13.12.2018
 
Entrevistas
Marcos Aguinis:
«En estos veinte años el populismo ha estado presente todo el tiempo»
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
10 de noviembre de 2003
«Por supuesto, se ha venido asociando con la proliferación de ideologías que llamamos setentistas o quizás más antiguas todavía que han impedido que la democracia funcionase de la manera productiva y feliz que hubiésemos deseado».
 

Marcos AguinisMarcos Aguinis nació en Córdoba, Argentina, en el año 1935. Como escritor ha transitado una amplia formación internacional en literatura, medicina, psicoanálisis, arte e historia. En 1963 apareció su primer libro y, desde entonces, ha publicado nueve novelas, once libros de ensayos, cuatro libros de cuentos y dos biografías. En los últimos años todos sus títulos se convirtieron en best-sellers.
Cuando se restableció la democracia en la Argentina en diciembre de 1983, Marcos Aguinis fue designado subsecretario y luego secretario de Cultura de la Nación. En el campo de los derechos humanos Aguinis enfrentó temas polémicos que pusieron en riesgo su vida. Durante la última dictadura fue limitada la circulación de sus libros y algunos salían del país en forma clandestina.
Marcos Aguinis, ha recibido, entre otros, el Premio Planeta (España), la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, el Premio Reforma Universitaria (Universidad de La Plata), el Premio Fernando Jeno (México), Premio Benemérito de la Cultura de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación, Premio Nacional de Sociología, Premio Lobo de Mar, Premio Swami Pranavananda, la Plaqueta de Plata Anual de la Agencia EFE por su contribución al fortalecimiento de la lengua y la cultura iberoamericanas y fue designado por Francia Caballero de las Letras y las Artes. Le otorgaron el título de Doctor Honoris Causa la Tel Aviv University (2002) y la Universidad de San Luis (2000). En 1995 la Sociedad Argentina de Escritores le confirió el Gran Premio de Honor por la totalidad de su obra.
Aguinis fue una de las figuras intelectuales que participó como expositor del Seminario Internacional "Las amenazas a la democracia en América Latina: Terrorismo, Neopopulismo y Debilidad del Estado de Derecho", realizado en Bogotá, Colombia, los días 6 y 7 de noviembre de 2003. En un intervalo de dicho encuentro accedió gentilmente a esta entrevista para CADAL, cuyo tema central fue el Vigésimo aniversario del retorno a la democracia en Argentina.

-¿Qué se siente al cumplirse estos primeros veinte años de democracia en la Argentina?

-Sentimos alegría y al mismo tiempo sentimos desencanto. Pareciera que esta democracia que reconocemos como imperfecta, como adolescente, no ha tenido por parte de los políticos el apoyo que necesitaba. Puede decirse que luego del apagón cultural que produjo la dictadura en vez de emerger hacia una etapa novedosa, vinculada con los progresos que se dan en otros países desarrollados del mundo, hubieran resucitado nuevamente los antiguos vicios relacionados con el autoritarismo, con la corrupción, con la hipocresía, con el populismo que han causado tan profundo daño.
Puedo decir que en estos veinte años se ha podido ver que aunque cambiaron presidencias y algunos protagonistas, el populismo ha estado presente todo el tiempo, a través de un asistencialismo político, a través de la presencia de punteros y una corrupción que no se le ha puesto un límite adecuado. Y todo eso, por supuesto, se ha venido asociando con la proliferación de ideologías que llamamos setentistas o quizás más antiguas todavía que han impedido que la democracia funcionase de la manera productiva y feliz que hubiésemos deseado.

-¿Nota cierta debilidad en la democracia argentina que pueda derivar en algún momento hacia algún sesgo autoritario?

-Sesgo autoritario, sí, no golpe militar. En ese sentido podemos decir que uno de los grandes progresos que se han dado es que las fuerzas armadas han aprendido que no es buen negocio dar un golpe de estado, que a la larga reciben un descrédito muy profundo y que en la Argentina esto está fuera del horizonte. Pero se han dado otros golpes de estado pero sin militares, como fue la caída de Fernando De la Rúa. No podemos decir que no fue un golpe de estado porque se destituyó a un presidente con todo su equipo, con todo su gobierno. De manera que fue un golpe de estado pero se trató de mantener al país dentro de un marco constitucional, lo cual es bastante meritorio, por supuesto. Pero la tendencia autoritaria es algo muy enraizada y yo observo con alguna preocupación ciertos indicios de que esto está volviendo. Por ejemplo, observo una relativa autocensura en muchos comunicadores y algunos dicen que esto es consecuencia de "sutiles aprietes" que se hizo con estos comunicadores, lo cual no deja de ser, por supuesto, algo que debe ser denunciado porque no hay que permitir que crezca.

-¿Y por qué cree que estos casos de los "aprietes" no han tenido mayor repercusión?

-Por un lado porque cuando comienza a existir cierta cuota de temor la repercusión disminuye y la autocensura aumenta. Por otro lado, el presidente Kirchner ha tenido muchos gestos políticos acertados que le ha permitido aumentar rápidamente su poder y hay una tendencia a no ponerle piedras en el camino. Los argentinos que hemos pasado ya por tantas frustraciones, tanto dolor, queremos que su gobierno sea exitoso. Pero por lo menos, en el caso mío, yo diferencio todo el tiempo aquellas cosas que elogio de aquellas cosas que debo criticar y no dejo de hacerlo. Esto no es lo general.

