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Patricio Navia
El ímpetu refundacional de Piñera
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
7 de junio de 2019
(El Líbero) Las propuestas del Presidente sobre disminuir el número de parlamentarios y limitar su reelección son populares, pero no constituyen un tema prioritario para la gente. Además, no se basan en evidencia sólida y, por todo lo que sabemos, no solucionarán ningún problema real. Peor aún, contribuirán a debilitar las instituciones de nuestra democracia.
 

(El Líbero) Igual que su antecesora, el Presidente Sebastián Piñera se está dejando seducir por los cantos de sirena de reformas refundacionales. Al aprovechar su cuenta pública del 1 de junio para proponer una disminución en el número de parlamentarios y la adopción de límites a la reelección de legisladores, el actual Mandatario siguió el camino de Michelle Bachelet (2014-2018) de las propuestas voluntaristas, imposibles de materializar y que, además, basado en la evidencia comparada, tendrían un impacto negativo en caso de ser implementadas.

Aparentemente interesado en poner sobre la mesa una propuesta que compitiera con la popular iniciativa de algunos legisladores de izquierda de reducir el sueldo de los parlamentarios, el gobierno de Piñera cayó en la tentación populista de prometer algo que la gente quiere, pero que difícilmente tendrá un impacto positivo en la calidad de la democracia, en la gobernabilidad o en la promesa del gobierno de retomar el sendero del crecimiento y del desarrollo sustentable.

En 2014, la Presidenta Bachelet anunció que su gobierno iniciaría un proceso constituyente para remplazar la constitución de 1980 —que ha sido reformada más de 50 veces desde el retorno de la democracia. El anuncio fue especialmente polémico porque la Presidenta, a la vez que impulsaba este singular proceso, empujaba reformas constitucionales importantes. Como no tiene sentido remodelar una casa que pronto va a ser derribada para construir una casa nueva, su decisión de Bachelet de impulsar, a la vez, reformas a la constitución y una nueva constitución fue, cuando menos, curiosa.

Además, la evidencia comparada demostraba que el mejor momento para impulsa un proceso constituyente es al comienzo del periodo presidencial y que esos procesos tienden a ser exitosos cuando el país atraviesa por una profunda crisis política e institucional. Como en Chile no había ni crisis profunda ni hubo voluntad política para impulsar ese proceso en los primeros meses de gobierno, esa promesa terminó diluyéndose en una serie de improductivos —y por cierto costosos— diálogos ciudadanos. El “proceso constituyente” de Bachelet terminó de forma lamentable —y frustrante para los que compraron el cuento— en un proyecto de ley con una nueva constitución que Bachelet presentó al Congreso días antes de dejar el poder. Comprensiblemente, esa propuesta de nueva constitución fue uno de los primeros proyectos que retiró el gobierno de Piñera al asumir el poder.

Pero como si no hubiera aprendido de esa lección, el Presidente Piñera ha optado por introducir su propio proyecto de reforma fundacional al anunciar la reducción en el número de parlamentarios y los límites a la reelección.

La evidencia comparada muestra que las reformas que reducen el número de parlamentarios solo ocurren en casos de profunda crisis institucional. En tiempos de normalidad democrática, las reformas electorales suelen aumentar el número de parlamentarios. La razón es simple. Como los parlamentarios en ejercicio no quieren perder sus cupos, solo aceptan reformas inflacionarias—que aumenten el número de parlamentarios y reduzcan el poder relativo de cada uno de ellos.  Para acomodar a los grupos que quieren entrar al juego político, las reformas tienden a aumentar los cupos en el Congreso, no a reducirlos.  Es improbable que, de enviar esa reforma al Congreso, el gobierno logre aprobarla. En una de esas, Piñera tiene planificado presentar esa reforma un par de días antes de dejar el poder—siguiendo el mal ejemplo que dejó Bachelet pocos días antes de irse en 2018.

Por otro lado, la idea de establecer límites a los periodos legislativos es tan popular como carente de lógica. Históricamente, 4 de 10 diputados en cada periodo han sido novatos -están en su primer periodo- estaban en su primer periodo y el promedio de permanencia en el Congreso es de 2,5 periodos por diputado. Luego, establecer un límite de 2 reelecciones —12 años— equivale a prohibirle a los chilenos que midan más de 185 centímetros —aplica a muy poca gente. Nunca ha sido buena idea legislar en base a anécdotas. El hecho que haya unos pocos parlamentarios que han estado por 30 años en el Congreso no quiere decir que haya un problema sistémico que se debe solucionar. Además, al establecer límites a los periodos, lo único que se logra es que, en su último periodo, los legisladores se dedicarán a hacerle favores legislativos a potenciales futuros empleadores.

Las dos populares propuestas de la cuenta pública de Piñera se parecen a la propuesta fundacional de Bachelet de una nueva constitución en dos preocupantes dimensiones. Primero, ambas son populares con la opinión pública, pero no constituyen un tema prioritario para la gente. Segundo, las dos propuestas nos llevan por un camino de propuestas que no se basan en evidencia sólida y que, por todo lo que sabemos, no solucionarán ningún problema real y, peor aún, contribuirán a debilitar las instituciones de nuestra democracia.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

 
Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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