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27.05.26

Rituales de subordinación vs actos de liberación.

Las protestas recientes marcan el inicio de una transformación. Frente a la parafernalia castrista, emerge la autenticidad popular. Allí donde el poder celebra su permanencia, la ciudadanía ensaya su emancipación. Y en esa autenticidad se gesta la posibilidad de una Cuba distinta: una Cuba que comienza a nacer desde la protesta.

Video publicado por Cubanet

En Cuba, los actos oficiales organizados por el régimen y las protestas espontáneas de la ciudadanía representan dos realidades opuestas. Mientras los primeros son escenografías de poder, los segundos son expresiones de necesidad y resistencia. Este contraste revela no solo la desconexión entre Estado y pueblo, sino también el nacimiento de un nuevo proyecto de país.

Actos oficiales: la escenografía del poder

Los desfiles del Primero de Mayo y las concentraciones frente a la embajada de Estados Unidos muestran con claridad: 

- Culto a la jerarquía y al socialismo real. 

- Uso de recursos públicos para garantizar asistencia y propaganda. 

- Ausencia de reclamos genuinos de los trabajadores. 

Son ceremonias diseñadas para legitimar al poder, desconectadas de las aspiraciones del cubano de a pie.

Protestas ciudadanas: la autenticidad de la necesidad

Las manifestaciones en Monte y Figura, Marianao, Diez de Octubre y Santiago de Cuba revelan otra Cuba: 

- Reclamos directos por electricidad, agua y libertad. 

- Medios precarios: cacerolas, fogatas, barricadas improvisadas. 

- Espontaneidad y autenticidad frente a la represión policial. 

Son actos de liberación que nacen de la urgencia y la dignidad, sin respaldo oficial ni recursos públicos.

El paralelismo y su significado

La diferencia es tajante: 

- El régimen organiza rituales de subordinación. 

- El pueblo improvisa actos de liberación. 

En esa tensión se vislumbra algo mayor: las protestas no son meros estallidos de inconformidad, son el alumbramiento de un nuevo proyecto de país. Cada golpe de cacerola y cada fogata en la calle son señales de un tránsito hacia la luz, hacia una Cuba que reclama dignidad y futuro.

Las protestas recientes marcan el inicio de una transformación. Frente a la parafernalia castrista, emerge la autenticidad popular. Allí donde el poder celebra su permanencia, la ciudadanía ensaya su emancipación. Y en esa autenticidad se gesta la posibilidad de una Cuba distinta: una Cuba que comienza a nacer desde la protesta.