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Marcos Novaro

Evo Morales aplica el manual de exilio de Juan Domingo Perón

(TN) Se reveló otro motivo para que Fernández y sus aliados apoyen al expresidente de Bolivia, que copia los pasos que dio el exmandatario argentino desde 1955 para que fuera imposible gobernar el país sin él.

Por Marcos Novaro
25 de noviembre de 2019
 
Evo Morales

(TN) El manual en cuestión ya fue sometido a prueba con indiscutible éxito en la Argentina del tercer cuarto del siglo XX. Manda hacer desde el exilio, sea este impuesto o autoimpuesto, lo que haga falta para convertir la propia ausencia en origen de un insuperable vacío de poder. Volver así ingobernable el país hasta que los compatriotas otrora desencantados con el líder se olviden de sus abusos y errores, dejen de considerarlo la fuente de los problemas y vuelvan a aceptarlo como su solución.

En pocas palabras, hacer las veces de bombero pirómano: así fue que Evo Morales mandó bloquear carreteras y refinerías, para provocar desabastecimiento de alimentos y combustibles en las ciudades, con la consecuente suba de precios. Denunció a continuación tanto la "represión violenta de la protesta ciudadana" como la "política de hambre de la dictadura".

Sucedió sin embargo que a Morales las complicaciones que suelen conllevar este tipo de estrategias le estallaron imprevistamente en la cara a poco de empezar, culpa de las tecnologías modernas de la comunicación. Que así como pueden darte una mano para comandar acciones a distancia pueden hundirte con la misma facilidad, cuando revelan las facetas más incómodas de esas operaciones.

Por cierto que sus instrucciones llegan mucho más velozmente a su patria querida que las cartas que Juan Domingo Perón solía enviar desde Caracas, Santo Domingo o Madrid en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Pero así como llegan a manos de sus seguidores, para que sepan qué hacer, también pueden darse a conocer con igual facilidad y rapidez al gran público.

Bastó que a uno de sus lugartenientes en el terreno se le ocurriera hablar con él por celular frente a otros asociados dándose ante ellos aires de importancia y que uno de estos asociados grabara la conversación, para que circulara por el mundo entero evidencia irrefutable sobre cómo el expresidente juega con la vida de los bolivianos con la misma indiferencia con que se administran pollos u ovejas. Puesto que todos los muertos que vayan a resultar de los choques callejeros y la represión, así como del deterioro económico, serán siempre exclusiva culpa de los que "lo sacaron", "los golpistas, los racistas y fascistas", no suya, no hay por qué sorprenderse de tamaña indiferencia.

Igual que a Perón, a Evo le resulta difícil mantener la disciplina entre sus seguidores detrás de la consigna "cero reconocimiento de legitimidad a los adversarios". Hay además, al respecto, unas cuantas diferencias con su predecesor argentino, que complican aún más las perspectivas del expresidente boliviano.

Desde mediados de los años cincuenta en la Argentina, recordemos, proliferaron los grupos "neoperonistas" dispuestos a participar de elecciones, avalando así el exilio del líder. En gran medida porque ya desde antes del golpe muchos de sus seguidores desconfiaban de su capacidad para conducirlos con éxito. E imaginaban que sería posible dar continuidad a los beneficios que sus políticas habían traído sin la carga de sus abusos, sus atropellos y sobre todo sin la "guerra civil latente" que su liderazgo había instaurado en el país.

Como se sabe, ninguno de esos neoperonistas lograría a la postre disputarle a Perón el favor de las masas. En parte por los problemas de legitimidad del juego en el que deseaban participar, en parte por la inflación de demandas sociales que provocó la polarización política, y también por la notable desproporción de recursos políticos entre el general sus ocasionales adversarios de dentro y fuera del movimiento. ¿Tendrá su imitador boliviano la misma suerte?

Para empezar le va a costar mucho más que a Perón negarle legitimidad a sus contrincantes. Dado que el poder de éstos no procede de un golpe de Estado, por más que machaquen con esta idea sus seguidores más fanáticos dentro y fuera de Bolivia.

En segundo lugar Perón pudo cometer muchos dislates y abusos en el ejercicio de la Presidencia. Pero no se le ocurrió violar abiertamente la constitución que él mismo había hecho aprobar, ni robarse una elección. Como sí intentó Evo. Lo que puso al líder aymara de punta con muchos de sus seguidores en el terreno de la más elemental legitimidad: a todos aquellos dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS) y de otras organizaciones hasta hace poco subordinadas a su liderazgo que pretenden seguir ejerciendo legítimamente cargos de representación les resulta ahora muy difícil hacerlo sin tomar distancia de esas violaciones. De allí que no hayan aceptado pero tampoco rechazado su renuncia a la presidencia, pese a haberlo podido hacer en ambas cámaras del Congreso. Con lo cual avalan que otros partidos ejerzan el cargo a través de Jeanine Añez.

En tercer lugar ni en la región ni en Bolivia el liberalismo y el pluralismo político están tan de capa caída como estaban en la segunda mitad del siglo pasado. Lo vemos en el entusiasmo con que muchos dirigentes indígenas, sindicales y de izquierda no sólo rechazan abiertamente el fraude, si no las muchas muestras previas de autoritarismo de la conducción evista. Para ellos el final de ese experimento antiliberal y antipluralista es también un motivo de alivio, y por tanto es mucho más fácil que para los neoperonistas de décadas atrás negociar un entendimiento con los demás partidos. Así lo demuestra el principio de acuerdo para llamar a elecciones y formar un nuevo Tribunal Electoral, que condujo al levantamiento de la mayor parte de los bloqueos y la disminución de las protestas.

De todos modos aún faltan dos condiciones para que prospere este acuerdo. Primero que en el resto de las fuerzas sociales y políticas no prospere un ánimo revanchista sino uno conciliador. Segundo y más importante, que el actual y sobre todo el futuro gobierno sean capaces de evitar un deterioro económico y social que podría reflotar el entusiasmo con el "Evo vuelve". El expresidente de Bolivia dejó un déficit de 8 puntos del PBI que complica las perspectivas económicas. Habrá que ver si la política de ese país logra lidiar con esa situación mejor de lo que lo hizo la Argentina sesenta años atrás. Y de nuevo hace un rato nomás.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).