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Carlos Sabino

Venezuela: ingobernabilidad y desastre economico

Un nuevo ajuste sufrirá la economía venezolana: después de los escasos frutos que arrojaron las anteriores medidas, tomadas el 11 de febrero, se anuncia ahora que volverán a subir los impuestos y se llamará a concesión para que la empresa privada opere algunos entes estatales.

Por Carlos Sabino
Twitter: @Sabino2324
4 de junio de 2002
 

Un nuevo ajuste sufrirá la economía venezolana: después de los escasos frutos que arrojaron las anteriores medidas, tomadas el 11 de febrero, se anuncia ahora que volverán a subir los impuestos y se llamará a concesión para que la empresa privada opere algunos entes estatales. La situación se ha agravado desde febrero y las cifras, que todavía no parecen del todo sinceras, resultan mucho peores que las de entonces. El déficit público se calcula en un 8,8% del PIB, una suma astronómica sin duda alguna, mientras el desempleo se acerca ya al 20% y la economía ha decrecido más del 4% en el primer trimestre de este año. Entretanto, la capacidad de endeudamiento del estado está seriamente limitada por las altos valores que presenta el riesgo-país.

No es para menos. Venezuela parece en estos momentos por completo ingobernable y la presencia de un nuevo equipo económico, que reemplaza al de los marxistas ortodoxos que dirigían el sector, no ha generado ninguna confianza en los mercados. La bolsa languidece y el dólar se ha disparado otra vez, produciendo una devaluación del 50% en apenas cinco meses. Un escándalo por una malversación de aproximadamente 4.000 millones de dólares complica este panorama y debilita aún más a un gobierno que pierde aceleradamente toda legitimidad. Con una inflación que puede superar el 50% anual, con recortes fiscales y deudas sin pagar a los trabajadores del sector público, el intenso malestar social ya existente se hará, de seguro, todavía mayor.

Pero, a pesar de todo lo crítica que pueda resultar la situación económica, el problema fundamental del momento está en la imposibilidad de encontrar una solución política que ponga fin a la ingobernabilidad en que vivimos. El proyecto de Chávez de controlar autoritariamente toda la vida social del país y llevarlo por el camino de la Cuba fidelista ha fracasado. Ha sido la resistencia creciente de la población lo que ha impedido que él pudiera consolidar su poder. Pero la oposición, aunque trate ahora de unificarse, no encuentra tampoco las vías para lograr que el caudillo salga del poder.

Todas las instituciones están controladas por un régimen que es esencialmente distinto al que impera en los demás países de la región: Chávez no es un demócrata, como lo prueba su reciente pasado golpista, y aspira a gobernar sin límite de tiempo y sin oposición a la cual hacer concesión alguna. Si respeta las formas constitucionales, y esto lo hace con muchas reticencias, es porque se trata de un sistema legal que él mismo diseño a su medida, que construyó para poder controlar todos los resortes del estado y perpetuarse en el poder. Chávez se siente un revolucionario y está dispuesto a utilizar cualquier recurso -legal o ilegal, pacífico o violento- para no perder la presidencia, como lo demostró cuando ordenó disparar contra la multitud que pedía su renuncia el 11 de abril pasado.

Ahora, mientras espera poder depurar el ejército para que quedé al mando de sus incondicionales, va reforzando a la vez una estructura paralela de poder constituida por los llamados “Círculos Bolivarianos”. Estas son organizaciones de base, algunas armadas, que cuentan con apoyo logístico y financiero oficial: su sede está en el propio palacio presidencial de Miraflores, su organizador es el actual Ministro del Interior y sus fondos provienen de las arcas del estado. Se las hace responsables de la matanza de los ciudadanos indefensos que manifestaban el 11 de abril y se presume que cuentan con miembros en los estados fronterizos, donde trabajarían en concierto con la guerrilla colombiana.

El país se encuentra paralizado, buscando una solución política que no alcanza a concretarse, esperando conjurar el fantasma de un enfrentamiento total. El futuro es incierto. Venezuela, sin embargo, no podrá permanecer mucho más tiempo en esta agonía intolerable: pronto, de un modo u otro, se tendrá que resolver la situación. Sólo nos resta hacer votos para que no se desate en el país la violencia que tantos presagios señalan como inevitable.

 
Acerca del autor
Carlos Sabino
Carlos Sabino
Licenciado en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Es profesor titular de la Escuela de Sociología y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela y profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Es miembro de la Mont Pelerin Society, y corresponsal de la agencia AIPE en Venezuela. Entre sus libros figuran: Empleo y Gasto Público en Venezuela; De Cómo un estado Rico nos Llevó a la Pobreza; El Fracaso del Intervencionismo en América Latina; Desarrollo y Calidad de Vida; y Guatemala, dos Paradojas y una Incógnita.
Twitter: @Sabino2324