13.12.2018
 
Artículos / Opinión
Nicolás José Isola
Un país incivilizado
Por Nicolás José Isola
Twitter: @NicoJoseIsola
28 de noviembre de 2018
(La Nación) Los límites de la pasión irracional se nos fueron al demonio. Quizás ese ómnibus apedreado pueda funcionar como un gran símbolo de nuestra sociedad. Algunos arriba se burlan de los que están abajo y los de abajo buscan matar a los de arriba. Ya avanzó demasiado esto. Es excesivamente negro. Ya no dan ganas de ver la pelota rodar. El fútbol ya fue.
 

(La Nación) SAN PABLO.- El Black Friday se extendió y el fin de semana fue todo negro. Dos suspensiones en dos días: buena performance. Se suspende porque es inviable y es inviable porque la vida corre riesgo. La violencia ganó por goleada. La Argentina tiene un don entre las naciones: no desaprovecha ninguna oportunidad para quedar como un país incivilizado.

Este sábado, la oferta del cachivache institucional fue enorme. Anduvieron todas mal: los funcionarios políticos a cargo de la seguridad, las fuerzas del operativo, la Conmebol y los clubes. Todo lo que podía funcionar mal, funcionó mal. Gracias a Dios, no hubo muertos.

La Conmebol y la FIFA presionaron a los clubes y jugadores para que se jugara porque, es sabido, la vida humana está un escalafón por debajo de la voracidad de sus negocios: el Fair Play no vale para ellos.

Semanas atrás, Mauricio Macri había sugerido que se jugara con visitantes. Hubiéramos visto en vivo "Esparta vs. Imperio Persa, la batalla continúa". No podemos ni controlar a los locales, señor Presidente. Frente a este problema recurrente, sobran silencios que manchan la pelota. Todos miran al de al lado. Fuenteovejuna, siempre. Los dirigentes hablan como si no tuvieran relación con los barras, que hacen negocios millonarios en y con los clubes. Hechos: en la víspera del partido, el personal policial encontró veinte hinchas de River durmiendo adentro del club. Total normalidad, como si fuera su casa.

Quizás haya que pensar que el periodismo tiene una gran cuenta pendiente con este rubro: es bastante lo que se fogonea la locura pasional y muy poco lo que se hace para conocer más los lazos entre política, barrabravas, policía, jueces, fiscales y narcotráfico. Hay mucho alarde, mucho gesto para la tribuna, pero pocos quieren solucionar la violencia en el fútbol

Este es un juego cruzado en el que hay más cómplices que personas dispuestas a denunciarlos. Hay mucho miedo, pero con el miedo tenemos que hacer algo. O nos vamos a morir de miedo - y no es una frase hecha - nos van a terminar matando. ¿Quién detiene este alud que ya ganó proporciones incontrolables? Macri fue presidente de Boca, Massa de Tigre, Moyano lo es de Independiente. Usted me entiende, ¿no? Hay mucha gente con mucho poder en el fútbol. Y el fútbol les sirvió para tener más poder. Hay que unir los puntos, a veces. Yo entiendo, no es fácil, Santo Tomás de Aquino tenía razón: "Cuando aumenta el conocimiento, aumenta el dolor."

Para intentar que el futuro no tenga el mismo color, quizás haya que pensar que el periodismo tiene una gran cuenta pendiente con este rubro: es bastante lo que se fogonea la locura pasional y muy poco lo que se hace para conocer más los lazos entre política, barrabravas, policía, jueces, fiscales y narcotráfico. Hay mucho alarde, mucho gesto para la tribuna, pero pocos quieren solucionar la violencia en el fútbol. La Raíz, esa de la que habla Hugo Alconada Mon, tiene en este negocio sideral un gajo que da de comer a muchos que se hacen los sotas. Pero no solo las instituciones formales funcionan mal en estos días. Hay algo a lo que nos estamos acostumbrando. Pudimos ver cómo una madre le pegaba bengalas a su hija en el cuerpo con cinta.

Hay muchas formas de odiar el futuro de nuestra sociedad. Pero difícilmente se nos pueda ocurrir una más explícita, más contundente que ponerle explosivos a nuestros hijos. A veces, hay metáforas sociales que van mucho más allá de lo pensable: una madre que por alentar a su club y evitar el cacheo hace de su hijo una bomba. Los límites de la pasión irracional se nos fueron al demonio. Quizás ese ómnibus apedreado pueda funcionar como un gran símbolo de nuestra sociedad. Algunos arriba se burlan de los que están abajo y los de abajo buscan matar a los de arriba. Ya avanzó demasiado esto. Es excesivamente negro. Ya no dan ganas de ver la pelota rodar. El futbol ya fue.

Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina) 

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Acerca del autor
Nicolás José Isola
Nicolás José Isola
Columnista en @lanacioncom y @perfilcom Filósofo, Doctor en Ciencias Sociales y Magister en Educación.
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