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Carlos Gervasoni

¿CRECER VENDIENDO AL MUNDO O CRECER VENDIÉNDONOS A NOSOTROS?

Después de varias décadas de economía cerrada y sustitución de importaciones, América Latina se convirtió, hacia los ’70, en un actor marginal del comercio internacional. Frente a esta realidad, los países han tomado diferentes estrategias de política comercial exterior, las cuales han dado, en consecuencia, diferentes resultados. Los hechos presentados en el artículo parecerían verificar el éxito relativo de los proyectos de apertura más profundos y radicales.

Por Carlos Gervasoni
28 de junio de 2003
 

Después de varias décadas de economía cerrada y sustitución de importaciones, América Latina se convirtió, hacia los '70, en un actor marginal del comercio internacional. Mientras los Tigres Asiáticos aprovechaban el dinamismo de la economía mundial para lanzar estrategias de desarrollo export-led, nuestra región priorizaba el mercado interno y desaprovechaba la favorable coyuntura internacional. Haciendo las salvedades anti monocausalistas del caso, los resultados están a la vista: el sudeste asiático prosperó a velocidades milagrosas, mientras que en América Latina predominó el estancamiento. Aún aquellos países que, gracias a sus grandes y poco desarrollados mercados internos, lograron fuertes tasas de crecimiento inward-looking en los años de la posguerra -Brasil y México-, cayeron en largas y profundas crisis a partir de la década del '70.
En esa misma década la dictadura militar chilena lanzó una profunda y sostenida estrategia de crecimiento basada en las exportaciones. La apertura unilateral de la economía y otras políticas de apoyo a las exportaciones obtuvieron los resultados esperados: las ventas externas de Chile crecieron fuertemente y se diversificaron, quebrándose así la cuasi total dependencia del cobre. La mencionada estrategia fue mantenida y profundizada por los posteriores gobernantes democráticos, incluyendo entre ellos la gestión de un presidente socialista: el hoy presidente Ricardo Lagos (PPD). No parece casual que Chile sea desde hace dos décadas el país de más fuerte crecimiento económico de la región, y uno de los que más ha reducido la pobreza.
El fracaso del modelo sustitutivo, que hizo implosión durante la década perdida, llevó a la región a cambiar su estrategia comercial: siguiendo el ejemplo chileno, la mayoría de los países abrieron sus economías y alentaron esquemas de integración comercial más liberales que los el pasado. La intensidad con la que se adoptaron este tipo de políticas, sin embargo, varió considerablemente de país a país. Mayor variabilidad hubo aún en términos de la adopción (o no) de estrategias de crecimiento basadas en las exportaciones.
El Gráfico muestra que, a comienzos de la década perdida (1980-81) el desempeño exportador de América Latina era muy pobre: apenas el 8,7% de su PBI se destinaba a exportaciones, y casi ningún país superaba el 20% (sólo Costa Rica, en el gráfico, y todos los otros centroamericanos, lo cual se explica por sus muy reducidos mercados internos, su cercanía al enorme mercado de los Estados Unidos y su escasa historia de sustitución de importaciones). A partir de entonces la región aumenta su coeficiente de exportación, especialmente en la década del '90. Hacia 1999 este indicador se había más que duplicado respecto de 1980-81. Ahora bien, el gráfico también muestra que la mencionada tendencia se verificó en mucho mayor medida en ciertos países, como Costa Rica, Chile y México, que en otros, como Argentina, Brasil y Uruguay.

EXPORTACIONES, COMO PORCENTAJE DEL PBI (DÓLARES DE 1995).

Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.

