19.12.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
En Cambiemos pelean y negocian, en el PJ solo pelean
Por Marcos Novaro
23 de abril de 2018
(TN) Con el tema tarifas, la coalición oficial hizo más ruido que nunca. Sus socios están aprendiendo a convivir, a resolver conflictos y a sacar provecho de sus diferencias.
 

(TN) Fue una semana prolífica en internas y peleas, tanto en el oficialismo como en la oposición. Con una pequeña diferencia. El viejo chiste de que los peronistas son como los gatos, cuando suenan como si estuvieran peleando en verdad se están reproduciendo, tal vez ya no sea correcto aplicárselo a ese partido, y en cambio ahora sí corresponda hacerlo a sus adversarios y verdugos de Cambiemos.

En los últimos días, la coalición oficial hizo más ruido que nunca. Es que se venían acumulando tensiones entre los aliados desde hacía tiempo. Y el tema tarifas puso la situación al rojo vivo. Pero con un par de encuentros de cúpula, una oportuna ceremonia en homenaje a Alfonsín y algunas correcciones menores en los últimos aumentos de gas todo tendió a encarrilarse.

Hay rumores de que Macri y algunos de sus funcionarios quedaron bastante enojados tras las quejas públicas de Elisa Carrió y sobre todo las que planteó el radical Alfredo Cornejo, que hace gala de un carácter duro y modos tajantes bastante raros entre sus correligionarios. E igual que la chaqueña se atrevió a desafiar al presidente en un terreno que es el más sensible del programa fiscal.

Pero si ese fuera el ánimo resultante en el vértice gubernamental no se entendería por qué le ofrecieron al jefe de la UCR una escena ideal, que Ernesto Sanz no hubiera siquiera podido soñar: una reunión en Casa Rosada en que no sólo lo recibió Macri acompañado por la plana mayor de su gabinete, Juan José Aranguren incluido. La reunión fue inmediatamente seguida de los anuncios de al menos parte de los cambios que el mendocino reclamaba. Para no dejar dudas de que se había sellado la paz y el precio era que el presidente reconocía al mendocino como un interlocutor de peso en asuntos sensibles de la gestión.

Todavía está por verse si Cambiemos avanzará luego de esta experiencia en dirección a consolidarse como coalición de partidos. Pero es bastante evidente que sus socios están aprendiendo a convivir, a resolver conflictos, y a sacar provecho de sus diferencias, utilizándolas para canalizar distintas opiniones e intereses de la sociedad. Algo que por muchos años solo el peronismo hizo bien y con ventaja. De allí que pudiera ofrecer un arco de opciones en tensión entre sí, pero finalmente solidarias y funcionales a la formación de mayorías y el ejercicio del poder.

Claro que no es sólo mérito de los líderes oficialistas, sino fruto sobre todo de las condiciones que les imponen los votantes y las exigencias de la competencia. En poco tiempo se ha consolidado un electorado que se identifica con Cambiemos, mucho más que con el PRO, la UCR o la Coalición Cívica. Y es evidente que quien rompa esa unidad le haría un gran daño a los demás socios, pero también correría el riesgo de quedarse con las manos vacías, mientras que dentro de la coalición seguirá compartiendo los frutos del éxito, al menos mientras el peronismo siga desorientado y dividido.

Precisamente en estos últimos días también hubo novedades de ese lado del espectro político. Y no muy buenas que digamos. La intervención del PJ nacional decidida por la jueza Servini logró hacerse finalmente del control del local partidario, pero no mucho más y enfrentará pronto una apelación de los desplazados que muy probablemente enredará más las cosas.

Barrionuevo convocó para ayudarlo a dos ex renovadores de los años ochenta, que como impulso extra para la cruzada reformista sonaron bastante a poco: Campolongo y Bárbaro están en la práctica jubilados como dirigentes partidarios hace muchos años, no tienen influencia en ningún sector de peso del peronismo de nuestros días, y en su desempeño público han acumulado en todo caso expertise como integrantes de la farándula y gladiadores del barro periodístico, no como referentes mínimamente serios de ninguna idea política identificable.

En las ideas que de todos modos se animaron a desgranar en estos días se parecieron demasiado a Barrionuevo y su telúrica evocación del “movimiento nacional” y el regreso a las fuentes como para actuar, ya no digamos como voz convocante, al menos como participantes de cualquier proceso de renovación. Bárbaro hizo referencia en un confuso artículo en que lo único claro es el ánimo de vendetta con que piensa encarar su nueva función, contra “personajes que poco o nada tenían que ver con el peronismo” y le hicieron sufrir “años marginado y expulsado”. Encima emprende una defensa de su nuevo jefe que éste seguro no le va a agradecer, recordando el episodio de las urnas quemadas en Catamarca en 2003: "Lo acusan de haber quemado urnas que no existieron, en tiempos que abundan los incendiarios de ideales que pocos o nadie acusa". ¿Una cosa tiene que ver con la otra o la anula?, ¿de qué incendiarios de ideales habla? No se entendió. Y termina con una reconstrucción histórica que lo deja a media agua entre los K y los peronistas federales, y demasiado lejos de ambos: "(en los noventa) volvimos a ser gobierno pero sin duda perdimos el rumbo, dejamos de ser el movimiento nacional y popular para dejarnos inficionar por el economicismo que nos llevó a privatizar los servicios públicos generando una sociedad marcada por la decadencia”. ¿Algo que ver con el “peronismo de centro” atento a las necesidades de un capitalismo moderno y competitivo del que hablan Pichetto, Urutbey y tantos otros? Para nada.

A la luz de planteos tan equívocos no es de sorprender que los gobernadores, tras haber aclarado que rechazaban la intervención de Servini como una interferencia injustificada, se mantengan lo más lejos posible de la aventura iniciada por el gastronómico y sus laderos. Y que ni Pichetto ni los gremialistas ni ningún otro sector mínimamente representativo del peronismo realmente existente haya dedicado ni medio minuto a comentar los planes e iniciativas de los nuevos dueños del local partidario. Para todos ellos, que ya tenían un montón de problemas para ponerse de acuerdo en una vía para renovarse y coordinarse, dejar en el pasado al kirchnerismo, recuperar algo de la unidad perdida, encontrar buenos candidatos y competirle en las mejores condiciones posibles a Cambiemos el año que viene, nada de lo que hagan Barrionuevo y sus amigos puede ser de mucha ayuda. Al contrario, es más bien otro frente abierto para que proliferen peleas imposibles de resolver y el descrédito ante la sociedad por mostrar a los peronistas embarcados en trifulcas que a nadie interesan. Y en las que si algo se reproduce son sus vicios.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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