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Marcos Novaro

Macri sigue perdiendo provincias, y los K y Lavagna las ganan

(TN) Las estrategias electorales de la Rosada no dejan de dar malos resultados. Primero fueron La Pampa y Neuquén, siguió Córdoba y ahora La Rioja y Río Negro. ¿No les convendría conseguir un mapa más preciso del interior?

Por Marcos Novaro
24 de marzo de 2019
 

(TN) ¿Puede Macri retener la Presidencia si su coalición resulta derrotada en la gran mayoría de las elecciones anticipadas por las gobernaciones? Sí, es posible. Pero ese eventual resultado no permite ser muy optimistas sobre su eventual segundo mandato, en que necesitará apoyos legislativos y acuerdos federales amplios si quiere avanzar en reformas que muchos entienden impostergables, como es el caso de tres que apenas si pudieron sobrevolarse en los últimos años: la fiscal, la previsional y la laboral.

En los malos resultados oficiales que se auguran y ya empiezan a verificarse en las elecciones distritales pesan tres factores principales: la crisis económica, que se atribuye principalmente a Cambiemos, ya no a la herencia; que las administraciones provinciales, mayormente en manos opositoras, gozan en general de buena salud, fruto de negociaciones fiscales que ahora se ve se encararon desde Nación con demasiada generosidad, y las fórmulas de unidad que han alcanzado en los distritos las facciones peronistas en pugna a nivel nacional.

Pero también han empezado a pesar otros dos factores complementarios: tendencias opuestas a esta última en Cambiemos, que aparece cada vez más deshilachado en el territorio, y malas decisiones adoptadas por los estrategas electorales del macrismo con oficina en la Casa Rosada. Estos se siguen vanagloriando de acumular un récord de triunfos sucesivos, y de haber podido desmentir, una y otra vez, a quienes cometieron el error de subestimarlos. Pero puede que esté acabándoseles la buena fortuna y sus méritos y virtudes, que los hay y en abundancia, no alcancen para compensar.

En La Pampa fueron apaleados por sus aliados radicales, pese a que éstos se habían quedado sin su candidato en principio más potente, Juan Carlos Marino, por motivos que siguen siendo poco claros.

En Neuquén hundieron sin disimulo, y también sin ningún beneficio, a su candidato, Horacio Pechi Quiroga, cuando los kirchneristas los asustaron con un posible triunfo sobre el MPN, que nunca tuvieron a su alcance. Por suerte para el macrismo, el papelón de haberle regalado miles de votos al oficialismo local pasó más o menos desapercibido debido a la aún más sonada decepción electoral que sufrió el kirchnerismo.

Luego vino el desmadre de Córdoba, cuyos efectos esperables son mucho más dañinos: con el saldo de dos listas radicales compitiendo entre sí y el riesgo cierto de perder unos cuantos municipios, incluido el de la capital, se ha confirmado que los negociadores nacionales de los acuerdos territoriales de Cambiemos no tienen mucha idea del material humano con que trabajan, de los riesgos que corren, ni de los recaudos que conviene tomar para evitar los peores desenlaces. Córdoba no es sólo el escenario perfecto para que el peronismo alternativo o federal ahora muestre su superioridad territorial frente a Cambiemos, es también el único distrito en que Macri pudo arrasar en 2015, porque nadie estuvo en condiciones de disputárselo, mientras que ahora probablemente tenga que peleárselo voto a voto a Lavagna (que también ganó ahí, en 2007).

Para colmo de males, se acaban de sumar a este negro panorama La Rioja y Río Negro, gracias a la Corte Suprema, que dictó un fallo bastante salomónico, pero potencialmente muy perjudicial para el oficialismo.

En el caso de La Rioja porque, paradójicamente, la Corte le dio la razón a los dirigentes locales de Cambiemos, pero el efecto más probable de la resolución que prohíbe al actual gobernador candidatearse para un tercer mandato es quitarle el distrito al peronismo moderado para que vuelva a caer en manos del kirchnerismo, a través de Luis Beder Herrera.

En Río Negro, porque confiado en que el actual gobernador, Alberto Weretilneck, iba a salirse con la suya y reelegir, el gobierno nacional hizo como en Neuquén, pero desde el vamos y más abiertamente: desplazó al candidato que podía competir con más chances, Sergio Wisky, y armó una fórmula con dos figuras de poco arrastre, Lorena Matzen y Sergio Cappozi. Con lo que se ató de pies y manos ahora que Weretilneck quedó fuera de juego por el fallo de la Corte. Y le despejó el camino a Martín Soria, el candidato emergente de la “unidad peronista” alineado con Cristina Kirchner.

Más macanas no podían hacer en la Rosada ni que se esforzaran. ¿Podrá de todos modos Cambiemos sobrevivir a nivel nacional a esta sucesión de patinazos provinciales? Puede que sí, porque finalmente el predominio peronista en el territorio no trae nada nuevo, y difícilmente alcance para que CFK perfore su techo en octubre. Pero la respuesta difiere si atendemos a la otra amenaza que surgió mientras tanto para la reelección presidencial: ¿y si sucede que estos malos resultados distritales alientan a más radicales y votantes independientes a optar por el “centroprogresismo” de Lavagna, horadando el piso de apoyos firmes que hasta aquí sostiene las chances de Macri? ¿No estaremos yendo hacia un punto de quiebre, en que el tercero en discordia deje de ser apenas el instrumento útil para dividir el voto opositor (como por ahora sigue siendo el caso con la candidatura del ex ministro: ninguna encuesta le da más de 12-14 puntos) y se convierta en un contendiente con posibilidades reales de entrar al ballotage?

Lo cierto es que, hasta hace poco, el macrismo podía darse el lujo de subestimar a sus aliados y los reclamos y expectativas de votantes no peronistas decepcionados, pues se descontaba que unos y otros en última instancia no iban a tener más remedio que seguir respaldando al actual presidente, por la falta de alternativas menos malas. Pero la competencia se ha vuelto más intensa, más abierta y por tanto más exigente. Lo que es muy bueno para el país, pues exige a los contendientes hacer su mejor esfuerzo. La cuestión es si esta novedad va a ser adecuadamente valorada en los respectivos comandos de campaña, o si para cuando lleguen a sus manos los datos demostrando que el escenario efectivamente cambió, ya sea tarde para reaccionar. Macri y Cristina por ahora siguen como si nada, imaginan que van a lograr que los terceros en discordia, tanto a niveles provinciales como en el nacional, les quiten más votos al otro que a ellos. Pero se sabe lo rápido que cambia la dirección del viento.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).