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Fernando J. Ruiz

''¡Aflojá, Betancourt!''

Por Fernando J. Ruiz
Twitter: @fejaruiz
7 de junio de 2006
 

No existe otro país en América en el que los pobres tengan menos voz que en Cuba. Allí su voz ha sido expropiada y solo les quedó el silencio. No pueden organizar un sindicato ni un periódico por su cuenta, ni siquiera para apoyar a Fidel Castro. Todo se hace en nombre de ellos, pero sin ellos.  El periodista Armando Betancourt, de la ciudad de Camagüey, fue a cubrir un desalojo al que se oponían los vecinos. Y se le ocurrió intentar informar sobre el enfrentamiento entre los vecinos y la policía. ¡Cómo pudo ser tan necio! ¿Cómo puede uno convertirse en disidente en la isla de la publicidad turística?

Hoy Armando Betancourt según las últimas noticias del Comité de Protección de Periodistas y de Reporteros sin Fronteras está preso. En un comunicado, Reporteros sin Fronteras se pregunta: "si la policía de Camagüey estaba en su derecho al expulsar a los ocupantes ilegales de un terreno, ¿porqué tiene que molestarle que lo cuente un periodista?".

Pero eso no es noticia.  Los corresponsales extranjeros en la isla son morosos en transmitir estas noticias, ya sea por rutinarias o porque no le gustan al régimen que los autoriza a permanecer en la isla.

A Betancourt se lo llevaron el domingo 21 de mayo a las oficinas de la Seguridad del Estado, que es precisamente eso y no seguridad pública. En ese edificio hacen las preguntas los verdaderos cuadros políticos del castrismo, quienes se ocupan de vigilar y castigar, en un país que ha elegido al Código Penal como Carta Magna y como Código de Ética periodística. En una dictadura, no son los periodistas los que hacen las preguntas políticas: son los policías y los jueces.

¿Hasta dónde Betancourt querías llegar con tu disidencia? ¿Qué posibilidad tenías de instalar otro código de ética en tu querida isla? Los mejores talleres de ética en América Latina los da la Fundación Nuevo Periodismo, de Gabriel García Márquez; pero no los dan en Cuba. 

¿Cómo pelear Betancourt contra el pensamiento único? ¿Cómo tratar de que se exprese la pluralidad de voces que hay en el interior de Cuba? Acá tampoco hay opción para Betancourt. El creador de la expresión "pensamiento único" es Ignacio Ramonet, editor de Le Monde Diplomatique, y excelente comunicador. Pero sus libros se pueden comprar todos los años en la Feria del Libro de La Habana, editados y prologados por la dictadura cubana. Incluso yo compré uno cuando esa Feria se hizo en la ex cárcel de La Cabaña, el mismo lugar donde hubo tantos fusilamientos en la etapa ahora más romántica de la revolución.

Una semana antes que Betancourt fuera separado de su familia y enviado al calabozo, Ramonet coronaba su trayectoria en la lucha contra las dictaduras con un libro-entrevista al Supremo en el que copia tramos de discursos oficiales y los incorpora como respuestas. "Él me autorizó", respondió el gran periodista que considera a Castro como el genial "Picasso de la política" moderna. No leerán muchos artículos impresos sobre éste caso. En esto, otra vez, nos salva internet.

Ramonet hizo un servicio a la humanidad pues, según dijo en la presentación en La Habana, "la personalidad política que tiene menos voz es Fidel Castro". La verdad es que cada periodista del mundo alguna vez en su vida pidió una entrevista con Fidel Castro. Pero solamente seleccionan entre los que tienen vocación de micrófono y no de periodista. Por otra parte, las agencias de noticias del mundo están semana a semana aburriendo al globo con las previsibles opiniones del dictador cubano, siendo este uno de los grandes comentaristas de la escena mundial. Ya le gustaría a Rodríguez Zapatero, a Kirchner o a Lula tener esa presencia mediática mundial.

Ramonet y García Márquez son importantes para el futuro de Cuba y Latinoamérica. Su defensa con los restos mortales de la Cuba castrista ha sido importante para mantenerla. Son líderes de opinión muy respetados en el periodismo latinoamericano y, por lo tanto, no es gratuito disentir con ellos. Y, más en nuestra esfera íntima: ¿cómo seríamos considerados después de repudiar sus posiciones? ¿Nos verían como pro-Bush? ¿Como pro invasión? ¿Como fascistas? ¿Como idiotas útiles? ¿Como niños políticos? Saldríamos del debate público para entrar en un torneo de rotulación del otro, uno de los tantos hábitos políticos del siglo veinte que goza de buena salud.

Ese es el problema de Betancourt, que nos interpela. Por eso se lo voy a decir:

- ¡Aflojá Betancourt! La libertad para Cuba no es de este mundo.

Fernando J. Ruiz es Profesor de Periodismo y Democracia (Universidad Austral), redactor del informe "Indicadores de Periodismo y Democracia a Nivel Local en América Latina" y autor del libro "Otra grieta en la pared: Informe y testimonios de la nueva prensa cubana", ambas publicaciones editadas por CADAL y la Konrad Adenauer Stiftung.

 
Acerca del autor
Fernando J. Ruiz
Fernando J. Ruiz
Profesor e investigador tiempo completo de Periodismo y Democracia e Historia de la Comunicación en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral (Argentina). Doctor en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra y Licenciado en Ciencias Políticas, Universidad Católica Argentina (UCA). Es autor de los libros “Las palabras son acciones: historia política y profesional del diario La Opinión de Jacobo Timerman, 1971-77”, “Otra grieta en la pared: informe y testimonios de la nueva prensa cubana”, “El señor de los mercados. Ambito Financiero, la City y el poder del periodismo económico”. Es vicepresidente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea).
Twitter: @fejaruiz