12.12.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
El obispo de Luján pidió perdón (a medias) por la misa con Hugo Moyano
Por Marcos Novaro
2 de noviembre de 2018
(TN) A través de una carta, el arzobispo Agustín Radrizzani aclaró que la celebración en la Basílica fue para «propiciar un clima de diálogo para superar las dificultades».
 

(TN) En una carta pública bastante extensa, el obispo que ofició la misa en Luján la semana pasada explica lo que entendió que estaba haciendo al aceptar la propuesta que le hiciera Julián Domínguez en representación de gremios y organizaciones sociales, y que terminó con la foto de los Moyano en primera fila y saludándolo amablemente, como culo y calzón para cerrar el evento. Una misa no se le niega a nadie. Y una foto amistosa tampoco.

Al principio el tono de la carta es ambiguo, y hasta podría llevar a pensar, si no se la lee con la mejor disposición, que pretende achacar el vendaval de críticas que recibió a la hipersensibilidad de algunos corazones no muy inclinados al diálogo ni a la comunión cristiana, y a la maldita grieta que nos crispa el ánimo un poco a todos.

Dice por ejemplo: "Sé que algunos han sufrido por la misa del 20 octubre, les pido perdón, así como otros se han alegrado. Los invito a todos a caminar juntos para superar la dolorosa brecha que vivimos en nuestra sociedad". Los que "se sienten desorientados o angustiados" por la misa, en suma, deberían pensarlo mejor y no hacerse tanto problema, en vez de estar buscando el pelo en la leche, podrían abandonar sus recelos y colaborar con la reconciliación de los argentinos.

Luego, la misiva se pone más interesante porque entra en detalles y se despega de cualquier interpretación partidista, y en particular “moyanista”, del episodio. Niega haber estado “en contacto con ningún gremialista para preparar la misa” y aclara que nunca tuvo el deseo de apoyar ni un partido, ni una ideología, ni una persona.

"No existió intencionalidad política alguna en la celebración. Les aseguro que no he recibido ningún beneficio económico para nuestra querida Iglesia arquidiocesana ni tampoco para mi persona. Mi intención fue la depropiciar un clima de diálogo para superar las dificultades que sufren muchos argentinos, escuchar al otro y manifestarle mis puntos de vista. Esto construye puentes que forjan entre nosotros una convivencia fraterna que es el encuentro entre hermanos, tan recomendado por el papa Francisco y tan necesario en este momento histórico que nos toca vivir”, escribió Radrizzani. Para cerrar con la afirmación tal vez más importante de toda la declaración: “Como Iglesia, nos oponemos a toda forma de corrupción”.

Si Radrizzani entendió necesario aclarar que la Iglesia y la corrupción no se llevan es porque efectivamente hubo muchas interpretaciones sobre las “intenciones políticas de la celebración” y la mayoría apuntaban en esa dirección. Tanto las que hicieron los Moyano, como las que plantearon sus críticos.

Obviamente el obispo la sabe, lo saben sus pares y de ahí la necesidad de la carta y de esa frase en particular: era hora de aclarar que con ese flagelo que ahonda la grieta, nos empobrece y dificulta enormemente la sana convivencia, la jerarquía católica no quiere tener nada que ver. Ya tiene suficientes problemas institucionales, de credibilidad, y desafíos de reforma y saneamiento por delante como para que sume uno más y para nada.

¿Se calmarán las aguas en la relación entre la jerarquía y el oficialismo? Es posible. También Macri hizo un gesto, al llevar donaciones a una parroquia de Morón donde funciona un comedor de Cáritas apenas horas después de la celebración del escándalo. Lo hizo porque entiende mejor que la curia que, la verdad, ninguna de las partes tiene mucho por ganar en esta pelea. Que así como quedó planteada tras la misa, parecía contrabandeada por algún trasnochado que atravesó en el túnel del tiempo los últimos 50 años de historia y política nacional y meaba fuera del tarro sin disimulo.

Más todavía cuando las chances de que el peronismo en alguna de sus versiones vuelva pronto al poder son escasas. Mezclar la corrupción de líderes sindicales y peronistas con las críticas por la situación social, el ajuste fiscal y hasta el FMI, y más todavía con la disputa sobre el aborto, la educación sexual, la anticoncepción, las cuestiones de género y demás no es para nada una buena idea. Ni para la Iglesia ni para el macrismo. Que van a tener que convivir y seguir tironeando por algunos de estos asuntos por bastante tiempo.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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