13.12.2018
 
Artículos / Opinión
Adolfo Garcé
¿Coaliciones otra vez?
Por Adolfo Garcé
22 de agosto de 2018
(El Observador) Podemos asegurar que, como en 2009 y 2014, habrá balotaje. No hay ninguna razón para pensar que el FA pueda mejorar su desempeño electoral en 2019 respecto a las dos instancias anteriores. Podemos suponer, asimismo, que es altamente probable que, esta vez, no logrará reeditar la hazaña electoral de alcanzar la mayoría parlamentaria. Si este escenario se confirmara, llegaríamos al balotaje en un escenario completamente distinto al de los dos anteriores donde la segunda vuelta fue apenas un ritual.
 

(El Observador) No es mucho lo que puede afirmarse con certeza sobre el desenlace de la elección nacional de 2019. Como en 1994, reina la incertidumbre. El Frente Amplio (FA) podría volver a ganar, sobre la base de tres gobiernos signados por la obsesión de la igualdad y en buenos resultados (aunque de signo decreciente) en materia de crecimiento económico y de producción de innovación. La oposición podría triunfar, apoyada en cambios relevantes en el "sentido común" como argumenté el miércoles pasado y en la construcción de una agenda reformista compartida y plausible. Hay otras preguntas complicadas. Por ejemplo, es muy difícil anticipar el efecto del retiro de Pedro Bordaberry de la competencia electoral en el desempeño del Partido Colorado. A su vez, ¿qué pasará con Ernesto Talvi? ¿Logrará ser electo candidato a la presidencia? Si lo fuera, ¿qué efecto tendría esta candidatura sobre la votación del PC y sobre la de otros partidos? ¿En qué medida constituye una amenaza real para Luis Lacalle Pou, Pablo Mieres y Edgardo Novick?

En todo caso, podemos asegurar que, como en 2009 y 2014, habrá balotaje. No hay ninguna razón para pensar que el FA pueda mejorar su desempeño electoral en 2019 respecto a las dos instancias anteriores. Podemos suponer, asimismo, que es altamente probable que, esta vez, no logrará reeditar la hazaña electoral de alcanzar la mayoría parlamentaria. De todos modos, aunque su intención de voto es muy baja en todas las encuestas conocidas, me cuesta mucho imaginar al FA obteniendo, por ejemplo, 10% menos que en 2014. Si mi lectura de la coyuntura es correcta, cuando llegue el momento el FA estará más cerca del 45% que del 40%. En todo caso, sí parece muy probable que pierda un senador y varios diputados. La tendencia al debilitamiento del astorismo, visible en octubre de 2014, y ratificada en la interna frenteamplista de 2016, desde este punto de vista, constituye un problema muy serio para el partido de gobierno.

Si este escenario se confirmara, llegaríamos al balotaje en un escenario completamente distinto al de los dos anteriores. En 2009 y 2014 la segunda vuelta fue apenas un ritual. Se sabía de antemano el resultado. Ni Luis Alberto Lacalle Herrera (versus José Mujica) ni Lacalle Pou (versus Tabaré Vázquez) tenían chances reales de ganar. El balotaje 2019 sería, muy por el contrario, de resultado abierto. Las alianzas políticas pasarían a jugar un papel central. No es fácil imaginar con quién podría pactar el candidato frenteamplista. ¿Con la Unidad Popular? ¿Con el Partido Independiente? En teoría, ambas alianzas son posibles. En la práctica, son poco probables. El FA no precisa pagar el precio de construir una coalición con UP para asegurarse que la mayoría de esos electores apoyen el candidato frenteamplista en el balotaje.

En cambio, sería altamente conveniente para el FA en términos electorales pactar con el PI que, como es sabido, también se define como de izquierda. Sin embargo, los puentes entre independientes y frenteamplistas han sufrido daños estructurales muy serios durante los últimos años. El PI ha estado en temas centrales más cerca de las críticas del resto de los partidos de oposición que de las posiciones y políticas públicas de los sucesivos gobiernos frenteamplistas.

Es un poco más sencillo imaginar qué alianzas podría concretar, llegado el momento, el candidato opositor. blancos y colorados, enemigos jurados durante cien años, están condenados a volver a gobernar juntos. Sus electores, en el eje izquierda-derecha, están perfectamente superpuestos, y han demostrado que pueden circular sin mayores traumas entre ambos. En el plano ideológico, sus dirigentes (con algunas excepciones muy significativas como la del diputado colorado Fernando Amado) tienden a coincidir en asuntos centrales. Juntos, en 2005 y 2006, criticaron la puesta en marcha del PANES y el fracaso de la tentativa del TLC con EEUU. Juntos cuestionaron, cada vez más enfáticamente, la política del Ministerio del Interior y la falta de ambición en materia de reforma educativa. Desde luego, sobreviven diferencias entre ellos. Tienen historias distintas y representan tradiciones diferentes. Pero han experimentado, en el largo plazo, un proceso evidente de convergencia en el plano de sus preferencias sustantivas.

Una coalición opositora podría tener otros dos socios: el Partido de la Gente y el Partido Independiente. Sobre la estrategia de Edgardo Novick se sabe menos. Nacido de la experiencia de la "Concertación" en Montevideo, y dado el discurso de su líder, hay que esperar que, si obtiene representación parlamentaria como todo parece indicar, termine también formando parte de una coalición electoral y de gobierno con blancos y colorados.

Por cierto, me lo imagino como un socio difícil, de comportamientos poco previsibles. Me baso en su sorpresiva negociación con el intendente Daniel Martínez en torno al "Fondo Capital". Finalmente, otra vez, pasa a ser especialmente relevante la posición que termine adoptando el Partido Independiente. No es tan fácil para ellos, desde el punto de vista ideológico, saltar desde la tradición socialdemócrata con la que se identifican a respaldar una propuesta política de signo diferente. No es fácil, pero tampoco es imposible. En cualquier caso, si voy por la "pista" analítica correcta, la posición de los independientes es un de las claves políticas más importantes de la próxima elección. Claro, siempre y cuando logren una buena votación en octubre. Para eso, sospecho que tendrán que pronunciarse rápidamente respecto a la principal pregunta del próximo ciclo electoral: ¿Qué es lo mejor para Uruguay? ¿Qué gane el FA o que haya alternancia?

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.
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