Artículos / Opinión
Carlos Sabino

DESPUÉS DE CHAVEZ

Mientras todavía resulta bastante difícil entrever la forma en que Chávez, efectivamente, pueda ser sacado del poder en Venezuela -un poder que para la mayoría de la población ejerce de modo ilegítimo- se discute ya en el seno de la oposición lo que ocurrirá "el día después"

Por Carlos Sabino
Twitter: @Sabino2324
11 de marzo de 2003
 

Mientras todavía resulta bastante difícil entrever la forma en que Chávez, efectivamente, pueda ser sacado del poder en Venezuela -un poder que para la mayoría de la población ejerce de modo ilegítimo- se discute ya en el seno de la oposición lo que ocurrirá “el día después”. La preocupación es natural y encomiable porque, aunque ahora debemos concentrarnos en evitar el
totalitarismo de este peligroso caudillo, también es importante ir prefigurando lo que puede ser el país cuando termine esta aventura y comience la ansiada etapa de la reconstrucción nacional.
La inquietud de la que hablamos se expresa, hoy, en formas diferentes: hay quienes se concentran en el problema de la ética y los valores, fundamental para no caer en los errores del pasado; hay quienes intentan diseñar “proyectos de país” para la nueva Venezuela, completos y abarcantes, que puedan asumir el papel de pactos fundacionales para los próximos años; estamos además los que pensamos que, en realidad, es más importante tener ahora un instrumento más práctico y de mayor contenido político, un pacto de gobernabilidad preciso y claro que dé garantías mínimas a la oposición y al chavismo sobre lo que ocurrirá al comienzo de la nueva etapa.
Las propuestas, aunque no coincidentes, tampoco son en realidad contradictorias: en todos estos planos se puede y se debe avanzar para que nuestra lucha por la libertad y el estado de derecho vaya asumiendo un contenido más concreto y apunte hacia metas que todos valoramos. Pero en el
curso de estos largos y conflictivos meses han aparecido también, en mucho de lo que se habla y escribe, signos sin duda preocupantes, ideas que nos inquietan y que no queremos dejar sin explorar o rebatir.
Una, que es fundamental, se refiere a la crítica del largo período democrático que vivimos antes de Chávez y que algunos denominan todavía como “cuarta república”. Muchos no entienden que esta etapa no fracasó porque la dirigencia haya caído en manos de hombres corruptos, o porque los partidos e alejaron de la ciudadanía, o por factores coyunturales de cualquier tipo, sino porque tenía escondida, en sus raíces, las causas de su propia destrucción. Lo que fracasó en Venezuela no fue la dirigencia de adecos y copeyanos, realmente, sino el modelo socioeconómico que estos dirigentes trataron de mantener cuando ya no era posible sostenerlo.
De allí, más que de la corrupción, surge Chávez: de un sistema de reparto del ingreso petrolero que concibió al estado como motor del desarrollo pero que, al final, nos entregó veinte años de retroceso económico, menor producción, menor intercambio internacional y una inversión privada en constante retroceso. Lo que fracasaron fueron los controles de cambios, los privilegios sindicales, los subsidios de toda clase y las industrias estatales falsamente “estratégicas”, los precios regulados y la reforma agraria que hizo del IAN, el mayor terrateniente del país; las universidades que aumentaron sus gastos sin mesura mientras el resto de la educación se estancaba y burocratizaba; la política de la OPEP, que nos hizo perder mercados en todo el mundo mientras establecíamos un monopolio estatal sobre el negocio petrolero que nos llevó producir menos que en los años setenta; la ineficiente burocracia pública que creció sin medida, hasta el punto de abarcar más de un tercio del mercado de trabajo formal. Quien hoy no entienda esto, quien piense que después de Chávez es posible volver a los años dorados que vivimos hace un cuarto de siglo, se equivoca hoy y siembra las semillas de nuevos conflictos y nuevos retrocesos para el futuro.
Lo que está haciendo el actual gobierno es poner en práctica, con la ignorancia y la brutalidad que lo caracterizan, las peores recetas del pasado: un control de cambios más rígido que los anteriores, una regulación de precios absurda, la politización absoluta de la industria petrolera, hasta los intentos de control sobre la prensa. Nada de esto estuvo ausente en el pasado aunque, es preciso destacarlo, nunca se actuó del modo bárbaro en que lo hace ahora el chavismo. Pero me parece importante que la oposición comprenda que no se trata sólo de detener al totalitarismo, de impedir que nos volvamos otra Cuba: también es importante que, el día después, sepamos eliminar no sólo los excesos de Chávez sino además la propia concepción socialista que está detrás de su proyecto y que tantos todavía comparten.
Algunos pensarán que esto que proponemos no es más que un intento del ‘neoliberalismo’ de pescar en el río revuelto de la actual confusión nacional. Pero es otra cosa: es la convicción de que el regreso al pasado es imposible, que la libertad por la que luchamos es también económica, que un país cerrado como el que propone Chávez nos lleva hacia el destino de Corea del Norte, pero que la Venezuela paternalista e interventora del pasado, gobernado por quienes se sentían dueños de sus riquezas, nos llevó a dos largas décadas de empobrecimiento.

Carlos Sabino es Director Académico de CEDICE, corresponsal de AIPE en Venezuela, miembro de la Mont Pelerin Society y autor del libro "El fracaso del intervensionismo en América Latina".

 
Acerca del autor
Carlos Sabino
Carlos Sabino
Licenciado en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Es profesor titular de la Escuela de Sociología y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela y profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Es miembro de la Mont Pelerin Society, y corresponsal de la agencia AIPE en Venezuela. Entre sus libros figuran: Empleo y Gasto Público en Venezuela; De Cómo un estado Rico nos Llevó a la Pobreza; El Fracaso del Intervencionismo en América Latina; Desarrollo y Calidad de Vida; y Guatemala, dos Paradojas y una Incógnita.
Twitter: @Sabino2324