Artículos / Opinión
Gonzalo Bustamante Kuschel

El Estado de Bienestar pro-empresa

Nunca en su forma original el Estado de Bienestar fue pensado como un sistema alternativo al capitalismo. Los Estados de Bienestar exitosos como el de Suiza, Holanda o Dinamarca (en estos tres países modificado en los últimos años por gobiernos de centro-derecha) el factor pro-empresa, que es parte del consenso social, ha sido fundamental. ¿Qué ha pasado en Latinoamérica? Que ha existido históricamente un fuerte estatismo es un factum, Lo que ha diferenciado la acción de nuestros estados de las experiencias exitosas es que han ido acompañadas de una retórica y acción anti-empresarial, de populismo fácil y altos grados de corrupción, más un déficit histórico de respeto a las instituciones democráticas y a la propiedad privada.

Por Gonzalo Bustamante Kuschel
11 de abril de 2007
 

¿Qué grado de Estado de Bienestar debe tener un país? ¿Mucho, poco, nada? ¿Cuál debe ser su modalidad: El dirigismo francés, la Tercera Vía, el modelo de Fogh Rasmussen, el corporativismo holandés o ninguna de las anteriores? Algo que ayuda a poder responder estas preguntas es el determinar su naturaleza. Si se considera que se está frente a temas de principios inamovibles, fácilmente, se puede perder de vista que la inmensa mayoría de los países más desarrollados han pasado por distintas etapas de mayor o menor Estado de Bienestar, las cuales han variado de acuerdo a las circunstancias históricas y las necesidades que han marcado los tiempos, por lo cual es un tema práctico y no de dogma.

Lo segundo es establecer de qué se trata el Estado de Bienestar para poder saber qué tan deseable es o no. Otto von Bismarck establece el Wohlfahrtsstaat como una forma de ayudar a la cohesión social del naciente estado alemán y de pasada frenar el crecimiento de los movimientos socialdemócratas y reformistas de la época. La idea básica es que el Estado, sin impedir la gestión de los privados (basta pensar en los grandes consorcios privados alemanes de la época) tenga un papel activo en garantizar una calidad de vida digna para sus ciudadanos. El Estado asume la función de superar las disfunciones que genera el sistema capitalista.

Esto último es de gran relevancia, nunca en su forma original el Estado de Bienestar fue pensado como un sistema alternativo al capitalismo. Como han señalado autores como Weber, Habermas, Koselleck o Giddens, el Estado de Bienestar fue un factor clave en la consolidación del capitalismo avanzado, no sólo en Europa, Estados Unidos siguiendo el modelo de Bismarck lo implanta, Japón por fuentes distintas lo hace igualmente. ¿Qué es lo que ha diferenciado las formulas exitosas de Estado de Bienestar de los estatismos que han fracasado?  Si se analiza el caso de los países escandinavos, se puede constatar que en los períodos como el de Olof Palme en Suecia, donde el dogmatismo y el excesivo ideologismo predominaban, se pretendió pasar de la idea de un Estado de Bienestar pro-empresa a una alternativa al capitalismo, se cayó en el estancamiento y una intervención estatal no sólo en la vida económica del país sino de modo global que asfixiaba a la sociedad. En contraposición en Suiza, en la misma época, cuando el gobierno socialdemócrata de turno quiso implementar, siguiendo el ejemplo de Palme, un sistema impositivo y de pensiones que afectaría a las empresas suizas, los sindicatos fueron quienes se opusieron. En la Austria de Bruno Kreisky, este  se jactaba de que prefería endeudar al Estado por sobre sus capacidades pero tener clases obreras dignas, algo que hoy en día es insostenible. Austria se ha transformado en un ejemplo de país pro-empresa que mantiene una población con altos niveles de ingresos y estándar de vida. Reformaron su Estado de Bienestar sesentero y setentero más rápido que Alemania y por primera vez en más de 40 años su economía supera en dinamismo a la de Alemania (más de 1000 empresas alemanas se han ido a establecer al  país vecino aprovechando sus ventajas).

