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Patricio Navia

El imperio autoflagelante contraataca

(El Líbero) Ya es hora de sacudirse del letargo y ponerse de pie para defender los incuestionables éxitos del modelo chileno.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
13 de diciembre de 2019
 
Santiago de Chile

(El Líbero) En las ocho semanas que han transcurrido desde que se iniciaron las protestas y los saqueos el 18 de octubre, el discurso autoflagelante ha logrado una hegemonía sin precedentes en el debate público. Si bien los autoflagelantes han venido predicando su discurso del fracaso del modelo por más de 20 años, ahora aparecen más convencidos que nunca que Chile ha avanzado por el camino equivocado desde el retorno de la democracia.

Afortunadamente, la evidencia es más que concluyente respecto al innegable progreso del país en crecimiento y desarrollo, en reducción de la pobreza e incluso en ampliación de oportunidades, inclusión y reducción de la desigualdad. Los logros obtenidos son razón para que todos nos sintamos orgullosos y son la causa de que ahora podamos preocuparnos de prioridades propias de países desarrollados más que de los problemas que afligen a la mayoría de nuestros vecinos latinoamericanos. Precisamente porque el modelo ha sido exitoso, ahora estamos en condiciones de abordar desafíos nuevos y más complejos en nuestro camino hacia convertirnos en el primer país desarrollado de América Latina.

Lamentablemente, pese a que los números no mienten, el debate público está escaso de voces que se atrevan a alzarse sobre los tergiversadores lugares comunes autoflagelantes sobre el fracaso del modelo. Ya es hora de sacudirse del letargo y ponerse de pie para defender los incuestionables éxitos del modelo chileno.

Hay distintas explicaciones para dar cuenta del descontento social que se ha manifestado en protestas y manifestaciones públicas, y también en saqueos y desmanes, en las últimas semanas. Muchos equívocamente pretenden usar el descontento como evidencia del fracaso del modelo social de mercado que ha predominado en el país desde el retorno de la democracia. No faltan los que ya fueron a sepultar el modelo o, presos de infantilismo revolucionario, hablan de superar el modelo capitalista.  Pero una lectura más responsable —y basada en la evidencia— sugiere más bien que los chilenos reclaman porque quieren que el modelo funcione mejor y en una cancha pareja para todos.

El enojo de las personas se explica por la percepción prevalente de abuso, personificada en los notorios casos de colusión empresarial, en contratos con letra chica que serían inaceptables en sociedades capitalistas con una estructura de derechos de los consumidores mas robusta y en un sistema judicial que penaliza con mano excesivamente blanda los delitos de cuello y corbata. Pero ese enojo no significa que la gente quiera otro modelo o quiera superar el capitalismo. La gente lo que quiere es que una cancha pareja que permita a todos tener las mismas oportunidades de éxito en el modelo social de mercado y un Estado que vele por los que van quedando atrás, ayude a los más débiles y sea capaz de ir emparejando constantemente la cancha para asegurar que los mercados funcionen bien y que, cuando fallan los mercados, la red de protección social sea eficiente y efectiva.

Esa clase media emergente —y todavía en posición vulnerable— está en las puertas de la tierra prometida gracias al crecimiento económico que ha experimentado Chile en estos treinta años de democracia. La preocupación creciente por los derechos humanos y la inclusión social también son resultado del éxito de nuestro proceso de consolidación democrática.

El descontento es resultado de nuestro propio éxito como país. A diferencia de otros países de la región en que reina la violencia —con tasas de homicidios que baten récords mundiales— o donde la corrupción está tan normalizada que nadie se preocupa de combatirla, en Chile enfrentamos problemas propios de un nivel de desarrollo más alto. A diferencia de la mayoría de los países vecinos que buscan formas de universalizar la cobertura de educación, salud o pensiones, en Chile la población demanda cobertura de mejor calidad.

Por eso, es clave combatir con firmeza y convicción —y con la tranquilidad que dan los datos y la incuestionable evidencia— a aquellos que equivocadamente enarbolan las banderas de que todo está mal o los que ya se preparan para asistir al funeral del modelo. La única posibilidad que tiene el imperio de los autoflagelantes de imponer su equivocada lectura de lo que ha pasado en Chile es que los defensores de los méritos del modelo social de mercado guarden silencio, se resten del debate público y huyan hacia la montaña de la desesperanza y la resignación.

Ahora que el Imperio (autoflagelante) Contraataca, la república necesita de valientes miembros de la orden de los Jedi que sean capaces de ponerse en pie y defender con orgullo y responsabilidad los logros del modelo. Precisamente porque hay un alto riesgo de que el imperio autoflagelantes dibuje una hoja de ruta que nos lleve hacia el estancamiento económico y nos condene al subdesarrollo que predomina en la región, hoy es momento de alzar la voz y defender de forma simple, clara y convincente el mensaje de que Chile necesita mejorar el modelo, no destruirlo. Que la fuerza nos acompañe.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es profesor titular de estudios liberales y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor titular de ciencias políticas en la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros y especialista en elecciones, opinión pública, sistemas de partidos y relaciones ejecutivo-legislativo en América Latina. Es columnista en varios medios, incluido El Líbero (Chile) y Americas Quarterly (EEUU).
Twitter: @patricionavia