-¿Las protestas piqueteras pueden afectar de alguna manera el desarrollo democrático de la Argentina?

-Seguramente. Las protestas piqueteras son una expresión muy elocuente de un crecimiento de la anomia. Este es un problema muy serio para una democracia. No nos olvidemos que la Argentina, en estos veinte años de democracia, incrementó enormemente su inseguridad. Hay denuncias de que la Policía está incluso asociada a determinados poderes políticos. La Policía corrupta asociada con ciertos poderes políticos corruptos. Si esto se asocia a que hay desocupación, exclusión social, hambre y por otro lado una anomia importante, estamos frente a un polvorín. Por lo tanto, yo de ninguna manera acepto que los justificativos o la simpatía que se pueda tener ante los que sufren permita que ellos violen la ley. Me parece que debe entenderse que las protestas son legítimas, que de ninguna forma hay que impedirlas, pero también es necesario que el país sepa que existe una Constitución, que existe una ley y un Código Penal y que todos debemos respetarlos.

-¿Qué cree que puede pasar si esto no se respeta y se incrementa?

-Bueno, el presidente Kirchner ha tenido manifestaciones que le han dado mucha popularidad, en el sentido de que él no negocia nada bajo presión. Sin embargo con los piqueteros él se deja presionar y esto puede influir sobre su propia popularidad. Por otro lado, yo he señalado que la política de seguridad no alcanza con atender la coyuntura inmediata, con echar a la policía corrupta. Estas son medidas que están bien, son importantes, pero deben venir acompañadas de un plan estratégico en el cual se planifique con toda la expertise necesaria, todas las medidas que se deberán tomar a mediano y largo plazo para conseguir una perfecta selección de personal, un buen entrenamiento, una actualización y ajuste de toda la legislación penal, el cambio de nuestras cárceles, en fin, que tengamos dentro de un par de años la Policía que el país necesita y no pensar que vamos a lograrlo en forma inmediata. Pero si nos limitamos a los remiendos, a lo coyuntural,  como generalmente se hace en Argentina, dentro de cuatro años no vamos a estar mucho mejor que ahora.

-¿Cómo puede afectar el desarrollo de la democracia el estado actual de la educación en la Argentina?

-Vengo de publicar un artículo que se titula "Al maestro con cariño", en el que hago una descarnada crítica de lo mal que va la educación en la Argentina y de la ausencia también de un plan estratégico, para desarrollarla de acuerdo a las exigencias del siglo XXI. En todos los niveles en la Argentina la educación está mal, y los cambios que se han hecho en la década del 90 fueron cambios de muchísimo ruido que incluso daban dolor de cabeza y nauseas porque nadie los entendía a los cambios. Pero finalmente no hubo una sola nuez, las cosas están peor que antes. Esto necesita ser replanteado, no solamente se trata de problemas de presupuesto, sino de toda una filosofía de la manera en que debe encararse la educación.

-¿Qué temas cree que se debaten mal en la Argentina?

Se debate mal la forma en que la Argentina puede llegar a ser otra vez un país en crecimiento. Creo que eso está mal debatido porque la tendencia que sigue dominando es la que pone la culpa afuera, y que busca enemigos externos, foráneos, y eso yo creo que es un debate equivocado. Por ejemplo, el antiamericanismo argentino es algo que llama la atención. Países como Perú, Bolivia o Guatemala, o Colombia, son menos antinorteamericanos que la Argentina a pesar de que han sufrido el garrote de Estados Unidos y medidas económicas que han sido perjudiciales para esos países. Pero la relación de Argentina con Estados Unidos no ha estado vinculada por una opresión o una explotación comparable a la de esos países. ¿Por qué tanto odio a Estados Unidos?
Esto yo creo que tiene que ver con resentimientos, con envidia, y con encarar mal nuestros propios problemas. Porque mientras nos distraemos echando las culpas al exterior de nuestras dificultades perdemos tiempo en no identificar a las causas que son realmente nuestras y que podemos resolver a corto plazo.

-Lo mejor y lo peor de estos veinte años de democracia en la Argentina.

Lo mejor es que la inmensa mayoría argentina sigue queriendo que sigamos teniendo régimen democrático, que en estos veinte años han crecido muchísimas ONG y hubo manifestaciones casi épicas de solidaridad. Que las Fuerzas Armadas están bajo el dominio de la ley y que en la Argentina hay una mejor disposición a la autocrítica, al autoexamen, que antes. Esas serían las cosas buenas que hemos aprendido en estos veinte años.
Las cosas malas es que no aprendimos a combatir adecuadamente a la corrupción; a exigir a nuestra clase política eficiencia, imaginación, espíritu patriótico; que estamos anclados con ideologías arcaicas, seniles; y que todavía no tenemos una visión clara de cuáles son las cosas que se deben hacer para que la Argentina sea un país próspero, que crezca rápidamente, como lo están haciendo Irlanda o Nueva Zelanda, que son países a los cuales deberíamos imitar.

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

Twitter: @GabrielSalvia
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