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Marcos Novaro
Elecciones en Córdoba: se sabe que Juan Schiaretti gana, no qué hará con su triunfo
Por Marcos Novaro
9 de mayo de 2019
(TN) El peronismo moderado juega su mejor carta: Cambiemos hará un flaco papel y el gobernador Schiaretti será reelecto cómodamente. ¿Mantendrá su vínculo con Macri, le levantará la mano a Lavagna o se lanzará él mismo a la presidencia?
 

(TN) Los cordobeses son gente peculiar. Durante años, fueron insistentemente radicales, incluso cuando ya el radicalismo se derrumbaba como fuerza política nacional. Luego, a fines de los noventa, se volvieron peronistas, justo cuando el peronismo de Menem se eclipsaba y retrocedía en todos lados. Y siguieron siendo insistentemente peronistas hasta ahora, pero de un peronismo que sólo se conoce en el distrito, bautizado “cordobesismo” años atrás por José Manuel de la Sota para alejarlo de la influencia de los Kirchner, que no lograron hacer pie en el distrito ni siquiera en sus momentos de gloria. De allí que su ser “peronistas cordobesistas” no les impidiera respaldar en las presidenciales de 2007 a Lavagna y los radicales y en las de 2015 a Macri y Cambiemos.

¿Qué van a hacer los cordobeses esta vez? Vaya a saber. Lo único seguro es que en las elecciones distritales adelantadas para este domingo 12 de mayo volverán a votar a Schiaretti para la gobernación, muy probablemente por una diferencia considerable ante sus contrincantes, el perro y el gato de un radicalismo dividido como nunca antes.

Habrá que ver si a raíz de este cisma, también el peronismo se queda con el municipio de la capital y también con intendencias del interior provincial que han seguido siendo refugio de los no peronistas del distrito desde 1998 a esta parte. Un mal resultado para el oficialismo nacional en localidades importantes de la provincia agravaría la seguidilla de trastazos que viene sufriendo Cambiemos desde que en febrero arrancó el campeonato 2019. En una provincia en la que ganó por casi el 72% de los votos en la segunda vuelta de 2015, había triunfado en la primera por el 53%, y hace dos años sumó 48,5%, bastante por encima de su promedio nacional, sería una señal de debilidad alarmante.

Pero lo realmente significativo de ese día, y que puede terminar de complicarle la vida al presidente, sus seguidores y aliados, va a ser lo que diga y haga Schiaretti cuando se conozcan los resultados. Al respecto, existen todo tipo de especulaciones: jugadas más o menos arriesgadas y que pueden enfrentarlo tanto a Macri, con quien hasta aquí se ha llevado bastante bien, o a sus socios de Alternativa Federal, o al menos a algunos de ellos. Porque lo cierto es que Schiaretti la noche del domingo va a ser el elegido y va a tener en sus manos gracias a eso un rol privilegiado como elector, la llave para empujar varios casilleros adelante en la carrera hacia la Casa Rosada a uno u otro, o a sí mismo.

De los líderes de Alternativa Federal es el único que no ha proclamado tener, hasta ahora, ambiciones presidenciales. ¿Eso significa que en su fuero íntimo no las tenga o no las pueda adquirir? A diferencia de De la Sota, que fue un líder nacional de la Renovación antes de serlo del peronismo cordobés, el actual gobernador nació y prosperó como figura política en el localismo, nunca lo abandonó. Y esa lealtad, a la vez limitación y atadura al distrito, puede decirse que ha sido siempre hasta aquí ratificada por los electores.

No es fruto sólo de su preferencia, sino de una experiencia histórica: en todas las elecciones para cargos nacionales, tanto legislativos como ejecutivos, el cordobesismo fue superado por otras ofertas, más alineadas con las fuerzas dominantes a nivel nacional: en la primera vuelta presidencial de 2015, aún cuando de la Sota fue el principal aliado de Massa, no logró que éste sacara en Córdoba más del 20% de los votos, apenas por encima de Scioli y más de treinta puntos atrás de Macri; en 2011 de la Sota ya se había visto obligado a retirar su lista para diputados nacionales, para evitar una derrota aplastante ante la de Cristina (más o menos lo contrario de lo que ahora hizo Cristina con su lista de candidatos locales); y sumemos a eso que, en 2017, Unión por Córdoba recibió solo 30% de las adhesiones, casi veinte puntos menos que Cambiemos. ¿Se arriesgaría esta vez Schiaretti a romper una tradición, abonada por números tan contundentes? Es más bien difícil, sobre todo en un escenario en el que ya abundan los presidenciables así que hay poco espacio para que intervengan más competidores.

Es más probable, en cambio, que busque burlar los límites del localismo apostando fuerte por alguno de estos presidenciables ya lanzados. Y quien ha hecho más esfuerzos y aguarda ser recompensado por ellos este domingo a la noche no es otro que Roberto Lavagna, quien ya es un viejo conocido de los cordobeses, aunque de la mano de la UCR: en 2007 su fórmula ganó en la provincia por más de 10 puntos contra CFK, que entonces resultó amplia vencedora en casi todos los demás distritos.

Pero de todos modos, en caso de que Schiaretti decida jugarse por Lavagna, es dudoso que el resultado vaya a ser todo lo contundente que este espera. Recordemos, una vez más, el intento de la Sota en 2015 con Massa: no funcionó. Hoy, el precandidato que espera un espaldarazo cordobés para salir de la meseta en que lo ubican todas las encuestas se encuentra, encima, bastante más atrás de quienes ocupan las primeras posiciones de lo que estaba Massa cuatro años atrás. Así que lo más probable es que, aún si un rutilante Schiaretti le levanta la mano este domingo, el escenario de la competencia presidencial no cambie demasiado.

¿Podría alcanzar de todos modos un gesto de ese tenor para alejarle a Macri votos que le serán imprescindibles para imponerse a Cristina en segunda vuelta? Eso es aún más difícil: si algo define al cordobesismo es el rechazo a la expresidenta, y por más enojados y decepcionados que estén los portadores de esa identidad con su sucesor, no van a tener otra que volverlo a votar. Es que, finalmente, ser cordobesista no parece consistir más que en soportar con un plus de intensidad y algún que otro desajuste temporal los inconvenientes que padecen todos los demás argentinos.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).