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Patricio Navia

Chile Vamos sin líder

(El Líbero) La carrera por la sucesión en el liderazgo de la derecha chilena explica las peleas y conflictos que ahora estamos viendo entre UDI, RN, Evópoli e, incluso, con Republicanos de José Antonio Kast.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
27 de diciembre de 2019
 
Chile Vamos sin líder

(El Líbero) Una de las consecuencias innegables del estallido social que se inició en octubre de 2019 es que el liderazgo del Presidente Piñera ha sido severamente debilitado. Además de las dificultades obvias que implica tener que llevar adelante un programa de reformas que jamás estuvieron en su agenda —y a las que intensamente se opuso como candidato—, el Mandatario enfrenta una comprensible rebelión al interior de su propia coalición. Porque Piñera es un pasivo electoral de cara al plebiscito de abril de 2020 y a las elecciones de octubre de 2020, Chile Vamos ahora es un barco sin capitán. La carrera por la sucesión en el liderazgo de la derecha explica las peleas y conflictos que ahora estamos viendo entre UDI, RN, Evópoli e, incluso, con Republicanos de José Antonio Kast. 

Desde que superó a Joaquín Lavín en la primera vuelta de la elección presidencial de 2005, Sebastián Piñera ha sido el líder indiscutido de la derecha chilena. Al convertirse en el primer presidente del sector desde el fin de la dictadura, ya es un referente histórico. Si bien su primer gobierno (2010-2014) no logró proyectar a otro candidato de derecha para la siguiente contienda y su coalición fue duramente derrotada en 2013 por Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría, Piñera se mantuvo como el líder indiscutido del sector. En las primarias presidenciales de 2017 en Chile Vamos se impuso cómodamente ante sus rivales, los senadores Manuel José Ossandón y Felipe Kast. Después de un importante tropiezo en la primera vuelta de noviembre de 2017 —que le permitió a la izquierda ganar una mayoría en ambas cámaras del poder legislativo—, ganó con facilidad en la segunda vuelta presidencial.

En los 18 meses que tuvo de gobierno antes del estallido social, Piñera gobernó a voluntad, imponiendo sus posturas y preferencias sobre lo que planteaban y defendían los tres partidos de su coalición. Al iniciar su segundo periodo armó un gabinete con personas que profesaban una lealtad personal hacia él más que hacia los partidos de la coalición. Si bien era el gobierno de Chile Vamos, el gabinete era más piñerista.

Pero el estallido de la crisis social efectivamente puso fin al programa de reformas del segundo gobierno de Piñera. Después de dos meses de marchas —y también de saqueos, incendios y violencia—, la agenda de reformas que impulsa el gobierno es diametralmente opuesta a la que tenía cuando asumió el poder. Eso lo ha inhabilitado como líder de la derecha. Ahora que su gobierno impulsa el paquete de reformas que favorece la izquierda, su sector se encuentra sin un líder claro.

En los meses que vienen, la derecha estará en búsqueda de un nuevo liderazgo. Precisamente porque el sector está en shock por haber visto que su victoria electoral fue revertida por el movimiento social, la tentación inicial será buscar un líder que les devuelva la identidad. Pero un giro hacia la derecha extrema arriesga a relegar al sector al mismo sitial minoritario que tuvo hasta que Piñera logró alcanzar una mayoría electoral.

La opción de buscar un líder que busque mimetizarse con la izquierda es igualmente poco conveniente. Porque la gente siempre prefiere el original a la copia, cualquier líder derechista que aparezca de forma oportunista subiéndose a la ola del movimiento social no logrará generar confianza en las bases duras del sector.

La mejor opción de nuevo liderazgo para la derecha en el Chile post Piñera pasa por una mezcla de una persona que posea incuestionables valores conservadores y que a la vez pueda hablar con propiedad y credibilidad de los problemas que ahora aparecen prioritarios en el nuevo Chile. Un líder con calle, pero que también tenga convicciones derechistas es el mejor candidato para convertirse en un líder que, tranquilizando a las bases conservadoras, sea capaz también de dar viabilidad electoral a la derecha.

Porque la tormenta del proceso constituyente eventualmente pasará y porque el nuevo Chile tendrá las mismas demandas y necesidades que el Chile de hoy —aunque probablemente haya una distancia mayor entre las elevadas expectativas y la realidad de menos crecimiento, más desempleo y más desigualdad que generará el proceso constituyente—, el país seguirá requiriendo una propuesta razonable, moderada y centrada en las políticas de una economía social de mercado que, manteniendo las condiciones para generar crecimiento económico, sean capaces también de lograr una mejor distribución del ingreso, las oportunidades y la riqueza en Chile.

Para volver a ganar elecciones en ese nuevo Chile, los partidos de derecha deberán encontrar líderes capaces de convocar mayorías desde plataformas claramente ancladas en la derecha, pero  también de conquistar mentes y corazones de electores que ya ven a Piñera más como parte del pasado.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es profesor titular de estudios liberales y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor titular de ciencias políticas en la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros y especialista en elecciones, opinión pública, sistemas de partidos y relaciones ejecutivo-legislativo en América Latina. Es columnista en varios medios, incluido El Líbero (Chile) y Americas Quarterly (EEUU).
Twitter: @patricionavia