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Librado Linares García
Por qué el Castrismo ha logrado sobrepasar los 60 años y se propone más
Por Librado Linares García
2 de enero de 2019
Por muy consolidado que han parecido las diferentes modalidades de autocracia en el devenir histórico de la humanidad, todas han sido superadas por un movimiento revitalizador y libertario compuesto por los mejores hijos de sus respectivos pueblos.
 

Me llama poderosamente la atención como la periodista del órgano oficial del partido único: Leidys María Labrador, realiza un trino altisonante tan divorciado de la problemática de la nación y sin apego al más elemental sentido de la justicia y la libertad. Cómo se puede llamar candorosamente Revolución a un modelo totalitario superado por la historia: véase los ejemplos y aprendamos las lecciones de los otroras países socialistas del centro y este de Europa. El Socialismo Real en esa latitud logró: tener las ciudades limpias y con jardines, el transporte público en regla, los mercados abastecidos y con precios más o menos asequibles, los ingresos de los trabajadores con un poder adquisitivo mínimamente razonable, los servicios básicos funcionaban medianamente bien, etc. Eso sí, no tuvieron libertad, justicia, eran víctimas de una humillante subordinación a Moscú y en comparación con sus vecinos occidentales eran ínfimamente más pobres.

En Cuba se produjo la peor puesta en escena de ese sistema fracasado y si no transitamos como ellos hacia la Democracia y el Mercado, fue porque los cerrojos de la dominación eran y son mucho más potentes e implacables. Hasta ahora, Latinoamérica va siguiendo a Europa en el camino del progreso con varios lustros de diferencia, eso tiene su expresión en términos de articulación cívica de las demandas y aspiraciones de los oprimidos. No se ve por ninguna parte “el brillo de la libertad” a la cual se hace referencia. Los totalitarismos están concebidos para que no haya espacio para la misma. El conflicto fundamental no está fuera de Cuba, esa confrontación es subsidiaria, a todas luces el problema lo tenemos al interior del archipiélago cubano por la naturaleza del régimen imperante. Hay un refrán que dice: “no hay peor ciego que el que no quiera ver”.

Haré un breve bosquejo de la obra de ingeniería social que hizo el difunto F. Castro desde el mismo 1ro de enero de 1959: cercenó del escenario nacional  toda organización política que no fuera la que él dirigía verticalmente; estatizó el sistema de enseñanza y lo puso a su servicio;  barrió las entidades económicas independiente por lo que todos quedamos a merced de una suerte de Estado patrón; la prensa, el deporte, la creación artística y la investigación científica fueron incorporados en instancias del nuevo Estado opresor; el sistema de justicia fue subordinado y utilizado para castigar a los que disienten; implementó un Estado policíaco, abanderado por los órganos de la llamada Seguridad del Estado (SE) que posee poderes ilimitados en términos de garantizar la pervivencia del status quo; prohibió toda competencia política que  permitiera  la alternancia en el poder y la diversidad de opciones para enfrentar los desafíos cambiantes; aniquiló al ciudadano y con ello quedamos arrinconados a la condición de súbditos; toda la infraestructura de propaganda está orientada al culto de su personalidad; implementó un sistema económico muy poco generador de riquezas y oportunidades, por lo que ha tenido que ser eventualmente subsidiado desde el exterior; han sido notorio los niveles de desabastecimiento del mercado y la mala calidad de los bienes y servicios, que como regla, se nos ha ofrecido; institucionalizó la intolerancia política y el consiguiente desprecio al otro, entre otros muchos males.

Esta joven habla a nombre de la inmensa mayoría del pueblo cubano, sin haberlo consultado en un ambiente de respeto a los derechos fundamentales y las libertades básicas, sin lugar a dudas, uno de los vicios de la retórica castrista. La cosmovisión desde la que se proyecta es la establecida en la época colonial: la nación es un organismo homogeneo y unánime a la cabeza del cual se halla un padre de familia con poderes omnímodos. Transitar del organicismo referido a la soberanía del ciudadano ha costado mucho sacrificio, prisioneros de conciencia y muertos a la humanidad, para que esta bisoña nos quiera marear con locuacidades enlatadas al uso del castrismo. Por eso en las campañas electorales de los países democráticos se establecen debates frente a cámara en condiciones de igualdad, para que los ciudadanos puedan escoger en las urnas, manera muy saludable de cotejar cuánto pueda haber de demagogia y/o charlatanería política, al menos por uno de los proponentes.

Existe una ralea política castrista, por suerte para Cuba, cada vez menor en número y niveles de ideologización, que lamentablemente huele a viejo y está entrampada en los vericuetos del sistema, que constituye un lastre de cara a que nuestra Nación se enrumbe por el sendero de una transición hacia la Libertad y la Democracia. Por muy consolidado que han parecido las diferentes modalidades de autocracia en el devenir histórico de la humanidad, todas han sido superadas por un movimiento revitalizador y libertario compuesto por los mejores hijos de sus respectivos pueblos. Invito a la autora a que reconsidere su posición y se incorpore al mismo.

Nota: Este trabajo es mi modesta opinión sobre el artículo del periódico Granma el día 26 de diciembre pasado en la página nro. 3

Librado R Linares García.

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Acerca del autor
Librado Linares García
Librado Linares García
Librado R. Linares García, Secretario General del Movimiento Cubano Reflexión.