26.9.2018
 
Artículos / Opinión
Leandro Querido
¿Quién eligió en las elecciones de Cuba?
Por Leandro Querido
Twitter: @leandroquerido
12 de marzo de 2018
La institucionalización de la “revolución” ha dejado un proceso de burocratización electoral que asfixia a la soberanía popular, que no le da resquicio alguno para que se exprese.
 

Cuba realizó el pasado domingo 11 de marzo la segunda etapa de sus Elecciones Generales 2017 – 2018, en las que más de 8 millones de ciudadanos fueron convocados para elegir a quienes los representarán en las Asambleas de sus 15 Provincias (1.265 cargos a Delegados) y en la Asamblea Nacional del Poder Popular (605 legisladores nacionales).

El contexto en el que estas se desarrollaron fue altamente restrictivo. Un centenar de pre candidatos disidentes fueron excluidos en las etapas electorales previas, en las últimas semanas también se produjeron detenciones arbitrarias. En el régimen castrista se advierten algunas preocupaciones. En el frente exterior la caída libre de Venezuela parece llevarse todo consigo. La conmemoración del quinto aniversario de la muerte de Hugo Chávez en Caracas dejó al desnudo el desmantelamiento de una red de apoyos políticos regionales que alguna vez fue fuerte y además confirma el nivel de intromisión del gobierno de Cuba en los asuntos internos de Venezuela a partir de las idas y venidas en torno a las fechas y las circunstancias en que se produjo el deceso de Chávez. En el frente interno también hay complicaciones. Raúl Castro ha dicho que no quiere seguir al frente del gobierno y hay cierta incertidumbre sobre su sucesión. En este contexto enrarecido se produjo el suicidio de uno de los hijos de Fidel Castro, quien se desempeñaba como asesor del Consejo de Estado.

Miguel Díaz Canel podría ser la persona designada para ocupar el cargo que dejará Castro. Díaz Canel es el primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba desde febrero de 2013 y además es una persona que no se vincula directamente con el proceso revolucionario originario dado que nació en 1959.

En cuanto al proceso eleccionario, puede decirse que no se diferencia de los anteriores. No hay un atisbo de apertura política. Se trata de un gran simulacro electoral en donde la opacidad y la discrecionalidad de las instituciones que intervienen desvirtúan toda noción de elecciones y legitimidad.

La organización de los comicios está bajo la responsabilidad de la Comisión Electoral Nacional, cuyos integrantes son escogidos, nombrados y juramentados por el Consejo de Estado. Es decir que todo el control de los comicios está en manos de los dirigentes del partido Comunista.

La otra evidencia del control electoral se vincula con el hecho de que los aspirantes a los cargos para estos dos niveles de gobierno, como son las Asambleas Provinciales y la Asamblea Nacional, fueron escogidos en un procedimiento llevado a cabo por las Comisiones de Candidaturas, que operan en los diferentes niveles político – administrativo en los que está dividido el país: nacional, provinciales y municipales.

Las Comisiones de Candidaturas están integradas por representantes de los seis sectores en los que el gobierno dividió a la sociedad. Esta instancia clave de control se la dividen entre la Central de Trabajadores de Cuba, el Comité de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación Estudiantil Universitaria y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media. Esta Comisión de Candidaturas es la negación misma del pluralismo y su función es la de policía política que interviene a tiempo para evitar que se filtre algún candidato que no responda al interés del régimen.

De acuerdo a la Ley Electoral (1992), por lo menos el 50% de los candidatos a las 15 Asambleas Provinciales y a la Asamblea Nacional debieron provenir de los Delegados de las 168 Asambleas Municipales, mientras el resto es escogido entre los ciudadanos que cumplan con los requisitos constitucionales y legales para ocupar estas posiciones. La aprobación de los candidatos para los cargos a estos dos niveles del poder corresponde a las respectivas 168 Asambleas Municipales, luego de ser supuestamente preseleccionados por las Comisiones de Candidaturas. Por lo tanto, la discrecionalidad de la Comisión de Candidaturas es total y determinante. De este modo se transforman en la instancia clave de las elecciones restrictivas cubanas.

La primera etapa del proceso electoral se presentó sin sorpresas. El contexto autoritario hace que el régimen tenga un control total del instrumento “asambleario”. Es evidente que en este marco la votación a mano alzada lejos de ser un ejemplo democrático es un instrumento coercitivo sumamente eficaz. Un claro ejemplo de ello fue lo que ocurrió en diciembre del año pasado cuando el Consejo de Estado dictaminó que los algo más de 12 mil delegados seleccionados en las Asambleas Municipales se reúnan en “sesión extraordinaria” para efectuar la nominación de los candidatos a delegados a las asambleas provinciales y a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Un simulacro a todas luces poco creíble. Tres días después de la orden emitida por el Consejo de Estado a los Delegados Municipales, el diario Granma dio a conocer los nombres de los 605 candidatos a Diputados para el IX período de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que fueron escogidos en las Elecciones convocadas para este domingo 11 de marzo de 2018.

Ahora pasó la segunda etapa de este proceso electoral plagado de abusos institucionales. Por lo tanto, el domingo pasado no hubo elecciones libres y competitivas, ya que los 8 millones y medio de cubanos inscriptos en el Registro Electoral no eligieron a sus 605 Diputados. El proceso fue diseñado para que los electores solo refrenden lo que eligió previamente la Comisión de Candidaturas. De esta manera, los integrantes del Consejo de Estado se aseguraron de seguir detentando el poder y, por ende, el presidente.

En definitiva, la institucionalización de la “revolución” ha dejado un proceso de burocratización electoral que asfixia a la soberanía popular, que no le da resquicio alguno para que se exprese. Que aunque la inflación semántica del régimen se esfuerce en resaltar su carácter participativo y asambleario, no es más que un simulacro meticuloso por el cual se sustituye la voluntad general.

Dijo Stalin alguna vez, “no importa cómo se vota ni quién vota, ni dónde ni a quién. Lo importante es quien cuenta los votos”. El sistema electoral de los Castro es robusto porque no solo cuenta los votos, sino que además le importa cómo se vota, quien vota, donde se vota y a quién vota. Una maquinaria que ha funcionado bien durante casi 60 años pero que ya no puede esconder su esencia profundamente antidemocrática.

Twitter: @leandroquerido
Acerca del autor
Leandro Querido
Leandro Querido
Politólogo especializado en observación electoral y director ejecutivo de Transparencia Electoral.
Twitter: @leandroquerido
[Ver todos los artículos del autor]