12.12.2018
 
Artículos / Opinión
Patricio Navia
Gobierno de minoría
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
24 de agosto de 2018
(El Líbero) El Presidente Piñera deberá redoblar esfuerzos para encontrar parlamentarios dispuestos a construir un acuerdo. Eso lo obligará a realizar concesiones que pudieran ser dolorosas para él y su sector. Pero el éxito de los gobiernos no se mide por las batallas heroicas que pierde, sino por la capacidad de avanzar —aunque sea de forma incompleta— en pos de sus objetivos y metas.
 

(El Líbero) Como siempre ocurre con los gobiernos que no poseen mayorías en el congreso, la administración del Presidente Piñera va a depender de la capacidad de su gobierno de construir acuerdos con algunos partidos o parlamentarios de oposición para avanzar su agenda legislativa. Ahora que debe enfrentar la difícil tarea de construir una mayoría legislativa para aprobar la reforma tributaria que prometió en campaña, La Moneda debería recordar que la gente prefiere a los gobiernos que son capaces de avanzar—aunque tengan que transar—que a aquellos gobiernos que prefieren ser intransigentes en la defensa de sus principios, aunque eso signifique no lograr avanzar en las reformas que prometieron.

El gobierno de Chile Vamos es minoría en el Congreso. De los 43 senadores que habrá hasta 2020, 19 son de Chile Vamos y 24 de oposición. Para construir mayoría a favor de la reforma tributaria, el gobierno necesita tres votos de senadores de la oposición. Parecería lógico pensar en que algunos de los cinco senadores del PDC podrían sumarse al gobierno. Después de todo, el PDC alega ser un partido de centroizquierda, por lo que bastaría con buscar a aquellos que tengan más sensibilidad de centro. Lamentablemente para el gobierno —y para el PDC— la bancada senatorial de ese partido está más cargada a la izquierda. Liderados por Provoste y Rincón, el resto de los senadores DC —Huenchumilla, Pizarro y Goic— también aparecen más inclinados a la izquierda. Es cierto que la reforma de Piñera entrega beneficios adicionales a La Araucanía, por lo que Huenchumilla pudiera sumarse, y que Pizarro está en complicaciones legales por el caso SQM, por lo que mantendrá un bajo perfil. Pero parece riesgoso apostar a que habrá tres senadores DC que se sumen a todo el paquete de reformas —incluida la reintegración del sistema tributario— que envió el Presidente Piñera al Congreso. 

De los 19 senadores restantes, hay tres que tienen inclinaciones más moderadas: el ex PDC (ahora miembro de la bancada PPD) Pedro Araya, de Antofagasta, el iquiqueño Jorge Soria (PPD) y Felipe Harboe (también PPD). Pero el gobierno hasta ahora ha hecho pocos esfuerzos por conseguir el apoyo de esos senadores. Si no son ellos, el gobierno tendrá un camino más difícil para sumar el apoyo de alguno de los otros senadores de izquierda.

La alternativa de negociar con bloques partidistas en su conjunto o de construir un gran acuerdo nacional a favor de una reforma tributaria aparece como más difícil. Aunque el gobierno ha hablado mucho de construcción de consensos —y no pierde ocasión para recordar lo exitoso que fue el periodo de la democracia de los acuerdos a comienzos de los 90— muchas posturas del gobierno han debilitado el espacio para construir esos acuerdos. Además, la izquierda de hoy es mucho menos proclive a la construcción de acuerdos de lo que entonces era la Concertación.

En la Cámara de Diputados, Chile Vamos tiene 72 de los 155 escaños. Para pasar la reforma, necesita sumar 6 diputados. Ahí hay más opciones para construir mayoría. La bancada de 15 diputados PDC tiene parlamentarios más centristas y moderados. A ellos se podría sumar el único independiente, René Saffirio (ex PDC). Los cuatro diputados del FREVS —da lo mismo qué significa el acrónimo, porque cambia para todas las elecciones— liderados por Alejandra Sepúlveda también son candidatos para construir acuerdos. Como los 20 diputados del Frente Amplio han polarizado el discurso hacia la izquierda, el gobierno tiene más espacio para consolidar una posición de razonable moderación en la Cámara.

Con todo, no será fácil construir un acuerdo que le permita a este gobierno de minoría lograr promulgar una de sus principales promesas de campaña. Como necesita ganar votos, el gobierno deberá asumir una actitud realista que muestre su voluntad de diálogo y construcción de acuerdos. No va a ser fácil, porque será tentador para muchos en la oposición humillar al gobierno con un bloqueo parlamentario que le propine una dura derrota electoral. Otros, más razonables, exigirán evidencia de que la reforma tributaria no aumentará el creciente déficit fiscal ni le cargará la mano a los que menos tienen para avanzar en la necesaria simplificación del sistema tributario.

El éxito de esta iniciativa del gobierno va a depender fundamentalmente de la capacidad de La Moneda de demostrar que sabe cómo gobernar siendo un gobierno de mayoría. La construcción de acuerdos requiere de dos partes dispuestas a negociar. Como muchos en la izquierda prefieren no negociar sino negarle la sal y el agua al gobierno, el Presidente Piñera deberá redoblar esfuerzos para encontrar parlamentarios dispuestos a construir un acuerdo. Eso lo obligará a realizar concesiones que pudieran ser dolorosas para él y su sector. Pero el éxito de los gobiernos no se mide por las batallas heroicas que pierde, sino por la capacidad de avanzar —aunque sea de forma incompleta— en pos de sus objetivos y metas.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

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Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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