13.12.2018
 
Artículos / Opinión
Gabriel C. Salvia
El pensamiento crítico homenajea al pensamiento único
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
19 de noviembre de 2018
(Clarín) La última paradoja para mencionar sobre el patético encuentro convocado por CLACSO, cuyo financiamiento se esperaría que se haga público, es que la revolución cubana que tanto homenajean le impidió en enero del 2014 a una organización de la sociedad civil argentina y a actores democráticos cubanos, la realización en La Habana de un Foro Alternativo a la Cumbre de la CELAC. Desde entonces se espera el reclamo de Adolfo Pérez Esquivel al régimen cubano por el respeto a la libertad de reunión y expresión.
 

(Clarín) Frente a la Cumbre de Líderes del G20 que se realizará en Buenos Aires los días 30 de noviembre y 1 de diciembre, no podía faltar una cumbre alternativa. Y como Argentina es una democracia, en consecuencia se reconoce el ejercicio del derecho a la libertad de reunión y expresión, permitiendo cuestionar el evento oficial y en especial al gobierno anfitrión.

Lo curioso es que la entidad organizadora de la contra-cumbre, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), dedique un espacio para brindar un homenaje a los 60 años de la revolución cubana.

Irónicamente, la contra-cumbre del G20 lleva el título "Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico" y homenajeará a un régimen de partido y pensamiento único. Aunque suene aburrido recordarlo, en la Cuba revolucionaria no hay elecciones ni prensa libre. Su Constitución dice garantizar el ejercicio de todas las libertades, pero aclarando que "conforme a los fines de la sociedad socialista". En Cuba, al día de hoy, su régimen político cerrado confisca libros y revistas, por considerar que su contenido atenta contra la soberanía nacional.

Entonces, resulta realmente grotesco que en esta contra-cumbre se incluyan temas como "Democracia, ciudadanía y estado de excepción", "Derecho a la información, medios de comunicación y democracia", "Contra el patriarcado, contra el fascismo", "La lucha por la paz y la justicia", "Poder ciudadano y justicia" y "Derecho a la memoria", al tiempo que se celebra a una dictadura que merece serios cuestionamientos en todos estos temas.

La revolución cubana es precisamente un estado de excepción, que intenta justificar la represión a los derechos humanos argumentando que "en plaza sitiada la disidencia es traición", es decir, apelando a uno de los típicos lugares comunes de las dictaduras militares: la amenaza externa. El hostigamiento a los opositores incluye principalmente a las mujeres. Allí, las inocentes protestas públicas de las Damas de Blanco son implacablemente reprimidas por una docena de personas por cada activista, quitándole su pancarta, inmovilizándola y trasladándola a un patrullero. Se trata de un típico caso de detención arbitraria y represión a la libertad de reunión y expresión que se comete todos los días domingos.

En Cuba no existen medios de comunicación alternativos a los oficiales y su gobierno lleva un largo historial de persecución al periodismo independiente, incluyendo varios casos de encarcelamiento y exilio forzado. Obviamente, el derecho a la información es inexistente en Cuba. Ignacio Ramonet podría esperar sentado si solicita el presupuesto de varias dependencias del régimen cubano o les pide acceso a la información para que, al igual que lo hizo Estados Unidos, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba desclasifique los archivos del período de la dictadura militar argentina. ¿Acaso los organismos argentinos de derechos humanos no reclaman Memoria?

La última paradoja para mencionar sobre el patético encuentro convocado por CLACSO, cuyo financiamiento se esperaría que se haga público, es que la revolución cubana que tanto homenajean le impidió en enero del 2014 a una organización de la sociedad civil argentina y a actores democráticos cubanos, la realización en La Habana de un Foro Alternativo a la Cumbre de la CELAC. Desde entonces se espera el reclamo de Adolfo Pérez Esquivel al régimen cubano por el respeto a la libertad de reunión y expresión.

Fuente: Diario Clarin (Buenos Aires, Argentina)

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

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