El portal informativo de
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
Roberto Lavagna, al «bailando por un voto»
Por Marcos Novaro
13 de marzo de 2019
(TN) Se juntaron él y Tinelli, los dos «outsiders» de la política argentina. ¿Es para compartir cartel, para evaluarse y decidir si van a avanzar juntos? Por de pronto, se diferenciaron de Macri, Cristina y (otra vez sopa) de «la vieja política».
 

(TN) ¿Hacía falta que el ya decidido pero aún no proclamado candidato a la Presidencia Roberto Lavagna se viera con el capo del show business local, y aspirante él también a líder político, Marcelo Tinelli? Y más todavía, ¿hacía falta que Lavagna “fuera al pie”, concurriendo al domicilio del animador? ¿No se sometió innecesariamente así al buen juicio del patrón de Showmatch, habituado igual que su par Donald Trump a administrar con inapelable rigor (y buenas dosis de capricho) el ingreso y egreso del edén de los focos y la popularidad entre quienes se le acercan para ganar aunque más no sea un ratito el amor del público?

Puede que Lavagna haya imaginado que eso no importaba, y hasta que era útil, porque el objetivo en este encuentro era que el animador le contagiara algunas de las virtudes comunicacionales que posee en abundancia y a él le faltan: para empezar, gancho y nivel de conocimiento entre los jóvenes.

El exministro es conocido y valorado por una buena proporción de los mayores de 45 años. Pero los que tienen entre 35 y 45 no lo quieren, y los menores de 35, es decir la mayoría de los votantes, no tienen idea de quién es. Lo que es bastante lógico, porque tampoco tienen mucha idea de qué fue el estallido del 2001 y cómo se superaron, si es que se superaron, sus secuelas.

Puede además que Lavagna haya decidido apostar a esta vía “mediática” para sortear los obstáculos que le impone la “vieja política”: ni él quiere ir a las PASO contra los demás aspirantes del peronismo disidente, ni los gobernadores que más o menos se alinean en ese sector tienen por él especial aprecio, preferirían promover a uno de sus pares. Para no quedar entrampado en ese juego, y que no se repita lo de 2003, cuando la cofradía de mandatarios provinciales impuso su preferencia para la sucesión del liderazgo peronista (y así les fue), Lavagna estaría optando porque lo critiquen por frívolo, antes que por viejo y carente de apoyos efectivos en la sociedad.

Corre de todos modos con un riesgo considerable al reconocer en Tinelli el rol de “gran elector”, mediador necesario entre los políticos y la opinión pública, quien puede emitir certificados de simpatía para los líderes en competencia, muy necesarios dada lo acotado de los entusiasmos que hoy en día los integrantes de la elite política despiertan. Será que Lavagna confía en que ese poder de juicio no lo usará ni ahora ni más adelante en contra suyo, si no de sus adversarios. Y que confía en que, a cambio, ya lo habría convencido de sumarse a su proyecto como candidato a algún cargo, que excluido el de presidente, solo podría ser el de gobernador bonaerense. ¿Será tan así o el apuro y la falta de práctica en materia de armado de coaliciones políticas a Lavagna le están jugando una mala pasada?

Como sea, era también de esperar que, a partir de este encuentro de gigantes, el exministro ya no podría evitar que se lo viera lanzado y en campaña, y por tanto sus palabras lo comprometieran en posturas más definidas, y eventualmente polémicas, sobre los temas en discusión. Por eso, llamó la atención que, en declaraciones que emitió ese mismo día, fijara posiciones controversiales sobre dos temas muy candentes y delicados, la corrupción y el aborto.

Sobre la corrupción amplió lo que que había dicho días antes, que “no hay que hacer campaña… sobre temas judiciales individuales que decide la Justicia”. Diferenciándose de Macri, a quien achacó directamente querer sacar provecho de ese asunto y querer influir en el trabajo de la Justicia.

Pero al hacerlo, y con un argumento que suelen usar los kirchneristas para deslegitimar el avance de la Justicia, quedó expuesto a una objeción aún más comprometedora y que circula asiduamente como sospecha en la opinión pública, según la cual los peronistas “alternativos” no lo serían tanto, y estarían dispuestos a un pacto de impunidad con los seguidores de Cristina y los empresarios involucrados en la corrupción. O al menos estarían insinuándolo para sumarlos en su apoyo.

Por otro lado, es claro que hay una diferencia importante entre que un gobierno intervenga “en causas individuales” y que tenga una política para combatir la corrupción. Puede que Macri y Cambiemos no hayan respetado en todo momento y en la medida deseable esa importante diferencia. Pero parece que Lavagna directamente la ignora. Y eso no va a caerle nada bien a los votantes que pretende seducir.

Tampoco debe haberles caído bien, en especial a los jóvenes entre esos votantes, su definición sobre el aborto, que dijo en su opinión debería seguir siendo ilegal salvo para los casos ya previstos como excepciones. Entre los votantes menores de 40 años la legalización es una causa ampliamente compartida, y además quedó hace pocas horas masivamente graficada y ratificada por la movilización del 8M y por el terrible caso de la niña tucumana violada y sometida a una cesárea. ¿No se le ocurrió a Lavagna que debía ofrecerle al menos un gesto a ese público?

Más allá de su afán por pegarse a figuras mediáticas, no parece que él esté entendiendo bien algunas reglas básicas de la comunicación de masas y las campañas electorales. Confiados en estos déficits, los macristas creen que a Lavagna le puede alcanzar para lo que a ellos beneficia, pero no para lo que los pondría en aprietos.

Es decir: ante las limitaciones de Massa, Urtubey y compañía para proyectarse como candidatos mínimamente viables, el exministro aporta una solución, evitando que el peronismo, sobre todo el del interior, se resigne a optar por Cristina Kirchner; pero no va a poder evitar ser el tercero en discordia, el polo más débil ante el choque de planetas en que inevitablemente se convertirá la competencia Macri vs Cristina, y por tanto imposibilitado de atraer el voto útil, que en elecciones presidenciales es decisivo y más todavía lo es en el curioso sistema de triple vuelta que rige las nuestras.

Falta mucho de todos modos para saber si Lavagna está recién calentando motores y puede aprovechar de aquí en más las oportunidades que sin duda existen para que el “polo antigrieta” se consolide y crezca, o si tienen razón en la Rosada y sólo puede aspirar a ser un candidato tapón. Y uno además complementario del otro y principal tapón, Cristina, pues entre ambos reproducen la fractura peronista, precondición esencial para que Cambiemos haya llegado y pueda seguir en el gobierno.

 Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).