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Gabriel C. Salvia

La “admirable” política exterior de la dictadura cubana

Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
27 de julio de 2006
 

Como conclusión de la participación de Cuba en la Cumbre del MERCOSUR realizada en la ciudad de Córdoba, el influyente analista internacional del diario Clarín, Oscar Cardoso, manifestó "admirar la constante eficiencia de la política exterior del régimen que conduce Castro", con lo cual estaría reconociendo su preferencia por un sistema dictatorial de características caudillistas.

Efectivamente, Fidel Castro, que lleva cuarenta y siete años continuos en el poder, puede aplicar una política exterior permanente debido a que en Cuba no existe alternancia democrática en el poder. A ello hay que sumarle la opacidad del régimen cubano, siendo secreto y nada transparente el funcionamiento de todas las esferas gubernamentales, incluyendo todo lo referente a su política exterior. Si alguien tiene alguna duda puede visitar sus páginas oficiales de internet.

Tampoco hay en Cuba prensa libre, partidos políticos y organizaciones no gubernamentales que puedan fiscalizar, a lo cual hay que agregarle la caída en desgracia que sufren los dirigentes reformistas de la dictadura cubana, como el caso del ex Canciller "Robertico" Robaina, por nombrar un ejemplo. Entonces, no hay alternativas para cuestionar o cambiar la política exterior de Cuba. En cambio, en países democráticos, o sea donde hay elecciones libres (valga la aclaración), uno de los ejes principales del debate en las campañas es, precisamente, la política exterior. Y ante cuestiones muy sensibles en materia internacional se producen cambios en esta política cuando un gobierno reemplaza a otro. Por ejemplo, el presidente Néstor Kirchner tiene una política exterior diferente a la de Carlos Menem, y Rodríguez Zapatero una distinta a la de José María Aznar, por mencionar dos ejemplos de la democracia argentina y española, respectivamente.

Pero también, al afirmar que la dictadura de Fidel Castro tiene una política exterior eficiente y ello merece admiración, se está avalando el estilo nada diplomático del régimen cubano que incluye desde el agravio público hasta la extorsión, razón por la cual muchos líderes democráticos latinoamericanos temen denunciar públicamente la violación a los derechos humanos en la isla. Basta recordar la catarata de insultos de Fidel Castro contra el presidente argentino Fernando de la Rúa (el recordado "lamebotas de los yankis"), cuyo gobierno en línea con el de Chile, presidido por el socialista Ricardo Lagos, apoyaba la condena a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Lo mismo sucedió con el presidente uruguayo Jorge Batlle, que terminó rompiendo relaciones diplomáticas con la isla, y más recientemente una típica maniobra castrista contra el presidente de México Vicente Fox al difundir una conversación telefónica con Castro.

Al menos Cardoso recuerda que Fidel Castro "apoyó las acciones insurreccionales en América Latina" y que el régimen cubano "se convirtió en 'internacionalista' en África", generando con dicha injerencia un enorme derramamiento de sangre, algo que el ex presidente salvadoreño Francisco Flores en una oportunidad le reprochó en la cara al anciano dictador caribeño. Así y todo, el régimen cubano que exportó la guerrilla y la intolerancia política, se defiende ante las críticas a las violaciones a los derechos humanos en la isla calificándolas de injerencias en asuntos internos, lo cual muestra el descaro de esta dictadura.

Por otra parte, el régimen de Cuba realiza un impresionante despliegue internacional en búsqueda de apoyo a su dictadura que se puede seguir a través de sus páginas oficiales de internet y el cual se caracteriza por una fuerte alianza con regímenes similares, como China, Siria, Zibabwe, Corea del Norte, Bielorrusia, el antisemita gobierno de Irán que niega el Holocausto judío y desde hace unos años con un nuevo "paganini", como Hugo Chávez, que reemplaza con su subsidio petrolero a la Ex Unión Soviética.

También la política exterior cubana implementa una estrategia "humanitaria desinteresada", que en realidad es un clientelismo político exterior, donde otorga becas para estudiar en la isla (incluyendo a los recomendados por legisladores), realiza operaciones médicas "gratuitas" en la isla, entrega premios a artistas e invita a políticos para mostrarles las maravillas de su sistema y, por las dudas que cambien de opinión, en algunos casos los filma secretamente en circunstancias comprometedoras.

Un departamento importante del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba es el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, desde el cual buscan en otros países la "solidaridad con la revolución" reuniendo a los fanáticos e idiotas útiles locales y exportando el principal producto de la isla: la intolerancia política mediante la cual hostigan a los críticos del régimen de Fidel Castro, organizándoles esas prácticas fascistas denominadas en Cuba "actos de repudio" (escraches) y campañas mediáticas acusándolos de ser "gusanos", agentes de la CIA, etc.

La política exterior cubana también incluye el control y la persecución en el extranjero a sus ciudadanos, a los cuales les advierten que no critiquen a la revolución amenazándolos que en tal caso recibirán represalias sus familiares que viven en la isla.

También podría decirse que es muy eficiente la política exterior cubana en materia de comunicación, cuando en realidad es una incapacidad de quienes reproducen todas las mentiras que afirma Fidel Castro y sus obedientes funcionarios. El caso más evidente es el "bloqueo", término que repiten como "loritos" la mayoría de los periodistas y políticos al referirse al embargo comercial de los Estados Unidos hacia Cuba. Al respecto, Estados Unidos es el principal exportador de alimentos y medicamentos a Cuba, por los cuales el régimen de Fidel Castro paga en efectivo. Asimismo, el principal ingreso monetario en la isla proviene de las remesas de los exiliados políticos y económicos cubanos radicados en Estados Unidos. Además, a pesar del embargo norteamericano, motivado por la expropiación de empresas de ese país realizada por la revolución de Castro, Cuba puede realizar transacciones comerciales con todos los países del mundo, por lo cual no existe técnicamente ningún "bloqueo" como ligera e inapropiadamente se afirma.

Otro "bolazo"que inventa el castrismo y que todos lo repiten son los posibles atentados contra Fidel Castro, que pudieron haber existido en otras épocas, pero que en la actualidad son una excusa para que una gran cantidad de gorilas repriman a los periodistas que le hacen preguntas incómodas al dictador, como en este caso Juan Manuel Cao de la emisora norteamericana América Tevé, quien corrió mejor suerte que Daniel Malnatti, de "Caiga Quien Caiga", cuando en el 2003 terminó en un hospital luego de preguntarle si era "el dictador más simpático del mundo".

Finalmente, habría que preguntarle al periodista y destacado analista de política internacional Oscar Cardoso, si entre la admiración por la eficiencia de la política exterior cubana incluye la complicidad del régimen de Fidel Castro con la dictadura militar argentina, donde contribuyó decididamente a bloquear la condena al "proceso" en la comisión de derechos humanos en Ginebra.   

Con todo lo señalado, desde el punto de vista democrático es temerario admirar la "eficiencia de la política exterior" de la dictadura cubana.

Gabriel C. Salvia es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina.

 
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

Twitter: @GabrielSalvia