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Patricio Navia
Bachelet no es la rival de Piñera
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
5 de marzo de 2019
(El Líbero) El juicio histórico al segundo gobierno de la coalición de derecha dependerá de su capacidad de lograr promulgar una reforma tributaria que persista en el tiempo, una reforma de pensiones que legitime el sistema y le de mayor viabilidad futura, y una reforma laboral que se haga cargo de la nueva realidad de Chile.
 

(El Líbero) Es un error que el gobierno del Presidente Sebastián Piñera insista en buscar enfrentarse a la ex Presidenta Michelle Bachelet por la crisis política y humanitaria en Venezuela. Independientemente de lo que ella haga en 2021, no es su rival. El juicio sobre el desempeño del segundo gobierno de Piñera dependerá de si logra promulgar las reformas de pensiones, tributaria, y laboral. Porque fue electo para que volvieran los tiempos mejores—no para sentar a Bachelet en el banquillo de los acusados—, su obsesión con sacar constantemente a la pizarra a la ex Mandataria puede terminar haciendo que su segundo gobierno sea menos exitoso que el primero.

En las últimas semanas, el Presidente ha convertido la lucha contra la dictadura de Nicolás Maduro en una de las prioridades de su gobierno. Es loable el interés por contribuir al restablecimiento de la democracia en Venezuela, pero la forma en que ha desplegado sus esfuerzos no ha sido la más efectiva. El viaje a Cúcuta, para acompañar la entrega de ayuda humanitaria el 22 de febrero, no fue un éxito. El Wall Street Journal —que está lejos de ser un medio favorable a la dictadura venezolana— informó ayer que el propio Piñera estaba molesto con Juan Guaidó por lo mal organizado que estuvo la operación de presión al régimen. Piñera ha aprovechado la polémica sobre Venezuela para poner presión sobre Bachelet, la Alta Comisionado de la ONU para los derechos humanos. Aunque Bachelet está limitada por las reglas de la ONU, es evidente que ella muestra poco entusiasmo por liderar la condena al déspota gobierno venezolano. La misma que se apuró en expresar su preocupación por los derechos humanos en Brasil cuando Bolsonaro ganó las elecciones de 2018, ha sido bastante menos proactiva para promover la defensa de los derechos humanos en la Venezuela de Maduro.

Pero si bien el comportamiento de Bachelet es lamentable y reprobable, no parece razonable que la crítica la lidere el presidente actual de Chile. Más que preocupación por los derechos humanos en Venezuela, la crítica de Piñera parece evidenciar una cierta obsesión personal con su dos veces predecesora. Después de todo, el propio Piñera demostró su poca confianza en lo que puede hacer la ONU cuando decidió, hace unos meses, no suscribir el Pacto Mundial para la Migración de este organismo. ¿Si no tuvo fe en lo que pueden hacer las Naciones Unidas sobre los migrantes, por qué demandar una actitud más decidida de ese mismo organismo internacional en lo que respecta a Venezuela?

Esa contradicción de Piñera se puede entender cuando se considera que, en la historia de Chile, él y Bachelet ocuparán la misma página. Hasta ahora, el legado de Bachelet —con sus aciertos y debilidades— se alza como más importante y duradero para la sociedad chilena que el que ha podido construir Piñera. Además, lo que ocurra con Venezuela será una nota al pie de página marginal en la historia de los dos gobiernos de Piñera —casi como el rescate de los 33 mineros en 2010. El juicio histórico al segundo gobierno de la coalición de derecha dependerá de la capacidad de Pinera y su gabinete de lograr promulgar una reforma tributaria que persista en el tiempo, una reforma de pensiones que legitime el sistema y le de mayor viabilidad futura y una reforma laboral que se haga cargo de la nueva realidad de Chile como un país receptor de inmigrantes y logre hacernos competitivos en un mundo en que la tecnología amenaza con fuerza la concepción tradicional del empleo.

Piñera debiera entender que los chilenos lo votaron mayoritariamente precisamente porque él logró presentar un discurso de futuro y optimismo —contra un mensaje de división y polarización de la izquierda. Como esa misma mayoría decidió que la oposición controlara ambas cámaras del Congreso, La Moneda debe ahora forjar acuerdos para poder construir un legado duradero y sólido. Centrar las energías en atacar a Bachelet —figura simbólica de la izquierda y fuente de unidad para esa coalición— es inconducente al objetivo que debiera estar persiguiendo el gobierno. Por eso, insistir en denunciar la injustificada falta de liderazgo de Bachelet respecto a lo que ocurre hoy en Venezuela refleja una preocupante incapacidad para entender cuáles son los asuntos en los que se juega el éxito de este gobierno.

Para salir airoso en 2019, el gobierno de Piñera debiera preocuparse menos de lo que haga Bachelet sobre Venezuela —y también dedicarle menos a seguir ocupando ese rol secundario en la campaña para deponer la dictadura de Maduro liderada por el gobierno de Donald Trump— y más en construir las mayorías legislativas necesarias para poder avanzar las reformas clave de este año y construir un legado duradero que le permita a Piñera demostrar, con hechos y no palabras, que su legado fue más significativo y positivo que el de sus dos veces predecesora.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

 
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Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia