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Marcos Novaro

Cristina Kirchner consolida su poder a costa de Alberto Fernández

(TN) Ella reparte las cartas entre las facciones del Frente de Todos, incluidos los gobernadores. El gabinete se ha vuelto para algunos un destino de segunda.

Por Marcos Novaro
28 de noviembre de 2019
 
Alberto Fernández y Cristina Kirchner

(TN) A los que pierden la interna legislativa, los mandan de ministros. No hay evidencia más gráfica que ésta para saber dónde residirá el poder del nuevo oficialismo. Así, lo demuestra lo sucedido con los dos damnificados inmediatos del proceso de unificación de bancadas en Diputados y el Senado, Carlos Caserio y Agustín Rossi, que recibirían el premio consuelo de sendos asientos ministeriales, en Transporte y Defensa respectivamente.

Los elegidos en su lugar para conducir las bancadas pronto oficialistas vienen, además, con un plus de poder: Máximo Kirchner en la cámara baja y José Mayans en la alta no conducirán los típicamente inestables “interbloques”, que solo dan una apariencia de control de los procesos legislativos, si no bloques unificados; y ambos serán además bloques mayoritarios, gracias al avance de la operación, también conducida por Cristina, para eliminar de raíz la ya tradicional fragmentación legislativa del peronismo.

En el Senado, les va a sobrar para tener quórum propio: 41 bancas, 40 si pierden la de José Alperovich por un tiempo, igual más que suficientes para dominar todas las comisiones importantes, quedando fuera del armado solo unos pocos senadores de origen peronista. En Diputados, habrían logrado pasar ya de los 109 que sumó el FdeT con sus integrantes originales, FPV, FR, PJ, etc., a alrededor de 125, incorporando varias bancadas tradicionalmente autónomas como las que integran santiagueños, misioneros y puntanos. La distribución entre estos de cargos de conducción de las cámaras y de sus comisiones pergeñada por Cristina fue lo que obró el milagro. La jugada más sugerente en este sentido consistió en la coronación de la santiagueña Claudia Abdala de Zamora como presidenta provisional del Senado, que le proveyó a Máximo 6 votos decisivos en Diputados para arrebatarle la primera minoría a Juntos por el Cambio. Chapeau!

Esta construcción de poder legislativo es decisiva para la salud de la nueva coalición de gobierno, dada la escasez de recursos de todo tipo que afectará al Ejecutivo. Un poco de historia al respecto viene bien para entender el punto. Durante su anterior paso por el poder, el kirchnerismo más bien estimuló la fragmentación legislativa de su propio partido, pues le servía para debilitar las instancias de negociación en manos de sus adversarios internos, y comprar a menor precio los apoyos que eventualmente necesitara para hacer aprobar sus proyectos. Y así fue que el número de bancadas de origen peronista se fue elevando, hasta llegar a alrededor de una veintena en Diputados y una docena en el Senado al final del ciclo. Pero ese esquema rendía mientras ninguna de esas bancadas en competencia pudiera hacerle sombra al FPV, y al gobierno no le faltaran recursos para comprar las adhesiones necesarias. Desde 2013 con la formación del Frente Renovador empezó a fallar la primera condición. Y ahora que vuelven al poder sin plata va a fallar la segunda. De ahí que Cristina y Máximo estén rompiendo su legado. Y un peronismo fragmentado, otrora controlado a distancia desde el Ejecutivo, esté dando paso a un frentismo unificado desde los puestos de mando del Congreso.

¿Va a funcionar esta nueva disciplina no estrictamente partidaria o pejotista, como fue la de los años noventa con Menem, si no “frentetodista”, cuando haya que votar leyes incómodas o controvertidas? Pronto lo sabremos. Por de pronto, Cristina se está garantizando por esta vía seguir siendo la gran armadora de la coalición de gobierno, la que reparte las cartas. Y anular a posibles competidores en ese rol. Para empezar, al propio Alberto Fernández y a los gobernadores que no le son fieles.
No por nada, dio por tierra al mismo tiempo con el plan del presidente electo de armar un gabinete federal, y en particular con la pretensión de Juan Manzur de actuar como una suerte de primus interpares de los mandatarios provinciales en relación a ese posible gabinete: encumbró a Zamora e Insfrán, bloqueando la representatividad pretendida por el tucumano, y vetó a su pollo Pablo Yedlin para la cartera de Salud. Habrá cargos de secretarios para algún que otro misionero y sanjuanino, pero nada parecido al gobierno de “1+24” con que Alberto había soñado. Porque en el resto de las carteras apenas si podrá sumar algunos técnicos mínimamente reconocidos, o figuras de otro tiempo y sin territorio, que le serán fieles, claro, mientras duren. ¿Tendrá algo más que mostrar el 6 de diciembre?

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).