Si tomamos los países de mayor magnitud del gráfico, aparecen claramente dos grupos: Chile y México, cuyos desempeños exportadores mejoraron fuertemente en el período considerado, y Argentina y Brasil, que mejoraron muchísimo menos aún cuando partieron de un nivel más bajo. En 1999, aún luego de importantes reformas comerciales, los dos principales socios del MERCOSUR estaban entre los países menos exportadores del planeta.
Las diferencias no deberían sorprender: Chile no sólo ha seguido una estrategia de apertura unilateral desde hace 30 años, sino que también ha tenido una agresiva política de firma de acuerdos de integración con Asia, América Latina, Europa y, últimamente, Estados Unidos. Dicho en otras palabras, Chile persevera en comerciar todo lo que pueda con todo el mundo. México liberalizó fuertemente (antes del NAFTA y, con más profundidad, después) el comercio con los Estados Unidos y Canadá, que consumen casi el 90% de sus exportaciones. Además ha firmado acuerdos de libre comercio con Europa y varios países latinoamericanos. Argentina y Brasil, en cambio realizaron liberalizaciones de su comercio más tímidas y menos sostenidas en el tiempo. Además, invirtieron sus principales esfuerzos en el MERCOSUR y en su marginal ampliación a Bolivia y Chile, no habiendo firmado acuerdos con Europa ni Estados Unidos.
Evidentemente hay otros factores que influyen en el coeficiente exportador de cada país. Hay un claro "efecto tamaño" (los países más chicos son, ceteris paribus, más abiertos que los grandes) y un claro efecto "cercanía a grandes mercado" (los países latinoamericanos más cercanos a Estados Unidos son, ceteris paribus, más abiertos que los demás). Así, buena parte del alto coeficiente de Costa Rica se explica por la muy pequeña dimensión de su mercado interno, mientras que el nivel y evolución de las exportaciones mexicanas tienen mucho que ver con su adyacencia al mercado más grande del mundo. Aún así, quedan enormes diferencias por explicar, lo cual puede ser ejemplificado mediante el contraste de Costa Rica y Uruguay. ¿Cómo es posible que dos países de comparable tamaño demográfico y económico difieran tan profundamente? O, dicho con el énfasis que inspira este artículo, ¿cómo puede ser que un país tan pequeño como Uruguay no exporte una proporción muy alta y creciente de su producto? Su coeficiente de exportación es naturalmente mayor al de sus socios mayores, por una cuestión de tamaño, y también es esperable que sea algo menor al de Costa Rica, por una cuestión de distancia a los mercados. Pero que la nación centroamericana triplique a la sudamericana se explica, en buena medida, por las políticas aplicadas: apertura multilateral y agresividad exportadora en un caso, y apertura tímida y regionalismo no muy abierto en el otro.
Los países de América Latina, entonces, están eligiendo diversos caminos. Algunos se lanzaron decididamente al mercado internacional, aceptando los riesgos y desafíos, y cosechando las ventajas de la competencia, la especialización, la escala y el fácil acceso a insumos y maquinarias y tecnologías importadas. Otros países, que perciben al comercio internacional como una amenaza y se refugian en reducidos espacios económicos apenas ampliados por la integración regional, parecen estar condenados al crecimiento lento basado en mercados internos asfixiantemente pequeños, dudosamente dinámicos y generalmente más inestables que los internacionales.
Las clases dirigentes de países como Costa Rica, Chile y México concuerdan en la conveniencia de la estrategia aperturista y exportadora, y buscan profundizarla, según ilustra el reciente acuerdo comercial entre Chile y Estados Unidos. En países como Argentina, Brasil o Uruguay, en cambio, predomina la confusión: se alaban las virtudes del comercio y las exportaciones, pero también se reivindican las estrategias mercado-internistas y se implementan políticas frecuentemente anti-exportadoras (así, por ejemplo, Argentina es hoy, al igual que en los años '80, uno de los pocos países del mundo que grava impositivamente sus exportaciones). En nuestra opinión estos países, y otros de similares características como Perú y Paraguay, deben, además de solucionar muchos otros problemas muy graves como la deuda, la debilidad del sistema financiero y la baja tasa de ahorro e inversión, reorientar su estrategia de desarrollo hacia una clara y decidida liberalización comercial de sesgo exportador. Las clases dirigentes de estos países ya ignoraron las lecciones que Corea, Taiwán y Singapur nos dieron en los '60 y '70. No deberían tropezar con la misma piedra e ignorar los ejemplos de Chile, Costa Rica y México.

*Politólogo. Presidente de CADAL. Profesor en la Universidad Católica Argentina, la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad del CEMA.

 
Acerca del autor
Carlos Gervasoni
Carlos Gervasoni
Profesor-Investigador en el departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella y miembro del proyecto Varieties of Democracy. Obtuvo una maestría en ciencia política en la Universidad de Stanford, y el doctorado en la universidad de Notre Dame. Se especializa en estudios sobre la democracia, política provincial, opinión pública y metodología de la investigación. Sus artículos han aparecido en América Latina Hoy, Comparative Political Studies, Democratization, Journal of Democracy en Español, Journal of Politics in Latin America, y World Politics. Miembro fundador y presidente de CADAL entre 2003 y 2004.