuestra en el objetivo de hacer de Cuba un país libre y democrático. Pero no debemos ser vistos como una tropa de choque, sino como portadores de una visión estratégica y táctica distinta, que busca alcanzar la misma meta desde la noviolencia y la construcción interna de un proyecto nacional. El futuro debe ser gestado por la nación y sus mejores hijos, acompañado del apoyo y la solidaridad internacional.
La vida es de alternativas, y en este caso son las alternativas que deben barajar los castristas: entre empezar a ser más condescendientes y, en consecuencia, dejarle el camino más expedito a las fuerzas vivas y prodemocráticas, o propiciar, con su propia falta de visión, la intervención militar estadounidense. Conozco como el que más la intolerancia a ultranza y los miedos de las élites castristas, pero el contexto ha cambiado. El 11 de julio de 2021 nos demostró que el miedo puede ser quebrado y que la voz del pueblo abre grietas en el sistema. Ese día fue el preludio de un movimiento más amplio y estratégico que debe ser conducido con disciplina y visión de futuro.
Es razonable esperar que determinados sectores dentro de las esferas del poder comiencen a considerar un tránsito desde la política de tolerancia cero hacia una mayor apertura. Las voces disidentes poseen un legítimo derecho a existir, a luchar y a incorporarse en la vida política del país. Reconocer ese derecho no solo es un acto de justicia, sino también una condición indispensable para la construcción de un proyecto nacional inclusivo, democrático y libre.
Compatriotas, la vía noviolenta no es una utopía ingenua. Es una estrategia realista, legítima y profundamente humana. Evita la dependencia externa y coloca a la ciudadanía en el centro del proceso de transformación. El futuro de Cuba debe ser gestado por su propio pueblo, con disciplina, visión y compromiso, y acompañado de la solidaridad internacional que respalde nuestra aspiración común de libertad y democracia
