20.11.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
Carlos Rosenkrantz en lugar de Ricardo Lorenzetti: ¿camino a una Corte oficialista?
Por Marcos Novaro
12 de septiembre de 2018
(TN) Lorenzetti seguirá siendo el poder detrás del trono. Al haber adelantado el recambio, que estaba programado para fin de año, y apoyado a su contrincante más débil frente al más desafiante, Horacio Rosatti, el otro santafesino y «operador político» de entre los supremos, se evitó un desgaste mayor y podrá seguir controlando los vínculos entre la Corte y el mundo exterior.
 

(TN) Está cantado que la respuesta será afirmativa para los opositores más virulentos: ellos, para empezar, no creen para nada en la independencia judicial, que no sería más que una ilusión liberal para velar el ejercicio ominoso del poder a favor de los ricos, sus políticos amigos y sus aliados. Es lo que vendría a ser un experto, precisamente, Carlos Rosenkrantz. Exabogado de grandes empresas, autodefinido como liberal, para colmo estuvo entre los miembros de la Corte que firmó el cuestionado y luego suspendido fallo que reconocía a presos por delitos de lesa humanidad el derecho a que se les aplicara el 2X1 y se acortaran sus condenas. Parece reunir todos los rasgos que hacen falta para confirmar esas críticas.

Es de imaginar qué dirán, en particular, desde el kirchnerismo: teníamos que soportar a Bonadio, Stornelli y Rivolo persiguiendo a CFK y sus nobles colaboradores, encima nos habían sacado a Oyarbide, Freiler y demás garantes de la libertad de los luchadores populares, lo único que faltaba era que el gobierno de Macri se hiciera de un control total de la Corte. Conclusión, “ya no hay Justicia”, “el Pueblo nunca estuvo más desguarnecido y a merced de los poderosos”, bla, bla, bla, "es el fin del Estado de Derecho", bla.

Con todo, el motivo de preocupación principal para el gobierno ante este cambio imprevisto producido en el máximo tribunal del país no debería ser tanto contestar estas críticas, como que suceda más bien lo contrario de lo que ellas sugieren. Es decir, que por el perfil intelectual y académico, la falta de experiencia y de cintura política de su nuevo titular, todos rasgos que lo ponen en las antípodas de su antecesor, la Corte ingrese en una fase que tal vez gane en coherencia doctrinaria y ajuste al derecho, pero pierda en disposición a atender las necesidades políticas del momento.

Lorenzetti, hay que reconocer, si algo hizo con destreza durante los casi 12 años de presidir el tribunal, todo un récord para los estándares argentinos, fue ajustar los tiempos y contenidos de sus fallos a una fórmula que equilibraba dos parámetros básicos: a preservación de un poder autónomo en sus propias manos y la atención de las demandas políticas que se imponían en la coyuntura.

Fue así en el caso de la ley de medios: la resolución a favor del Ejecutivo de entonces fue doctrinariamente muy objetable, probablemente la más objetable de todas las que dictó en esos años, pero se tomó el tiempo justo para emitirla cuando el gobierno ya no tenía chances de usarla como carta de triunfo inapelable contra sus enemigos, justo después de la derrota electoral de 2013.

Ese episodio, que pinta de cuerpo entero el perfil de Lorenzetti, su bien cultivado oficio de superviviente, es inimaginable que se repita con Rosenkrantz. Se ha dicho que su intervención en el controvertido fallo del “2x1” obedeció a sus vínculos con un sector del Ejecutivo, el que forman ciertos asesores judiciales del Presidente. Pero lo más significativo es que respondió a un criterio jurídico desprendido de todo cálculo político. Si hubiera pensado en el impacto que el fallo podía tener, más todavía si hubiera consultado con alguien del gobierno con mínimo criterio de juicio sobre ese impacto, nunca hubiera procedido de la manera que lo hizo.

¿Y si casos como este se repiten ahora, cuando el Gobierno atraviesa dificultades mucho más serias que las que existían a mediados de 2017? Es seguro que no habrá “mayoría automática” como en los años '90. Pero es de desear que tampoco se repita la indiferencia política que la Corte practicó en tiempos de Alfonsín, que condenó al primer presidente democrático, recordemos, a esperar durante años que ella lo ayudara a resolver el endemoniado asunto de la obediencia debida, con el que finalmente tuvo que lidiar en soledad y cuando ya era demasiado tarde. Como el “2X1”, aunque por la vía contraria.

Dicen los conocedores de esas internas de palacio, que tantos riesgos de que algo así se repita no hay porqueLorenzetti seguirá siendo el poder detrás del trono. Al haber adelantado el recambio, que estaba programado para fin de año, y apoyado a su contrincante más débil frente al más desafiante, Horacio Rosatti, el otro santafecino y “operador político” de entre los supremos, se evitó un desgaste mayor y podrá seguir controlando los vínculos entre la Corte y el mundo exterior.

Pero habrá que ver si es así. Al menos lo seguro es que ahora habrá un juego más abierto. Y puede que se consiga con el tiempo un mejor equilibrio entre lo que se ajusta a derecho y lo que ese mundo exterior reclama o necesita para que nuestra democracia siga adelante.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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