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Patricio Navia

No llueve, pero gotea

(El Líbero) Si bien Piñera ajustó el gabinete, el cambio no fue lo suficientemente amplio ni profundo como para limpiar el contaminado aire político que tiene a las iniciativas de gobierno entrampadas en el hostil Congreso controlado por la oposición.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
14 de junio de 2019
 
Sebastián Piñera y gabinete

(El Líbero) Precisamente porque era tan esperado y porque el Presidente Piñera se demoró tanto en realizarlo, el cambio de gabinete inevitablemente decepcionó a los que se habían dejado llevar por las expectativas infundadas de un ajuste radical en la composición del equipo de gobierno. Y dado que el Mandatario optó por no cambiar a ninguno de los ministros más importantes, la variación probablemente tendrá un impacto menor en el clima político y en la habilidad del gobierno de Chile Vamos de lograr avanzar su agenda legislativa.

Desde hace ya varios meses que se venía rumoreando un cambio de gabinete. Cuando el gobierno cumplió su primer año en el poder, las voces que pedían un ajuste se escucharon con fuerza. Porque siempre hay ministros en problemas, por errores propios o conflictos heredados, la debilidad del ministro de Salud en su momento, o del titular de Economía en otro, hizo que volvieran los rumores sobre el cambio. Pero el Presidente Piñera se negaba a realizar un ajuste que, inevitablemente, implicaba reconocer que las cosas no estaban saliendo como él esperaba y como el país quería.

En mayo, cuando se acercaba el momento de la cuenta pública, aumentó la presión para realizar el cambio de gabinete antes de que el Presidente hablara ante el Congreso. Muchos incluso elaboraron listas de los ministros que estaban por irse y, lo que es más importante, de las figuras políticas de peso que estaban en consideración para ser sumadas con el objeto de potenciar al gobierno y lograr que mejorara la alicaída aprobación que recibía la gestión de Piñera. Pero llegó el 1 de junio y el Mandatario se dirigió al Congreso y a la nación acompañado por el mismo equipo ministerial con el que se había iniciado el año 2019. Parecía improbable que, después del 1 de junio, optara por rearmar su equipo de gobierno. Si el momento de la cuenta pública constituye una especie de inicio de un nuevo round político, parece innecesario que, días después de ella, el Jefe de Estado opte por hacer un ajuste que empañe sus anuncios y constituya una especie de reset del gobierno.

Pero eso fue precisamente lo que hizo. A menos de dos semanas de su discurso al país, Piñera confirmó los rumores que seguían presentes en el ambiente e hizo un ajuste de gabinete.

Varios de los nombres de ministros que dejaron sus cargos estaban en la lista de los candidatos a irse. El titular de Economía, José Ramón Valente, había tenido problemas para recuperarse de las controvertidas declaraciones al comienzo del gobierno. Pero la principal razón que explica su salida no está en sus errores. Valente se fue porque, dada la compleja situación económica, Piñera necesitaba demostrar que estaba haciendo algo al respecto. Como el Presidente no quiso reemplazar al Ministro de Hacienda, Valente debió ir al sacrificio. Su salida es más noticia porque Piñera decidió confirmar a Felipe Larraín en su cargo —pese a que éste ha sido corregido a la baja varias veces en sus optimistas declaraciones sobre el crecimiento de la economía.

En Relaciones Exteriores, el remplazo de Roberto Ampuero por Teodoro Ribera les otorga a los chilenos la posibilidad de tener pronto una nueva novela de calidad, pero no generará una pérdida que lamentar en Cancillería. Aunque Ribera no ha tenido experiencia diplomática, resulta difícil imaginar que tenga un desempeño más deslucido del que tuvo Ampuero.

Los otros cambios son menores —como el de Energía, que, de ocurrir en solitario, no hubiera despertado mayor interés— o bien representan enroques. La llegada de Fontaine a Economía obligó a nombrar un remplazante en Obras Públicas. El nombramiento de Alfredo Moreno en esa cartera constituye tanto una confirmación de lo importante que resulta para Piñera este empresario —que, junto a Felipe Larraín, es el único que ha sido ministro por la misma cantidad de tiempo que Piñera ha sido Presidente—como un reconocimiento tácito del fracaso del Plan Araucanía. La llegada de Sebastián Sichel a Desarrollo Social puede ser interpretada de muchas formas —incluyendo un improbable reconocimiento a la diminuta fracción de Ciudadanos, el partido político de Andrés Velasco, que decidió sumarse al gobierno— pero no como un espaldarazo al proyecto para lograr la pacificación de la Araucanía.

A diferencia de la fuerte lluvia que cayó ayer en Santiago —y que era esperada con tantas ansias como muchos esperaban el recambio de ministros— el cambio de gabinete que realizó el Presidente Piñera se acerca más a ese tipo de precipitaciones que lleva a la gente a decir que no llueve, pero gotea. Si bien Piñera ajustó el gabinete, el cambio no fue lo suficientemente amplio ni profundo como para limpiar el contaminado aire político que tiene a las iniciativas de gobierno entrampadas en el hostil Congreso controlado por la oposición.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

 
Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia