19.12.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
Elisa Carrió apunta a Germán Garavano pero para que caigan Angelici y Calcaterra
Por Marcos Novaro
17 de octubre de 2018
(TN) El pedido de juicio político no va a prosperar. Ni la oposición lo avala. Tal vez Lilita pretende que Macri ponga distancia con el presidente de Boca y se amolde a que su primo dueño de IECSA reciba un trato más duro.
 

(TN) ¿Es el ministro de Justicia el motivo real de la furia con que la diputada de la Coalición Cívica está planteando sus diferencias con Mauricio Macri en relación con las causas de corrupción? No resulta convincente que unas penosas declaraciones radiales y la designación de una asesora, excolaboradora de Daniel Scioli, hayan bastado para desatar la tormenta.

Sobre todo cuando hubo otras señales más preocupantes, en particular para una mente a veces muy conspirativa como es la de Lilita. Daniel Angelici participó hace pocos días, abiertamente, de los festejos con que se cerró la elección de consejeros de la Magistratura por los abogados, en la que ganó la lista del PRO y la UCR, avalada por Macri y Nosiglia. El presidente de Boca insiste en que en los tribunales no se mete, pero a esta altura es una tomadura de pelo. El gesto de participar en la mencionada celebración, ¿habrá sido consultado con el presidente y fue dirigido a Carrió?

Días antes se había conocido el desplazamiento de varios técnicos de la AFIP ocupados de rastrear movimientos de cuentas de empresas señaladas en los cuadernos. La sola sospecha de que el Ejecutivo estaba tratando de salvar al primo presidencial generó tal alboroto que uno de los desplazados fue reincorporado, aunque no en el cargo que hasta entonces tenía. El Ejecutivo adelantó luego una serie de criterios a aplicarles a las empresas investigadas, según los cuales se buscaría salvar a las firmas, las fuentes de trabajo, su capacidad operativa y demás recursos, pero no a los empresarios. ¿Se aplicarán en todos los casos y con igual celo?

Con tensiones como las que hoy agitan a la coalición oficial, queda a la vista como nunca antes la distancia entre el presidente que Macri está obligado a ser, si es que quiere sobrevivir y tener chances de ser reelecto, y el heredero de una fortuna cimentada en contratos públicos que alguna vez definió su identidad -y todavía signa en parte su vida familiar-, o la persona que fue como presidente de un club de fútbol rodeado, igual que muchos otros, por una densa y oscura red de negocios e intercambios con la política. Carrió parece decidida a recordárselo, aunque por como viene actuando es difícil saber si su terapia dará buenos o malos resultados. ¿Y si convence en cambio a Macri de que la opción es entre ética y gobernabilidad?

Hay que entender la lógica del desenfado y la impunidad con que siempre se han movido esos representantes de la vida prepresidencial de Macri. Y sobre todo el hecho de que, de no haber tomado algunas decisiones para inventarse una nueva vida, podría ser el propio Macri el que hoy estuviera en los zapatos de su primo Ángelo. De no haber saltado a tiempo de Boca a la Ciudad, estaría cumpliendo tal vez un rol parecido al de Angelici y sería tan cercano al clan Moyano como lo es este.

¿No hay acaso tantos motivos para sospechar connivencia con la barra y sus prácticas delictivas en el club de la ribera, que en otros que están siendo investigados? ¿Cómo explicar el muy escaso interés que ha mostrado este gobierno por sanear el fútbol profesional, al menos combatir el desmadre en que se convirtió la AFA?

Muchos han recordado en estos días que cuando a fines de agosto de 2010 Cristina Kirchner, en el pico de su guerra contra Clarín, conminó a los empresarios a asistir a la Casa Rosada para que avalaran sus acusaciones por la supuesta “apropiación de Papel Prensa en la mesa de torturas de la Dictadura” por parte de Clarín y La Nación, el presidente de IECSA estuvo en primera fila aplaudiendo.

Ese día muy pocos empresarios aceptaron el convite a escuchar el desopilante reporte preparado por Guillermo Moreno: ni siquiera estuvo la gente de la Cámara de la Construcción. Carlos Wagner, que como ahora sabemos era un engranaje central de la maquinaria de desviación de dinero público, inventó cualquier excusa para no ir. Y en la UIA incluso, salvo el inefable Lascurain, también ahora reo de la Justicia, unánimemente firmaron un documento que rechazaba de plano el convite.

Pero Calcaterra sí fue. No se preocupó por el significado político del acto, ni mucho menos por las implicancias que tenía que un pariente del entonces principal referente opositor estuviera avalando las más agresivas iniciativas oficiales contra la autonomía empresaria, justo cuando el mundo de los negocios intentaba marcar un tibio límite al respecto. Todo eso debió sonarle tan irrelevante como hacer bien las cosas en sus contratos. ¿O estaba tan conmovido por los hallazgos de Moreno y el unánime coro de los organismos de derechos humanos, que no se detuvo en detalles?

Los empresarios que por codicia estuvieron dispuestos a colaborar en el hundimiento de las condiciones mínimas de existencia de una economía capitalista en nuestro país, encarnan la versión más degradada de las muchas formas degradadas en que se fue inconsecuente o hipócrita bajo el kirchnerismo. Nada que envidiarle a periodistas avalando la censura o sindicalistas la mentira con la inflación.

¿Tendría algún sentido entonces que el actual presidente invierta el prestigio que no le sobra para intentar salvar a este personaje? Sin embargo, la sospecha de que puede estar intentándolo flota en el aire. Sería bueno que extremara los esfuerzos para disiparla. Finalmente, tampoco es que tiene que hacer mucho. En cuanto avance la investigación de Odebrecht, la evidencia reunida en Brasil y la impunidad con que se movieron en IECSA, compartiendo abogados y apoderados, van a hacer solas casi todo el trabajo.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
[Ver todos los artículos del autor]