Los Estados de Bienestar exitosos como el de Suiza, Holanda o Dinamarca (en estos tres países modificado en los últimos años por gobiernos de centro-derecha) el factor pro-empresa, que es parte del consenso social, ha sido fundamental. Son países pequeños, sin grandes riquezas naturales que basan su fuerza económica en el dinamismo de sus empresarios, lo cual les permite ser potencias exportadoras. ING, Unilever, Nestlé, por sólo mencionar a tres de las más conocidas, son parte del orgullo nacional. Si se analiza el caso de Japón y Estados Unidos, con importantes matices, se puede determinar la misma constante: el Estado nunca ha sido anti-privados. En estos países los privados también han entendido, desde inicios del siglo XX, que la responsabilidad social no es un favor sino la mejor garantía a la sustentabilidad. Por eso para un hombre de negocios como Anton Rupert  sólo una persona que no es empresario, como Friedman, podía decir que la única finalidad de las empresas es maximizar sus utilidades: no entendía la naturaleza de la actividad empresarial ni la idea de sustentabilidad.

¿Qué ha pasado en Latinoamérica? Que ha existido históricamente un fuerte estatismo es un factum, Lo que ha diferenciado la acción de nuestros estados de las experiencias exitosas es que han ido acompañadas de una retórica y acción anti-empresarial, de populismo fácil y altos grados de corrupción, más un déficit histórico de respeto a las instituciones democráticas y a la propiedad privada. Es por eso que los cambios sufridos por parte de la izquierda chilena (lo mismo se puede decir de la brasilera) son auspiciosos. Nada es más simbólico sobre ésta transformación que la actitud de Ricardo Lagos (quien además estableció importantes áreas de colaboración entre el Estado y los privados) y quien siendo presidente de la República pide la nacionalidad por gracia para un empresario como Horst Paulmann. Seguramente en los años 60 y 70, se le hubiese expulsado del país por   fascista,  "agente del imperialismo" y se le hubiesen expropiado los supermercados Jumbo. Ha habido un cambio que es importante reconocer y consolidar. La Derecha por su parte ha ido abandonando la actitud de pánico y arrinconamiento que la caracterizó antaño, así como, ha adquirido una mayor valoración de la Democracia y está empezando a dejar de ser un grupo reaccionario para transformarse en uno proactivo.

El ejemplo que países como Chile pueden seguir de los países desarrollados, es que temas como: ¿se requiere Estado de Bienestar o no? ¿Cuánto?, debe ser abordado pragmáticamente, sin perder de vista que en una economía de mercado el dinamismo de las empresas es fundamental, que la Globalización es una realidad que afecta a todos los países, especialmente a quienes basan su economía en las exportaciones, que en una era del conocimiento se requiere invertir en su desarrollo (siempre se ha necesitado, sólo que ahora se hace más urgente) y eso debe ser en un esfuerzo conjunto entre privados y el Estado (al igual que la seguridad nacional). Los países exitosos han desarrollado estrategias en que el Estado y la empresa privada no son enemigos sino aliados. Los empresarios deben entender la responsabilidad social como un elemento de desarrollo estratégico y no simple caridad, y por último, desterrar los populismos, la corrupción y la cultura de hacer a medias. No hay países prósperos con gobiernos "chasquillas" y poblaciones sin virtudes humanas. Se necesita una alianza Estado-privados para crecer más y desarrollarse más, lo cual a la larga es lo que importa.

Gonzalo Bustamante Kuschel es Profesor de Filosofía en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez.

 
Acerca del autor
Gonzalo Bustamante Kuschel
Gonzalo Bustamante Kuschel
Profesor de Filosofía Política en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile) y profesor de Ética en el Centro de Formación para Ejecutivos de la mencionada universidad. Es Director de PhilosChile y está doctorando en Culture of Economics en la Universidad Erasmus de Rotterdam. Ha realizado seminarios de Historia del Pensamiento Económico en el Erasmus Institute of Philosophy and Economics en calidad de alumno de postgrado y sobre Ética de Negocios en la Stellenbosch University.